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LOS BENEFICIOS DE LA SABIDURÍA


PREDICA SOBRE LA SABIDURÍA

Los beneficios de la sabiduria

Sermón sobre la sabiduría


La vida bien ordenada es el resultado de la confianza en Dios y de la obediencia a su palabra. La vida de confusión y desilusión es el resultado de la excesiva confianza en sí mismo y del abandono espiritual. 

La decisión es clara, y cada uno debe decidir por sí mismo. O bien se volverá a Dios a fin de vivir según los principios divinos, o confiará en su propia sabiduría y seguirá los caprichos y deseos de su propio espíritu.



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Salomón comprendió las consecuencias de su decisión. En el libro de los proverbios señala que la sabiduría reside en Dios y solo aquel que acepta esta verdad y vive según ella, gozará de una vida llena de bendiciones. 

Solamente una parte de los tres mil proverbios dichos por Salomón (1 Reyes 4:32) está anotada en este libro. Los que figuran aquí fueron escogidos bajo la dirección del Espíritu Santo para darles sagacidad (prudencia, buen sentido) a los sencillos (a los que no tienen experiencia), y a los jóvenes, inteligencia y cordura (Proverbios 1:4). 

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Estudiar los proverbios nos ayudará a entender que se trata de una colección de dichos breves y muy expresivos, escritos en poesía. Por lo general, están escritos en estrofas de dos versos, en el estilo poético oriental llamado “paralelismo”. En la mayoría de los casos, la segunda línea fortalece o intensifica a la primera mediante el contraste, la comparación, la repetición o la extensión del pensamiento (Ocasionalmente, el pensamiento continúa durante cuatro, seis u ocho líneas más). 

En general, la sabiduría del libro de los Proverbios es práctica, y fundamentada en valores espirituales. Comienza por el temor (temor piadoso, confianza y obediencia reverencial) de Jehová (Proverbios 1:7; 9:10; 15:33), un temor en virtud del cual el hombre odia el mal y se aparta de él (Proverbios 8:13; 16:6). 

No se trata de una sabiduría “libresca”, puesto que da resultado solamente cuando se pone en práctica en sujeción a Dios. A través de sus páginas, el libro de los Proverbios nos alienta no solamente a buscar la sabiduría, sino también a ponerla en práctica y andar por sus caminos. 

I. Larga Vida, Paz y Entendimiento (Proverbios 3:1-4) 


Las bendiciones de la obediencia (Proverbios 3:1-2) 


Salomón, hablando como vocero del Señor, le llama al lector o estudiante “hijo mío”, y manifiesta en forma inequívoca que la sabiduría y los beneficios llegan a nosotros en realidad gracias a la obediencia a la palabra de Dios. (Quizás desees leer: La Disciplina, Un Muro que nos Protege de los Problemas)

Inspirado en una preocupación de tipo personal, nos insta a no olvidar las enseñanzas de nuestros padres. Los profetas posteriores le advirtieron al pueblo que tal olvido voluntario solamente podría provocar el juicio de Dios (Oseas 4:6; 8:12); sin embargo no se presenta aquí un mandamiento severo, sino una exhortación tierna y compasiva con la intensión de que el hombre reclame para sí las promesas de Dios. 

Aquellos que guardan los mandamientos hallarán “largura de días y años de vida”, y “paz”, que les será “aumentada” (Lea Proverbios 4:13; 20-22). La paz a que se hace referencia aquí es de muchísima importancia. 

Se les promete no solamente larga vida, sino también abundante (Juan 10:10), a todos aquellos que preparan su corazón para obedecer la palabra de Dios inspirados por su amor hacia Él (Esdras 7:10; Salmo 119:11; Juan 14:15, 23, 26, 27)

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Cómo Alcanzar Entendimiento (Proverbios 3:3-4) 


La sabiduría se manifiesta acompañada constantemente por la misericordia (amor fiel que guarda los pactos), y la verdad. Estas son las características de nuestro Padre (Éxodo 34:6; Salmo 86:15; 138:2). 

Desplegar estas virtudes es mucho mejor que ostentar joyas en el cuello. No es suficiente tampoco ejercer estas virtudes de una vez en cuando. Deben estar cinceladas profundamente en nuestro corazón a fin de que guíen nuestra conducta. Jacob le pidió a José que le demostrara ese mismo amor y esa fidelidad (Génesis 47:29), y por lo tanto, esas cualidades deben caracterizar todas nuestras relaciones de familia. 

Los dos espías que Josué envió a Jericó le prometieron lo mismo a Rahab, después de que ella les salvara la vida (Josué 2:14). Y así lo hizo ella porque estaba dispuesta a creer y a confiar en el señor. ¡Qué maravilloso sería si este amor tierno y misericordioso distinguiera nuestras relaciones con nuestros amigos y nuestros hermanos! 

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Con estar virtudes atesoradas en nuestro corazón y atadas a nuestro cuello, o sea, tanto en nuestra realidad interna como en la externa, no podremos menos que hallar favor y buena opinión a los ojos de Dios y de los hombres. Así fue en el caso de José en Egipto (Génesis 39:2-4; 41:36-43). 

Estas cualidades caracterizaron a Jesús mientras crecía (Lucas 2:52), y distinguieron a la iglesia primitiva (Hechos 2:44-47). Pueden ser nuestras en la actualidad si participamos de la gracia y la verdad que proceden del señor Jesucristo (Juan 1:17). 

II. Orientación, Salud y Prosperidad 


La Senda que Conduce al éxito (Proverbios 3:5-6) 


Este pasaje ha ayudado a muchos hijos de Dios a caminar por la senda del éxito en su vida cristiana. Pide una confianza en Jehová que es mayor que la confianza en su providencia, en sus promesas e incluso en su gracia. Es la confianza en Dios mismo. Por ser el Dios que es, le confiamos todo. Nos ponemos incondicionalmente en sus manos. 

Esto significa que no podemos apoyarnos en nuestro propio entendimiento. Es una necedad depositar la confianza en nosotros mismos, en vez de depositarla en Dios (Proverbios 28:26; Isaías 47:10) y conduce a la ruina. 

Eva confió en su propia prudencia después de haber escuchado la voz de Satanás, y esa conducta provocó la caída del hombre (Génesis 3:6). Apoyarse en sí mismo y no en Dios es lo mismo que apartarse de Él (Jeremías 17:5). 

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Si confiamos en el Señor, vamos a querer conocerlo mediante su palabra, en una forma personal. En realidad, cuanto más lo conocemos, tanto más confiamos en Él, y cuanto más confiamos en Él, tanto más aprendemos de Él. 

Esto comprende también la adoración. Abraham edificó altares para la adoración pública en todos los lugares a donde fue dirigido por la voluntad de Dios. Como resultado de ello, Dios dirigió sus pasos y guió a sus siervos, que por medio de su testimonio habían llegado a confiar en él (Génesis 24:27,48). 

Así como debemos confiar en Dios con todo nuestro corazón, debemos también tratar de conocerlo en todos nuestros caminos. De esta manera será Él quien dirigirá nuestros pasos. 

Todavía andamos por la senda angosta (Mateo 7:14), pero es una carretera que avanza en la dirección correcta y es el camino que Dios prepara personalmente para cada uno de nosotros. Constituye también un contraste en relación con los tortuosos caminos del pecado. Dios no nos lleva al cielo por un camino tortuoso. 

La Sanidad del Cuerpo (Proverbios 3:7-8) 


El hombre verdaderamente sabio no se regocija en su sabiduría, sino en su conocimiento del Señor (Jeremías 9:23-24). En realidad no debemos considerarnos sabios nunca. Más bien, debemos ocupar un lugar humilde, temer al Señor y abandonar el mal que antes habíamos practicado (Romanos 12:3; Gálatas 6:3; 1 Corintios 8:2). 

El resultado será medicina o salud para nuestro cuerpo. En la expresión “refrigerio para tus huesos”, el vocablo “huesos” es una parte que representa el todo. El pecado provoca la enfermedad del cuerpo, y también la del alma. Dios nos proporciona salud o sanidad para ambos. 

La Verdadera Mayordomía (Proverbios 3:9-10) 


Aquellos que viven temiendo al futuro, no pueden confiar en realidad en el Señor ni pueden glorificarlo tampoco. Por otra parte, si confiamos en el Señor, lo glorificaremos, no solamente mediante nuestras palabras, sino también con nuestros bienes y nuestros primeros frutos de nuestros ingresos. 

Esto representa algo que más que darle solamente el primer lugar. Significa que le damos todo. Los primeros frutos se le ofrecían al Señor como prueba de que todo le pertenecía. La tierra era suya (Levíticos 25:23). Ellos mismos eran propiedad suya también (Éxodo 19:5). 

Él había pagado el precio para redimirlos, y los primeros frutos eran un reconocimiento de su redención (Éxodo 13:12; Deuteronomio 26:1-10). Los primeros frutos se le entregaban por gratitud al Señor, y no con un espíritu egoísta y comercial. 

Nosotros también le pertenecemos (1 Pedro 2:9-10). Él ha pagado el precio total y nos ha redimido, y espera que nosotros lo glorifiquemos en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, los cuales son de Él (1 Corintios 6:19-20). De esta forma reconoceremos que nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. 

El resultado de esta mayordomía será que recibiremos gran abundancia: los graneros estarán llenos y los lagares rebosarán de mosto. 

III. Felicidad y Seguridad (Proverbios 3:13-26) 


Las Bendiciones de la Sabiduría (Proverbios 3:13-18) 


Feliz el hombre que haya la sabiduría y obtiene inteligencia, porque los beneficios de la sabiduría son mejores que el oro o la plata. 

Los versículos 13 al 18 personifican a la sabiduría como una valiosa amiga, más preciosa que los rubíes. Ella es fuente de larga vida, riqueza y honor. Sus caminos son deleitosos y sus sendas conducen a la paz (salud y bienestar). Ella es el árbol de la vida (proporciona frutos para que haya continuidad de vida y de salud), para aquellos que la retienen. 

Algunos escritores afirman que la personificación de la sabiduría, tal como se nos presenta en el libro de los proverbios, implica una influencia griega y que por lo tanto, la fecha en que fue escrito el libro es posterior a Salomón; Sin embargo, el famoso comentarista Merrill Unger señala pruebas arqueológicas de que este tipo de literatura sapiencial era bien conocida en la época de Salomón. 

Los proverbios de un escritor egipcio llamado Amenemope (que escribió entre los años 1000-600 A.C) demuestra que era muy abundante este tipo de literatura sapiencial. Añade que la literatura de proverbios es muy antigua y se remonta a una fecha cercana al año 2700 A.C. en Egipto. 

Los hebreos le daban a sus dichos o comparaciones proverbiales el nombre de “mashal”, tomado de una raíz etimológica que significa “representación o semejanza”. El comentarista Merrill Unger sugiere también que hay una raíz etimológica que significa “reinar o gobernar”, y que haría referencia a un dicho que regula o gobierna la conducta y la vida 

La Confianza en Jehová (Proverbios 3:19-26) 


Este pasaje comienza y termina llamando la atención sobre Jehová. La sabiduría que necesitamos es en realidad la sabiduría divina. Él la manifestó en la creación cuando fundó la tierra y los cielos, la sigue demostrando, puesto que por su ciencia y sabiduría manan las fuentes de agua. (Esta es una figura literaria para representar a los manantiales de agua en los valles secos de Canaan: Deuteronomio 8:7). 

Hay muchas promesas para aquellos que no apartan sus ojos de la sabiduría (la buscan), y guardan el consejo sabio (es decir, la capacidad para llevar a cabo propósitos y planes). Estas promesas brindan una plenitud de vida y de bendiciones que es superior a la que podría conseguirse mediante los adornos externos. 

Podemos transitar así por el camino de la vida seguros y sin tropezar. Podemos acostar sin temor y disfrutar de un sueño reparador (Salmo 127:2). El que le da seguridad a estas promesas es Dios mismo. Él es nuestra confianza (Deuteronomio 33:27). Vendrá el temor repentino y también la desolación, pero podemos acudir al Señor, que es nuestro refugio (Lucas 21:28). Ni aún permitirá que nuestro pie caiga en la trampa del enemigo.