Una frase corta con una enseñanza profundamente revolucionaria
Pocas palabras pronunciadas por Jesús han sido tan citadas, debatidas y, a la vez, tan mal comprendidas como la expresión “pon la otra mejilla”. Esta frase, breve pero poderosa, ha generado confusión tanto dentro como fuera del cristianismo. Algunos la han usado para justificar una pasividad extrema ante la injusticia; otros la consideran una enseñanza imposible de aplicar en la vida real.
Sin embargo, cuando nos detenemos a analizar el contexto bíblico, cultural e histórico en el que Jesús habló, descubrimos que esta enseñanza no promueve la cobardía ni la sumisión ciega, sino una forma radicalmente distinta de responder al mal: una respuesta que desarma al agresor sin convertirse en agresión.
El pasaje clave dice así:
“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo 5:39)
Para entender correctamente estas palabras, es necesario ir más allá de una lectura superficial.
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El contexto del Sermón del Monte: Una ética del Reino
Jesús pronuncia estas palabras en el marco del Sermón del Monte (Mateo 5–7), donde presenta los principios del Reino de Dios. En este sermón, Jesús no anula la Ley, sino que la lleva a su máxima expresión, apuntando no solo a las acciones externas, sino a las actitudes del corazón.
A lo largo del capítulo 5, Jesús repite una fórmula reveladora:
“Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…”
Con esto, Jesús no contradice la Ley de Moisés, sino que corrige las interpretaciones reduccionistas que los líderes religiosos habían hecho de ella. El problema no era la Ley, sino el uso legalista y vengativo que se había desarrollado en torno a ella.
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“Ojo por ojo”: Justicia limitada, no venganza
Antes de decir “pon la otra mejilla”, Jesús hace referencia implícita al principio de “ojo por ojo y diente por diente” (Éxodo 21:24). Este mandamiento, lejos de promover la violencia, tenía como propósito limitar la venganza. En una cultura donde una ofensa podía escalar fácilmente en represalias desproporcionadas, la Ley establecía un principio de justicia equitativa.
El problema surgió cuando este principio judicial fue trasladado al plano personal, convirtiéndose en una excusa para ajustar cuentas personales.
Jesús, entonces, eleva el estándar y enseña que el Reino de Dios no se construye sobre la represalia, sino sobre una justicia que rompe el ciclo del odio.
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¿Qué NO significa “poner la otra mejilla”?
Uno de los mayores errores al interpretar este pasaje es pensar que Jesús estaba enseñando:
- Que el cristiano debe permitir abusos físicos continuos
- Que no se debe denunciar la injusticia
- Que la fe cristiana promueve el pacifismo absoluto
- Que está mal defender la vida propia o ajena
Nada más lejos de la verdad.
Si esa hubiera sido la intención de Jesús, su propia conducta la habría contradicho, y la Escritura estaría llena de incoherencias.
Jesús ante la violencia: un ejemplo clave
El Evangelio de Juan nos ofrece una escena crucial para interpretar correctamente estas palabras:
“Uno de los alguaciles que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿Por qué me golpeas?” (Juan 18:22–23)
Aquí ocurre algo revelador:
- Jesús no devuelve el golpe
- Pero tampoco se queda en silencio
- No pone literalmente la otra mejilla
- Confronta la injusticia con verdad y dignidad
Esto demuestra que “pon la otra mejilla” no significa aceptar pasivamente el abuso, sino rechazar la lógica de la violencia sin renunciar a la verdad.
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La clave está en un detalle: La mejilla derecha
Jesús no habló al azar. Cada palabra suya tenía intención y profundidad. Él dijo explícitamente:
“…a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha…”
Surge entonces una pregunta crucial: ¿Por qué la mejilla derecha y no la izquierda? Este detalle es fundamental para comprender el verdadero significado de la enseñanza.
El golpe en la mejilla derecha: Un insulto, no un ataque
En el contexto cultural del mundo antiguo, la mayoría de las personas eran diestras. Si una persona diestra quería golpear violentamente a otra con el puño, el golpe caería naturalmente en la mejilla izquierda del oponente.
Entonces, ¿Cómo se golpea la mejilla derecha de alguien?. La respuesta es clara: con el dorso de la mano.
En la cultura judía y oriental antigua, golpear con el dorso de la mano era un insulto público, una forma de humillación, no un intento de causar daño físico grave. Era una manera de decir: “Eres inferior”, “no mereces respeto”.
Por lo tanto, Jesús no estaba hablando de agresiones físicas severas, sino de insultos personales, desprecio y humillación.
Una respuesta que rompe la dinámica del desprecio
Cuando Jesús dice “vuélvele también la otra”, no está diciendo: “permite que te sigan humillando”, sino algo mucho más profundo.
Al presentar la otra mejilla:
- El ofensor ya no puede golpear con el dorso de la mano
- Se ve obligado a tratar al otro como un igual
- Se rompe la dinámica de superioridad e inferioridad
- Se expone la injusticia sin recurrir a la violencia
Es una respuesta valiente, inteligente y profundamente espiritual.
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El Reino de Dios no responde como el mundo
Jesús nos enseña que el Reino de Dios opera bajo principios distintos a los del mundo. Mientras el mundo dice:
- “Devuélvele lo que te hizo”
- “No te dejes”
- “Haz valer tu orgullo”
Jesús dice:
- Renuncia a la venganza
- No permitas que el odio te controle
- Responde desde una identidad firme en Dios
Poner la otra mejilla no es un acto de debilidad, sino de dominio propio, y el dominio propio es fruto del Espíritu.
“Pon la otra mejilla” en la vida diaria: cómo vivir esta enseñanza hoy
Comprender el significado original de las palabras de Jesús es solo el primer paso. El verdadero desafío comienza cuando nos preguntamos: ¿Cómo se vive esto en la práctica? ¿Es posible aplicar esta enseñanza en un mundo marcado por la agresividad, la injusticia y el orgullo herido?
La respuesta es sí, pero no sin una transformación profunda del corazón.
Mansedumbre no es debilidad: Una confusión peligrosa
Uno de los errores más comunes dentro del cristianismo es confundir mansedumbre con pasividad. Sin embargo, bíblicamente hablando, la mansedumbre no es falta de carácter, sino fuerza bajo control.
Jesús mismo se describió como:
“Manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29)
Y, sin embargo, fue el mismo Jesús que:
- Confrontó a los fariseos con autoridad
- Denunció la hipocresía religiosa
- Expulsó a los mercaderes del templo
- Se mantuvo firme ante Pilato
La mansedumbre cristiana no evita el conflicto a toda costa, sino que rechaza la violencia, la venganza y el orgullo, optando por la verdad y el amor.
Responder sin vengarse: una batalla interna
Poner la otra mejilla no es principalmente un acto externo, sino una decisión interna. Es la renuncia voluntaria al deseo de devolver el daño recibido.
Cuando somos ofendidos, humillados o tratados injustamente, surge de manera natural el impulso de:
- Defender nuestro orgullo
- Responder con palabras hirientes
- Buscar “justicia” por nuestra propia mano
Jesús nos invita a algo distinto: no permitir que la ofensa gobierne nuestras reacciones. Esto no significa negar el dolor, sino decidir qué hacemos con él.
Pon la otra Mejilla: Ejemplos prácticos de hoy
Para muchos creyentes, esta enseñanza parece abstracta hasta que se aterriza en situaciones concretas.
1. En el ámbito familiar
Las ofensas más profundas suelen venir de las personas más cercanas. Un comentario hiriente, una desvalorización constante o una actitud de desprecio pueden convertirse en terreno fértil para el resentimiento.
Poner la otra mejilla aquí implica:
- No responder con la misma dureza
- Escoger el diálogo en lugar del ataque
- Romper el ciclo de palabras destructivas
- Responder con gracia sin negar la verdad
2. En la iglesia
Paradójicamente, muchos creyentes abandonan la congregación no por falta de fe, sino por heridas causadas por otros cristianos.
En este contexto, poner la otra mejilla significa:
- No devolver el chisme con más chisme
- No permitir que el orgullo rompa la comunión
- Buscar la reconciliación antes que la razón
- Entender que la iglesia es un hospital de pecadores, no un museo de santos
3. En el trabajo y la sociedad
Vivimos en una cultura donde el irrespeto y la agresividad se normalizan. Burlas, humillaciones públicas o abusos de autoridad son cada vez más comunes.
Aquí, poner la otra mejilla no implica tolerar la injusticia, sino:
- No responder con violencia verbal
- Mantener la integridad cuando otros no lo hacen
- Denunciar con sabiduría, no con odio
- Dejar que Dios sea el juez final
¿Hasta dónde llega esta enseñanza?
Una pregunta legítima es: ¿Significa esto que debemos permitir cualquier tipo de abuso? La respuesta bíblica es no. Jesús nunca llamó a sus seguidores a:
- Permanecer en relaciones abusivas
- Exponerse a peligro físico innecesario
- Silenciar el clamor por justicia
Poner la otra mejilla se refiere a insultos personales y ofensas al ego, no a situaciones de violencia sistemática o abuso continuo.
Incluso el apóstol Pablo, cuando fue golpeado injustamente, apeló a la ley romana (Hechos 22:25). Esto demuestra que buscar justicia legal no contradice la fe cristiana.
La cruz: la máxima expresión de “poner la otra mejilla”
Si queremos ver el significado más profundo de esta enseñanza, debemos mirar a la cruz.
Jesús:
- Fue insultado
- Fue escupido
- Fue humillado públicamente
- Fue acusado injustamente
Y, aun así:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34)
En la cruz, Jesús no fue débil; fue obediente. No perdió, venció. Su aparente derrota se convirtió en la victoria más grande de la historia.
Vencer el mal con el bien
El apóstol Pablo resume magistralmente esta enseñanza cuando escribe:
“No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:21)
Poner la otra mejilla es una forma de victoria espiritual. Es negarse a jugar el juego del enemigo. Es decir: “No permitiré que tu maldad me convierta en alguien que no soy”.
Una enseñanza contracultural y transformadora
El mensaje de Jesús sigue siendo profundamente contracultural. En una sociedad que glorifica la revancha, el cristiano es llamado a:
- Vivir desde una identidad firme en Cristo
- No reaccionar desde la herida, sino desde la fe
- Confiar en que Dios ve, Dios sabe y Dios hará justicia
Esto no es fácil, pero es posible cuando el corazón ha sido transformado por el Espíritu Santo.
Conclusión: una invitación a vivir desde el Reino
“Pon la otra mejilla” no es una orden imposible, sino una invitación a vivir de una manera distinta. No se trata de permitir el mal, sino de negarle el poder de definir nuestras respuestas.
Jesús nos llama a:
- Renunciar a la venganza
- Caminar en mansedumbre
- Responder con verdad y amor
- Reflejar el carácter del Reino de Dios
Cuando vivimos así, el mundo ve algo diferente. Ve una fe auténtica, una esperanza viva y un amor que no puede ser explicado solo con lógica humana.
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