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EL BAUTISMO DE NIÑOS


Por: Jorge E. Pino Valenzuela
Profesor de Hermenéutica Bíblica

BAUTISMO DE NIÑOS, LO QUE NOS DICE LA BIBLIA

Bautismo de niños en la Biblia

¿Es bíblico el bautismo de niños?


Y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. (Mateo 18:3-4) 

La nueva dispensación, o más bien, el nuevo pacto, señala una serie de actos que deben preceder al bautismo. Ya hemos visto algunos como el oír la Palabra de fe, el creer, el arrepentirse y el obedecer, además del compromiso adquirido de una nueva vida en Cristo Jesús (Romanos 6:4). Estos actos de obediencia y fe, son imposibles de realizar por un niño (un infante).

Bautismo de niños no es bíblico


En vista de que el bautismo es para el perdón de pecados (Hechos 2:38) entonces los niños no deben ser bautizados, ya que no tienen la completa capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo. 

Y vuestros niños, de los cuales dijisteis que servirían de botín, y vuestros hijos que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré, y ellos la heredarán. (Deuteronomio 1:39) 

Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. (Isaías 7:15). (También te invito a leer: Lavados con Sangre)

Dado que la culpa del pecado de un padre no es llevada por su hijo, queda descartada la posibilidad de esta herencia de pecado. (Te invito a leer: La Importancia del Nombre en el Bautismo)

El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él (Ezequiel 18:20). 

Jesús declaró que el Reino de los cielos les pertenece a los que son como niños (Mateo 19:14). 

Las Escrituras que se usan para referirse al “pecado original” en niños, por lo general son mal interpretadas. El salmo 51:5 se traduce literalmente de la siguiente manera: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”.

Aquí, David se está refiriendo a que él heredó de sus padres una naturaleza caída y con tendencia al pecado, pero no que fuera culpable del pecado de sus padres, o que él llevara sobre sí los pecados de Adán y Eva. Esto es respaldado por las siguientes Escrituras:

Ezequiel 18:20. El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él. 

El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace. (Santiago 4:17 RV1865)

¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.

Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. 

(También te puede interesar: La unicidad de Dios)

¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. (Rom 7:7-13)

Es un error pensar que LA CULPA de Adán y Eva recae sobre cada ser humano que nace. Es muy diferente hablar de LAS CONSECUENCIAS. 

Efectivamente son las consecuencias del pecado de Adán y Eva las que alcanzaron a TODOS LOS HOMBRES al transmitirnos una naturaleza pecadora, sujeta a las pasiones de la carne. Sin embargo, la culpa por la desobediencia de los primeros seres humanos, es propia de ellos.

Los resultados que produjo el pecado de Adán y Eva fueron: la muerte, el dolor en los nacimientos, una tierra que fue maldecida, y el conocimiento del bien y del mal (Génesis 3.1– 22); pero no es parte de tales resultados la culpa heredada. 

De hecho, la Palabra de Dios indica que cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo. Porque es menester que todos nosotros comparezcamos delante del tribunal de Cristo; para que cada uno reciba las cosas hechas en su cuerpo, según lo que hubiere hecho, sea bueno, o sea malo. (2Corintios 5:10 RV1865) 

El conocimiento del bien y del mal, tampoco es causa de corrupción en el hombre, pues de ser así Dios y sus siervos celestiales también estarían bajo corrupción. En Génesis 3:22 se recoge que Dios dice: “El hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal”.

Es la naturaleza caída del hombre, lo que lo lleva cautivo al pecado. Por la mala administración de su conocimiento, el hombre cae en falta delante de Dios. Dado que es incapaz de obedecer en todo a Dios, se hace culpable de todo delante de Él.

Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. (Santiago 2:10) 

Dios NO da un espíritu corrupto a los niños cuando nacen. Siendo él, el Padre de los Espíritus (Hebreos 12:9) y quien provee de espíritu a cada ser humano (Eclesiastés 12:7) es imposible que este espíritu sea corrupto, pues Dios no es el origen del mal. 

Lo que hallé fue sólo esto: que Dios hizo recto al hombre, mas ellos se buscaron muchas perversiones (Eclesiastés 7:29 N-C). 

Y tal vez lo más importante: en la Biblia no se encuentra un precedente para el bautismo de infantes. Los bautismos de familias no enseñan tal cosa, pues los que creían y se bautizaban eran “hombres y mujeres” (Hechos 8.12), siendo la anterior una frase que no incluye a los infantes

La palabra “casa”, tal como se usa en la Biblia, no incluye necesariamente a los niños. Note cómo José dejó alimentos para el pueblo y les dijo con las siguientes palabras que tal alimento era: “para vuestro mantenimiento, y de los que están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños” (Génesis 47:24). 

En cada caso en el que la palabra “casa” se refiere a un grupo de personas, es el contexto el nos indica si los infantes están o no incluidos. 

Lo mismo se puede decir en referencia a lo que se conoce como conversiones de familias: 

1) La casa de Israel (Hechos 2:36) aprendió por boca de Pedro (Hechos 2:14–36), preguntando qué debía hacer (Hechos 2:37). Se le dijo que debía arrepentirse y ser bautizada para el perdón de los pecados (Hechos 2:38), entonces recibió la palabra y fue bautizada.

Los infantes no tienen una conciencia plena del pecado, por lo cual no pudieron haber llegado a un arrepentimiento genuino, y por ende, no pudieron haber respondido según los requerimientos de este pasaje. Así que los niños, no pudieron haber sido incluidos en el bautismo de Hechos 2:41. 

2) La casa de Cornelio era temerosa de Dios (Hechos 10:2), estuvo presente oyendo el mensaje (Hechos 10:33), recibió la Palabra (Hechos 11:1), habló en lenguas (Hechos 10:44–46), y se le mandó que se bautizara (Hechos 10:48). Los infantes presentes allí, no podían tener una fe plenamente consciente de todo el mensaje predicado por Pedro, por lo tanto no tenían la capacidad mental para decidirse por sí mismos de tomar la decisión de ser bautizados. 

3) A las personas que estaban en la casa de Lidia se les refiere como “su familia”, y ella misma habla de: “mi casa” (Hechos 16:15), lo cual sugiere que no tenía esposo, pues de otro modo hubiera dicho “nuestra casa”. No hay prueba de que ella fuera casada o de que tuviera niños.

4) Pablo les habló la palabra del Señor a todos los que estaban en la casa del carcelero de Filipos (Hechos 16:32). Después de que ellos creyeron fueron bautizados, y se regocijaron de haber creído a Dios (Hechos 16:34). Los infantes no tienen una capacidad mental plena para creer. 

5) Crispo y toda su casa creyó en el Señor (Hechos 18:8). Los infantes no tienen la capacidad plena de creer en el Señor, de modo que ellos no están incluidos dentro de los que fueron bautizados de la casa de Crispo (1 Corintios 1:14). 

3) Pablo bautizó a la casa de Estéfanas (1 Corintios 1:16). Esta casa también ministraba a los cristianos (1 Corintios 16:15), una actividad que sería imposible de llevar a cabo por parte de infantes. 

El argumento que intenta justificar el bautismo de infantes, y que se basa en los bautismos de familias, deja mucho a la imaginación. El bautismo de infantes no cumple con los requisitos del bautismo del nuevo pacto, pues los infantes no tienen capacidad plena de arrepentirse y creer (Hechos 2:38; 22:16), y por lo tanto, no son capaces de cumplir con los requisitos previos a este bautismo.