ÁRBOL DE JUSTICIA: EL HOMBRE CARNAL O VENCEDOR (LECCIÓN 6)

EL HOMBRE CARNAL O EL VENCEDOR

Características del Hombre Carnal Según la Biblia

Puedes leer la lección anterior: El Hombre Nacido de Nuevo II (Lección 5)

Repase la lección anterior con las siguientes preguntas:

a) ¿Qué significa la palabra pentecostés? (50 días después de la pascua)

b) ¿Para qué es el Espíritu Santo? (Para consolar, para guiar, para enseñar)

c) Mencione por lo menos cuatro ejemplos de personas que hablaron en lenguas cuando recibieron el Espíritu Santo (Los apóstoles, María la madre de Jesús, los Samaritanos, Cornelio, los discípulos de Efeso, el apóstol Pablo)

d) ¿Cómo supo Pedro que los gentiles de la casa de Cornelio habían recibido el Espíritu Santo? (Porque los oyó hablar en lenguas en Hechos 10:46)

El propósito de la lección es demostrar la diferencia entre el hombre carnal y el hombre vencedor.

Introducción

En esta lección usted presentará dos hombres (árboles) o estados en los cuales se puede convertir el hombre nacido de nuevo. El primero que estudiaremos es el hombre CARNAL. El segundo es el HOMBRE VENCEDOR

El hombre carnal cubre el lado negativo, o sea, los descuidos en la vida cristiana después de haber nacido de nuevo. El hombre vencedor trata con el lado positivo, o sea, las victorias que disfruta el hombre nacido de nuevo cuando vence los deseos de la carne. 

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Trataremos con los aspectos negativos primero, para poder terminar la lección en una nota positiva. Aunque tal vez a estas alturas sus estudiantes todavía no se han convertido y bautizado, deben saber que la vida cristiana será una lucha. Una de dos, vivirán en la carne y se harán carnales, o vivirán en el Espíritu. Ambas tienen sus consecuencias.

EL HOMBRE CARNAL 

Refiérase al árbol marcado hombre carnal al lado izquierdo de una cartulina. Explique que después de arrepentidos y nacidos de nuevo, si no cultivamos correctamente la vida cristiana, uno se puede convertir en el hombre carnal.

¿Cómo sucede esto? Cuando nos convertimos al Señor, no dejamos de ser humanos. Seguiremos teniendo luchas, tentaciones y pruebas, ahora más que nunca. Después de unas semanas, meses y hasta años, el descuido y negligencia espiritual dará lugar a que la carne comience a gobernar al hombre. 

Se pueden olvidar que Dios dio. Otras cosas pueden comenzar a tomar prioridad en la vida. Así como un jardín se debe cultivar, limpiar y mantener, así la vida cristiana necesita el cuidado, mantenimiento y cultivo espiritual.

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Indique que del tronco del árbol o de nuestra naturaleza vieja, pueden surgir los antiguos deseos de la carne. Estos brotan de por sí y deben ser cortados con la espada de la palabra de Dios lo más pronto posible. Si no se cortan, comenzarán a robarle fuerza al hombre nacido de nuevo. Aquí está la lucha entre la carne y el espíritu. 

¿Cuáles son estas pasiones que brotan para robar la fuerza espiritual? Investiguemos algunas: (mencionaremos entre otras cosas algunos deseos que se encuentran en Gálatas 5:19-21, fruto que produce el hombre animal)

ALGUNOS FRUTOS CARNALES

Celos: Inquietud de la persona que teme que aquella a quien ama de la preferencia a otra. No solo existen celos de la persona, sino del tiempo. Algunos celan el tiempo, devoción y cariño que se da a la iglesia y a Dios.

La crítica: Censurar, decir un juicio desfavorable de una persona o cosa. Murmurar o analizar los defectos de otros. Las personas deben saber que en la iglesia puede haber de todo. Existen hermanos buenos, sinceros, trabajadores y honrados y también existe lo opuesto. 

Si ellos fijan su mirada en los hermanos, el ministerio y el pastor sin duda encontrarán faltas y defectos. Animelos a mantener su mirada en el Señor Jesucristo. Él sí es perfecto en todo. Enséñeles a tolerar las faltas y errores de otros, ya que todos cometemos errores.

Explíqueles que es posible que, como parte de su formación cristiana, Dios permita que ellos sean ofendidos, ignorados y tal vez hasta maltratados por alguien.  Se debe abstener de toda crítica, aprendiendo a ser sufridos como lo fue Cristo. Deben de saber que donde existe la gente, habrá problemas. La única manera de eliminar los problemas es eliminando la gente y eso es imposible. 

El orgullo: Exceso de estimación propia, presunción, vanidad. La carne y el diablo son muy astutos. En ocasiones el hombre llega a Dios sin bendiciones espirituales, materiales, familiares, econímicas, etc. 

Cuando uno vive bajo los principios bíblicos, Dios comenzará a bendecir en todos los aspectos. Cuando eso suceda, el hombre debe mantener su compostura, dando gracias y gloria a Dios porque Él es quién nos ha bendecido. 

El pecado: Hecho, dicho, deseo, pensamiento u omisión contra la ley divina. Los antiguos hábitos tratarán de surgir de nuestra vida.  Si el hombre no está bien muerto o arrepentido, volverá a desear aquellas cosas de las cuales era esclavo. 

Ausentes de la iglesia: Asistir a los cultos de adoración, predicación y oración es indispensable para mantener una vida espiritual fuerte y sana. La Biblia nos advierte: «No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándolos y tanto más cuando veis que aquel día se acerca» (Hebreos 10:25).

En los cultos de predicación se alimenta el hombre interior con la palabra de Dios. Así como el cuerpo físico necesita el alimento para sobrevivir, el espíritu del hombre debe ser alimentado con palabra de Dios. 

Cuando una madre sirve la mesa para alimentar a su familia, ella espera que se alleguen todos a comer. Si uno de sus hijos falta una y otra vez, ella inmediatamente se da cuenta que algo está mal. Una de dos, está enfermo, y no puede comer o se está alimentando en otro lugar. 

El pastor también se da cuenta cuando los hermanos dejan sus congregaciones. También pueden estar espiritualmente enfermos o se están alimentando en otro lugar.

Placeres del mundo: Existen costumbres, placeres y hábitat que el mundo ofrece que no convienen a los cristianos. El hombre carnal se deja llevar por sus pasiones, dando gusto a su carne. Algunos de estos lugares o placeres son en contra de la ley espiritual. 

 Se toca música mundana, se tienen pláticas, recreos que no convienen. Si el cristiano no está alerta a estas cosas, ellas ahogan la vida espiritual robando el brillo y fuerza de la experiencia de haber nacido de nuevo. 

Amor al mundo: El texto en Santiago 4:4 nos muestra las serias consecuencias de amar al mundo: «¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera pues, que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios».

Aunque vivimos en el mundo no somos de este mundo. Usamos las cosas necesarias, pero no nos enamoramos de casas, vehículos, empleos, cuentas bancarias, y otras cosas. El que ama al mundo, será enemigo de Dios. Este mundo no nos ama ni a nosotros ni a Dios. Es mejor ser enemigo del mundo y sus concupiscencias que enemigo de Dios. 

La palabra dice: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Juan 2:15-17)

Las cosas materiales que poseemos o llegaremos a poseer, son bendiciones del Dios que sabe dar y quitar. Pablo asumió la postura correcta cuando dijo: «No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia, en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:11-13)

Amando la frivolidad: Ligereza, superficialidad, falta de seriedad, futilidad. Las cosas de Dios merecen toda la seriedad y respeto. Todo lo que se hace para Él, debe ser hecho con excelencia, seriedad y dignidad. El hombre carnal no le da seriedad a las cosas de Dios. 

Divisiones en la iglesia: «De manera que yo, hermanos, no puedo hablaros como a niños en Cristo. Os di a beber leche y no vianda; porque aún no eráis capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿No sois carnales y andáis como hombres? (1 Corintios 1:3)

Otras cosas que usted pudiera mencionar:

Falta de oración

Falta de ayuno

Falta de lectura bíblica

Falta de obediencia.

Comente que en el próximo estudio hablaremos de las tristes consecuencias del que permanece en el estado carnal. Señale en una cartulina como se debilita el hombre espiritual cuando no se cortan las pasiones carnales después de nacer de nuevo.

EL HOMBRE VENCEDOR. 

La única diferencia entre el hombre carnal y el hombre vencedor es que el vencedor toma la palabra de Dios y corta las pasiones carnales con la misma espada que originalmente hizo la obra transformándolo del hombre animal arrepentido. Contiene el mismo filo y poder para destruir los retoños que salen.

Tanto el hombre carnal como el vencedor luchan con las pasiones que brotan como resultado de nuestra humanidad. Todos estamos expuestos a esto. Aún los profetas que hacían milagros batallaban. 

Elías fue un hombre vencedor. Santiago 5:17-19 dice: «Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto»

A lo contrario del carnal, cuando el hombre se siente vencedor hace lo siguiente:

a) Siente celo: Vence esto poniendo todo en las manos de Dios

b) Se ve movido a criticar: Ora por otros considerándose a sí mismo.

c) Siente enorgullecerse: Se humilla ante Dios para recibir gracias. 

d) Desea pecar: Clama a la sangre y al poder de Cristo que lo guarda. 

e) No siente asistir al culto: Considera su necesidad y agradecimiento a Dios. 

f) Es atraído por el mundo: Recuerda que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios.

g) Siente tibieza espiritual: Busca el refugio del Espíritu Santo

h) No siente orar: Ora hasta que se comunica con su Dios

i) No siente ayunar: Sacrifica la carne y da un tiempo de consagración a Dios. 

j) No siente leer la Biblia: La lee hasta recobrar fuerza espiritual

k) No siente obedecer: Recuerda que el obedecer es mejor que los sacrificios. 

La Biblia contiene muchas promesas para el que vence. Al final de los mensajes a las siete iglesias de Asia Menor, vemos las promesas dadas a los que vencieren:

a) «Al que venciere le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios» (Apocalipsis 2:7)

b) «El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte» (Apocalipsis 2:11)

c) «Al que venciere daré de comer del maná escondido y le daré una piedrecita blanca y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe» (Apocalipsis 2:17)

d) «Al que venciere y guardare sus obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones y las regirá con vara de hierro y serán quebradas como vaso de alfarero, como yo también la he recibido de mi padre y le daré la estrella de la mañana» (Revelación 2:27-28)

e) «El que venciere será vestido de vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles» (Apocalipsis 3:5) 

f) «Al que venciere yo lo haré columna en el templo de mi Dios y nunca más saldrá de allí y escribiré sobre él, el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de mi Dios y mi nombre nuevo» (Apocalipsis 3:12)

g) «Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono» (Apocalipsis 3:21)

CONCLUSIÓN

La continua lucha entre la carne y el espíritu se puede ilustrar con la siguiente anécdota:

Un hombre tenía dos perros, uno blanco y el otro negro. Cuando los ponía a pelear ni uno ni el otro ganaba porque eran iguales de tamaño y fuerza. Sin embargo, el hombre les decía a sus amigos: «El viernes, vengan para que vean al perro negro ganar»

El día señalado llegaban los amigos y de hecho ganaba el de color negro. El hombre los invitaba para el siguiente viernes para que en ese día miraran al perro blanco ganar. Sucedía que el blanco ganaba. Por fin uno le preguntó: ¿Cómo sabes cuál ganará, si están del mismo tamaño y fuerza? a lo que contestó: «Cuando quiero que gane el negro, toda la semana lo alimento bien sin alimentar al blanco. De la misma manera cuando quiero que gane el blanco, lo alimento y no alimento al negro. 

Lo mismo puede suceder con el hombre carnal y espiritual. Si deseamos que venza el espíritu, alimentemos al espíritu con oración, palabra, meditación y adoración sin alimentar los deseos de la carne. 

Si alimentamos la carne y no al espíritu, el hombre carnal será fuerte y vencerá al espíritu: «Digo pues: Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis» (Gálatas 5:16)

Despida con una oración ferviente.

Entregue los folletos de repaso.

Recuérdeles que la próxima semana se dará la última lección del guía. 

Sin embargo, si desean un repaso, o tienen preguntas adicionales, sería bueno seguirlos visitando hasta que se conviertan.

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