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LLAMARÁS SU NOMBRE JESÚS


Por: David K. Bernard

"Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21)

LA IMPORTANCIA DEL NOMBRE DE JESÚS

El nombre de Jesús

Antes que el hijo de Dios naciera, un ángel reveló a José el nombre por el cual él debería ser llamado, Jesús. Dios escogió ese nombre para revelarse en carne como salvador, porque el nombre Jesús literalmente sifnifica "Jehová-Salvador", "Jehová nuestro Salvador", o "Jehová es Salvación".

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Cristo cumplió el significado de su nombre como ningún otro hombre pudo, porque Él era Dios manifestado en carne para redimirnos. El mensaje profético de Isaías 7:14 dijo que el nombre del Mesías se llamaría Emmanuel que significa "Dios con nosotros", y el nombre de Jesús literalmente cumple ese significado (Mateo 1:21-23)

Cuando nosotros contemplamos estos dos componentes del nombre de Jesús, encontramos que Jehová corresponde a Dios, y salvador corresponde a "con nosotros" (con el propósito de la salvación)

Jehová (Yaweh) era el único nombre personal por el cual el único Dios verdadero se identificó a su pueblo en el antiguo testamento y de esa manera se distinguió de los dioses falsos. "Yo Jehová; este es mi nombre" (Isaías 42:8). En hebreo ese nombre se deriva del verbo ser, y significa "Él es", o "Él será". Como tal, es el equivalente de la tercera persona del nombre que Dios usó para revelarse a Moisés. "Yo soy" (Éxodo 3:14). La connotación de este nombre- Johová o Yo soy- es el auto-esxistente, el Eeterno, El que es y que siempre será.

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Incorporando el nombre supremo de Jehová en el antiguo testamento, el nombre Jesús abarca todo lo que el testamento revela sobre Dios. Además, proclama la verdad esencial del antiguo testamento de que el propio Dios se ha vuelto nuestro salvador.

Ver y conocer a Jesús, es ver y conocer al Dios mismo, el Padre, de la única manera que Dios puede verse y conocerse totalmente. Jesús dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí...El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Juan 14:6,9)


El nombre de Jesús es la revelación suprema del carácter de Dios, porque Jesús manifestó perfectamente la naturaleza divina y sus atributos, incluyendo la santidad, la rectitud, la misericordia, la verdad, el amor, la justicia, la omnisciencia, y la omnipotencia. 

Por ejemplo, el antiguo testamento proclama el amor de Dios, pero solo por la revelación de Dios en Cristo es que nosotros comprendemos las profundidades del amor de Dios: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito" (Juan 3:16)

"Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8). En Cristo, Dios demostró su amor en una medida mayor que nunca antes: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13)

El nombre de Jesús está investido con todo el poder y la autoridad divina sobre la naturaleza, la enfermedad, la muerte, el diablo y los demonios, y sobre el pecado, en otras palabras, sobre toda fuerza que puede afligir o puede conquistar a la humanidad. "Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él" (Hechos 2:22)

Las enseñanzas de Jesús revelaron igualmente su autoridad divina. "La gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas" (Mateo 7:28-29). Incluso los funcionarios enviados para arrestarlo en una ocasión confesaron: "¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! (Juan 7:46)

Las obras y las palabras de Jesús realmente eran las obras y palabras del Padre, quien se había encarnado en el Hijo (Juan 5:17; 8:28; 10:30; 37-38) "¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras" (Juan 14:10)

El nombre de Jesús también representa la misma presencia de Dios. "Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20). En Jesús nosotros tenemos la llenura del Espíritu de Dios, "Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él" (Colosenses 2:9-10)

Conocer el nombre de Jesús es conocer la revelación suprema de Dios en la historia de la humanidad. Por esta razón, los apóstoles entendieron que el mandamiento de Cristo de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (es decir, en el nombre de Dios) era una referencia al nombre supremo singular que revela a Dios en la redención-el nombre de Jesús. El libro de los Hechos de los Apóstoles demuestra que todos los bautismos en agua siempre se realizaron en el nombre de Jesucristo. 

Por consiguiente, los santos tienen el nombre de Jesús invocado sobre ellos y son llamados por su nombre (Hechos 15:17; Santiago 2:7). No solo es ese nombre invocado sobre ellos durante el acto inicial del bautismo de agua, sino que permanece con ellos para darles el poder y la autoridad que viene de la presencia de Jesucristo que mora y activamente obra diariamente en sus vidas. 

Orar en el nombre de Jesús expresa fe en su carácter divino (amor, compasión, y deseo de ayudar), poder (habilidad para ayudar), autoridad (derecho para ayudar), y presencia (atención inmediata y disponibilidad para ayudar)

Pero el nombre de Jesús no es una fórmula mágica; la oración solo es eficaz si nosotros tenemos fe y pleno conocimiento de aquel a quien el nombre representa (Hechos 3:16; 10:43). Como los hijos de Esceva aprendieron, el diblo huye de Jesús, pero no de aquellos que solamente profesan a Jesús verbalmente (Hechos 19:13-17)

NUESTRA RESPUESTA A LA REVELACIÓN DEL NOMBRE


¿Cómo debe ser nuestra respuesta a la revelación maravillosa del nombre de Jesús, una revelación que enfoca en la encarnación del verbo de Dios?

Primero, reconocemos que la salvación y la vida eterna vienen por la fe en el nombre de Jesús (Juan 20:31) Después de arrepentirnos recibimos remisión de pecados en el bautismo de agua en el nombre de Jesucristo (Lucas 24:47; Hechos 2:38); y el proceso de la conversión se completa cuando recibimos el Espíritu Santo a través del nombre de Jesús (Juan 14:26; Hechos 2:38)

En segundo lugar, nosotros podemos recibir todo lo que necesitamos para vivir para Dios a través del nombre de Jesús, incluso poder sobre Satanás, sanidad divina, y protección divina (Marcos 16:17-18). Podemos orar confiadamente en el nombre de Jesús, invocando su carácter, su poder, su autoridad, y su presencia. Jesús prometió, "Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré" (Juan 14:14)

Finalmente, nosotros debemos caminar como es digno del nombre que llevamos. La iglesia apostólica se regocijó de ser tenida por digna de padecer afrenta por causa del nombre de Jesús (Hechos 5:40-42). Nosotros también estamos dispuestos a sufrir persecución, oposición y reproche por el nombre de Jesús. Nosotros deberíamos vivir vidas separadas y piadosas, vidas que proclamen el evangelio entero a todo el mundo.

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En todo lo que nosotros decimos o hacemos, pedimos la bendición, participación, y ayuda del Señor en nuestra forma de hablar y en nuestra conducta, reconocemos el señorío y la deidad de Jesús, glorificando de esa manera al único Dios que escogió revelarse a través del nombre de Jesús.

"Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él" (Colosenses 3:17)