Portada » Vida cristiana y Reflexiones » Evangelismo y Misiones » Como en los días de Noé: sermón sobre Mateo 24:37-39

Como en los días de Noé: sermón sobre Mateo 24:37-39

Publicidad

Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre, enseñó Jesucristo en Mateo 24:37-39. El Señor comparó su regreso con una generación que continuaba ocupada en la vida cotidiana y no comprendió la gravedad del momento hasta que llegó el diluvio. Por eso este pasaje no fue dado para alimentar especulaciones sobre fechas, sino para llamarnos a velar, creer y vivir preparados.

Jesús dijo: “Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:38-39).

Este mensaje está orientado al llamado, la vigilancia y la preparación espiritual ante la venida de Jesucristo. También puede utilizarse como sermón evangelístico para recordar a la congregación que conocer acerca del regreso del Señor no sustituye una respuesta personal y obediente al evangelio.

Por su llamado al arrepentimiento, la vigilancia y la preparación espiritual, este mensaje también forma parte de Evangelismo y Misiones, donde encontrarás predicaciones y enseñanzas para anunciar el evangelio, llamar a las personas a Cristo y fortalecer la misión de la iglesia.

¿Qué significa “como en los días de Noé”?

Para comprender las palabras de Jesús debemos mirar tanto Génesis como Mateo 24.

Génesis 6 describe una humanidad profundamente corrompida. “La maldad de los hombres era mucha en la tierra” y “estaba la tierra llena de violencia” (Génesis 6:5, 11). En medio de aquella generación, “Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Génesis 6:8).

Sin embargo, cuando Jesús utiliza los días de Noé para explicar su venida, escoge otro detalle particular. No dice solamente que había maldad. Dice que las personas comían, bebían, se casaban y daban en casamiento hasta que llegó el diluvio.

Ninguna de esas actividades es pecaminosa por sí misma. El problema era que la vida continuaba como si nada definitivo fuera a ocurrir.

La tragedia de aquella generación no consistió solamente en vivir en un mundo corrompido, sino en permanecer espiritualmente desprevenida hasta que el juicio llegó.

Es posible vivir normalmente y estar espiritualmente dormidos

Podemos trabajar, formar una familia, hacer planes, comprar, vender, estudiar y desarrollar proyectos legítimos. El peligro comienza cuando esas cosas ocupan de tal manera nuestro corazón que vivimos como si Dios, la eternidad y nuestra condición espiritual fueran asuntos secundarios.

Jesús no llama a abandonar nuestras responsabilidades. Nos llama a no permitir que lo temporal nos haga olvidar lo eterno.

La pregunta es sencilla pero profunda: si Cristo viniera cuando no lo esperamos, ¿en qué condición nos encontraría?

Noé creyó la advertencia de Dios antes de ver el diluvio

Hebreos 11:7 declara:

“Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca”.

Noé tuvo que responder a una palabra acerca de algo que todavía no veía.

Eso es fe.

La fe bíblica no consiste solamente en afirmar que Dios existe. Cree lo que Dios ha dicho suficientemente como para ordenar la vida de acuerdo con esa palabra.

Noé construyó el arca porque creyó.

Nosotros también hemos recibido una palabra acerca del futuro: Jesucristo volverá. Hechos 1:11 afirma que el mismo Jesús que ascendió vendrá otra vez. La promesa no fue dada para producir pasividad, sino fidelidad.

No sabemos cuánto tiempo transcurrirá antes de su regreso. Tampoco necesitamos saberlo para obedecer.

Si deseas profundizar en la diferencia entre los acontecimientos asociados al retorno de Cristo, puedes consultar El arrebatamiento de la iglesia y la segunda venida de Cristo. El propósito de este sermón, en cambio, es concentrarnos en la exhortación de Jesús: estar preparados.

La paciencia de Dios no significa que su palabra haya fallado

Primera de Pedro 3:20 habla de “la paciencia de Dios” en los días de Noé mientras se preparaba el arca.

El tiempo que transcurrió antes del diluvio no significaba que Dios hubiera olvidado lo que había anunciado.

De manera semejante, Pedro explica respecto al cumplimiento futuro de las promesas divinas que “el Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza”, sino que es paciente (2 Pedro 3:9).

La paciencia divina es una expresión de misericordia, no una señal de que nunca habrá rendición de cuentas.

Este principio es muy importante porque podemos acostumbrarnos a escuchar advertencias bíblicas. Pasan los años y comenzamos a pensar:

“Siempre han dicho que Cristo viene”.

Pero el paso del tiempo no cancela la promesa.

La demora que nosotros percibimos debe llevarnos al arrepentimiento, no al descuido.

La vida continuó hasta el día en que Noé entró en el arca

Jesús pone énfasis en una frase:

“hasta el día en que Noé entró en el arca”.

Había un momento determinado en el cual la oportunidad cambió.

Antes de ese momento existía preparación. Después llegó el diluvio.

Génesis 7:16 dice respecto de Noé que “Jehová le cerró la puerta”.

No necesitamos convertir cada detalle del arca en una alegoría, pero la escena contiene una advertencia solemne: no debemos vivir como si siempre fuéramos a disponer de otra oportunidad para responder a Dios.

Hay personas que piensan arrepentirse después. Después de terminar determinado proyecto. Después de disfrutar cierto periodo de la vida. Después de resolver sus problemas. Después de hacerse mayores.

Pero nadie tiene garantizado ese “después”.

La palabra de Dios nos llama a responder hoy.

La Biblia no nos autoriza a fijar cuánto tiempo predicó Noé

Segunda de Pedro 2:5 llama a Noé “pregonero de justicia”, por lo que sabemos que su testimonio no se limitó a construir silenciosamente el arca. Sin embargo, la Escritura no dice que predicara exactamente 120 años ni especifica con precisión cuánto duró la construcción.

Por eso no necesitamos añadir cifras para hacer más dramático el sermón. Si deseas estudiar esa cuestión particular, puedes consultar El arca de Noé no fue construida en 120 años.

La fuerza de la enseñanza no está en calcular los años, sino en el contraste entre la fe obediente de Noé y la falta de preparación de su generación.

“No entendieron hasta que vino el diluvio”

Mateo 24:39 contiene probablemente la frase más importante para entender la comparación:

“y no entendieron hasta que vino el diluvio”.

La vida ordinaria puede crear una falsa sensación de permanencia.

Sale el sol, trabajamos, regresamos a casa, hacemos planes para mañana y suponemos que siempre tendremos control sobre el siguiente capítulo. Con facilidad vivimos como si el presente fuera permanente.

Pero la Biblia nos recuerda que la historia se dirige hacia el cumplimiento del propósito de Dios.

Jesús viene.

No conocemos el día ni la hora. Precisamente por eso la respuesta correcta no es elaborar calendarios, sino mantenernos preparados.

El creyente vigilante no vive aterrorizado; vive consciente de que su vida pertenece al Señor y de que cada día debe encontrarlo fiel.

Jesús dijo “velad”, no “calculad”

Después de comparar su venida con los días de Noé, Jesús declara:

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42).

Y añade:

“Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44).

Este es el propósito práctico de la enseñanza.

A lo largo de la historia muchos han intentado establecer fechas, interpretar acontecimientos políticos como calendarios exactos o afirmar que determinada generación necesariamente verá el cumplimiento final.

Jesús orienta la atención hacia otra cosa:

velad.

Velar significa vivir espiritualmente despiertos. Significa no permitir que el pecado se normalice, que la fe se enfríe o que nuestras prioridades se alejen silenciosamente de Dios.

No necesitamos conocer la fecha si cada día vivimos preparados.

Estar preparados implica más que conocer profecía

Alguien puede conocer muchas doctrinas escatológicas y, sin embargo, vivir espiritualmente descuidado.

Puede explicar Daniel, Mateo 24, Primera de Tesalonicenses y Apocalipsis, pero conservar resentimiento, pecado oculto, falta de oración o indiferencia hacia Dios.

El conocimiento acerca de la venida de Cristo no sustituye la preparación para la venida de Cristo.

Jesús continúa su enseñanza hablando del siervo fiel y prudente (Mateo 24:45-51). Inmediatamente después presenta la parábola de las diez vírgenes.

La secuencia es reveladora: la doctrina de la venida produce un llamado a fidelidad, vigilancia y preparación.

Puedes profundizar en esa aplicación con La parábola de las 10 vírgenes: prédica escrita para predicar, donde el énfasis está precisamente en vivir preparados mientras esperamos al Esposo.

La venida de Cristo debe producir esperanza y santidad

La segunda venida no fue revelada solamente para advertir a los incrédulos. También es una esperanza para la iglesia.

Pablo enseña que el Señor descenderá del cielo y que los muertos en Cristo resucitarán, mientras los creyentes estarán para siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4:16-17). Después concluye:

“Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18).

La venida de Cristo contiene consuelo para quienes le pertenecen.

Pero esa esperanza también produce santidad. Primera de Juan 3:3 declara que quien tiene esta esperanza se purifica.

Por tanto, no debemos escoger entre esperanza y advertencia. La Escritura presenta ambas.

Para el creyente fiel, Cristo viene como el Señor esperado. Para quien vive indiferente a Dios, su venida es una advertencia urgente.

No basta estar rodeado de creyentes preparados

Noé tuvo que creer personalmente. Su familia también tuvo que entrar al arca.

Esto nos recuerda que nadie puede vivir de la relación con Dios de otra persona.

No basta que nuestros padres sean creyentes. No basta pertenecer a una congregación. No basta conocer a un pastor, escuchar predicaciones o tener familiares que oran por nosotros.

Cada persona debe responder al evangelio.

La preparación espiritual es personal, aunque se viva dentro del cuerpo de Cristo.

Por eso Jesús insiste una y otra vez en la necesidad de velar. La fe de quienes están a nuestro alrededor puede bendecirnos, enseñarnos y exhortarnos, pero no sustituye nuestra respuesta personal al Señor.

¿Cómo debemos prepararnos para la venida del Señor?

Prepararnos no significa vivir mirando continuamente al cielo con temor. Significa vivir el evangelio hoy.

Arrepentirnos sinceramente

El arrepentimiento reconoce el pecado, cambia de dirección y vuelve el corazón hacia Dios.

No hay preparación verdadera cuando queremos conservar aquello que sabemos que contradice su voluntad.

Responder al evangelio

Cuando la multitud preguntó qué debía hacer, Pedro respondió:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

La iglesia apostólica no predicaba solamente que Cristo volvería. Predicaba también cómo responder a su obra salvadora.

Permanecer fieles

La preparación no termina en una experiencia inicial.

Jesús llama a perseverar. La vida cristiana requiere santidad, oración, obediencia, comunión con la iglesia y dependencia continua del Espíritu Santo.

No vivimos fielmente para ganar mediante méritos humanos la salvación, sino porque hemos respondido a la gracia de Dios y queremos permanecer en Cristo.

El peligro de acostumbrarnos a la advertencia

Una palabra repetida muchas veces puede dejar de impresionarnos.

Podemos escuchar durante años:

“Cristo viene”.

Y terminar reaccionando como si fuera solamente una frase habitual del lenguaje cristiano.

Pero la familiaridad con una verdad no reduce su importancia.

Los días de Noé nos advierten precisamente contra una vida que sigue adelante sin detenerse a considerar el momento espiritual.

La pregunta no es si hemos escuchado antes este sermón.

La pregunta es:

¿Estamos viviendo preparados ahora?

No necesitamos demostrar que nuestra generación es la peor

El contenido antiguo intentaba demostrar que nuestro mundo actual es prácticamente idéntico a los días de Noé y terminaba diciendo que bastaba “ver las noticias”.

No necesitamos construir el mensaje de esa manera.

Cada generación ha conocido pecado, violencia, injusticia, guerras y rebelión contra Dios. Génesis 6 describe una situación terrible, y otras profecías bíblicas también hablan de condiciones difíciles, pero Jesús no nos dio Mateo 24:37-39 para que compitiéramos por demostrar que nuestra época es la más perversa de la historia.

Nos dio esta enseñanza para que ninguna generación viva desprevenida.

La aplicación permanece vigente aunque no podamos medir si nuestra sociedad es más o menos malvada que otra.

Cristo viene.

Eso es suficiente para llamarnos a velar.

Llamado final: no esperes al diluvio para comprender

La generación de Noé “no entendió hasta que vino el diluvio”.

Ese es precisamente el momento que debemos evitar.

Dios nos ha hablado antes.

Nos ha dado su Palabra, nos ha anunciado el evangelio y nos ha llamado a reconciliarnos con Él. Nos ha advertido que esta vida no es todo lo que existe y que Jesucristo volverá.

No necesitamos esperar hasta el último momento para tomar en serio lo que hoy podemos obedecer.

Si sabes que algo debe cambiar, cambia mientras tienes oportunidad. Si necesitas arrepentirte, vuelve a Dios. Si tu vida espiritual se ha enfriado, despierta. Si todavía no has respondido plenamente al evangelio, no sigas posponiéndolo.

No vivas solamente ocupado; vive preparado.

Conclusión: como en los días de Noé, vivamos preparados

Como en los días de Noé, la vida puede continuar aparentemente normal hasta que llega un momento que lo cambia todo. Jesús utilizó aquella generación para advertirnos que su venida sorprenderá a quienes viven sin discernir la realidad espiritual.

Noé creyó antes de ver. Obedeció antes de que llegara el diluvio. La generación que lo rodeaba comprendió demasiado tarde.

Por eso nuestra respuesta debe ser diferente.

No sabemos el día ni la hora, pero sabemos quién viene. Jesucristo regresará, y la mejor preparación para aquel día es vivir fielmente para Él hoy.

La preparación para la venida del Señor debe reflejarse en nuestra manera de vivir cada día: en la santidad, la obediencia, el testimonio y la fidelidad a Cristo. Puedes continuar profundizando en estas áreas en Vida Cristiana y Reflexiones, donde reunimos enseñanzas para aplicar la Palabra de Dios a la vida práctica y al crecimiento espiritual.

Este mensaje puede utilizarse especialmente en un culto dominical de llamado, evangelismo, santidad o preparación espiritual. Si estás buscando otras predicaciones desarrolladas para distintas necesidades de la congregación, consulta Sermones para predicar los domingos.

Que las palabras de Jesús permanezcan delante de nosotros: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42).

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42).

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

Más sobre el Autor

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.    Más información
Privacidad