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Las 5 excusas de Moisés (Bosquejo)

I. Introducción: Cuando Dios llama y el hombre retrocede

Pocos pasajes bíblicos retratan con tanta honestidad la tensión entre el llamado divino y la fragilidad humana como el relato del llamado de Moisés. En Éxodo 3:1–4:17, no solo observamos una de las manifestaciones más gloriosas de Dios en el Antiguo Testamento —la zarza que ardía sin consumirse—, sino también una de las respuestas humanas más comunes frente al propósito de Dios: las 5 excusas de Moisés.

Moisés no era un incrédulo, no era un idólatra ni un rebelde abierto contra Dios. Era un hombre que conocía al Señor, que había sido preservado milagrosamente desde su nacimiento y que, aun así, cuando llegó el momento decisivo de obedecer, retrocedió una y otra vez. Dios lo llamó claramente, le reveló Su nombre, Su plan y Su poder, pero Moisés respondió con 5 excusas consecutivas.

Este relato no fue escrito solo para narrar historia antigua. Fue registrado porque refleja una realidad espiritual vigente. De la misma manera que Moisés fue llamado a liberar a Israel de la esclavitud física en Egipto, la Iglesia hoy ha sido llamada a liberar a los hombres de la esclavitud del pecado, proclamando el evangelio de Jesucristo al mundo entero (cf. Marcos 16:15; 1 Pedro 2:9–10).

Y, sin embargo, con demasiada frecuencia, respondemos al llamado de Dios con las mismas 5 excusas que Moisés.

Antes de analizar cada una, mediante este bosquejo para predicar, es importante recordar el contexto del llamado.

II. El contexto del llamado: Dios irrumpe en la rutina de Moisés

Moisés llevaba cuarenta años en el desierto de Madián, lejos de Egipto, lejos del palacio y lejos de los sueños que alguna vez pudo haber tenido. Aquel hombre que había sido educado en toda la sabiduría de Egipto ahora cuidaba ovejas ajenas. La vida parecía estable, silenciosa y, en cierto sentido, resuelta.

Pero Dios no había terminado con él.

En ese escenario aparentemente ordinario, Dios irrumpe de manera sobrenatural. La zarza ardía sin consumirse, señalando una verdad profunda: el Dios que llama es santo, poderoso y autosuficiente. Antes de darle una misión, Dios se revela. Antes de enviar a Moisés, Dios establece quién es Él.

El llamado fue claro: “Ve, porque yo te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo” (Éxodo 3:10).

No había ambigüedad. No había confusión. El plan divino estaba definido. Y, aun así, Moisés comenzó a resistirse.

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III. ¿Por qué estudiar las 5 excusas de Moisés hoy?

El análisis de las 5 excusas de Moisés no es meramente académico. Tiene profundas implicaciones espirituales y pastorales:

  • Porque revelan cómo el miedo, la inseguridad y la incredulidad pueden disfrazarse de humildad.
  • Porque muestran que Dios no se impresiona con excusas, pero sí responde con gracia… hasta cierto punto.
  • Porque nos confrontan con una pregunta inevitable: ¿Estoy obedeciendo el llamado de Dios o simplemente lo estoy postergando con excusas piadosas?

Así como Moisés fue llamado a liberar a un pueblo cautivo, nosotros hemos sido llamados a proclamar libertad a los cautivos del pecado, a anunciar salvación, arrepentimiento y vida nueva en Cristo.

Sin embargo, igual que Moisés, muchas veces respondemos con objeciones que, en el fondo, esconden una sola realidad: no queremos ir. Con este marco claro, estamos listos para considerar la primera excusa.

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IV. Primera excusa de Moisés: “¿Quién soy yo para que vaya?”

A) La excusa de la insuficiencia personal

(Éxodo 3:11)

La primera reacción de Moisés no fue negar la existencia de Dios ni cuestionar Su poder. Su respuesta fue mucho más sutil y, por eso mismo, más peligrosa: “¿Quién soy yo?”

A simple vista, esta pregunta parece humilde. Sin embargo, encierra una visión centrada en el yo. Moisés estaba evaluando el llamado de Dios desde su propia percepción personal.

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B) ¿Por qué Moisés se sentía incapaz?

Humanamente hablando, Moisés tenía razones para dudar:

  • Había sido príncipe en Egipto, pero ahora era solo un pastor en el desierto.
  • Habían pasado cuarenta años desde que salió huyendo tras matar a un egipcio.
  • Tenía ochenta años, una edad avanzada incluso para su época.
  • Su pasado incluía fracaso, rechazo y huida.

Todo esto lo llevó a una conclusión lógica desde una perspectiva humana: “Yo no soy la persona adecuada”.

Pero el problema no estaba en que Moisés se sintiera pequeño; el problema era que estaba midiendo el llamado de Dios con parámetros humanos.

C) La respuesta divina que lo cambia todo

La respuesta de Dios es breve, pero poderosa: “Ciertamente yo estaré contigo (Éxodo 3:12).

Dios no discutió la edad de Moisés. No negó su pasado. No intentó inflar su autoestima. Simplemente le recordó una verdad eterna: el éxito del llamado no depende de quién es el enviado, sino de quién lo envía.

La promesa de la presencia divina era suficiente. Si Dios estaba con Moisés, ninguna limitación personal podía frustrar el plan eterno.

Esta verdad sería reafirmada siglos más tarde por el apóstol Pablo: Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros? (Romanos 8:31).

D) Una excusa que aún usamos hoy

Esta sigue siendo una de las excusas más comunes entre los creyentes:

  • “No sé suficiente Biblia”
  • “No tengo preparación”
  • “No soy tan espiritual”
  • “Otros lo harían mejor”

Es cierto que por nosotros mismos somos insuficientes, pero la Escritura es clara: “Nuestra competencia proviene de Dios” (2 Corintios 3:5–6).

Dios nunca ha llamado a personas perfectas; llama a personas dispuestas. Los apóstoles mismos fueron descritos como hombres sin educación formal, y aun así Dios sacudió al mundo a través de ellos (Hechos 4:13).

Además, Jesús dio a Sus discípulos —y a nosotros— la misma promesa que recibió Moisés:
“He aquí, yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20). Cuando Dios está con nosotros, la excusa de la insuficiencia pierde toda validez.

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V. Segunda excusa de Moisés: “¿Qué diré cuando me pregunten cuál es tu nombre?”

A) El miedo a no saber qué decir

(Éxodo 3:13)

Después de que Dios responde a la primera objeción asegurándole Su presencia, Moisés no niega el llamado, pero introduce una nueva dificultad. Ahora su preocupación no es su identidad personal, sino su capacidad para comunicar el mensaje.

Moisés plantea una situación hipotética muy realista: “Si voy a los hijos de Israel y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros, y ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, ¿Qué les responderé?”

Esta pregunta revela algo más profundo que una simple duda teológica. Moisés teme quedar expuesto, teme no tener respuestas, teme verse superado por las preguntas del pueblo. En el fondo, esta excusa nace del temor a no saber lo suficiente.

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B) El contexto espiritual de la pregunta

Israel llevaba más de cuatrocientos años en Egipto, rodeado de una cultura politeísta, con múltiples dioses, nombres, títulos y atributos. No era una pregunta absurda. Era razonable pensar que el pueblo quisiera saber quién era exactamente el Dios que ahora reclamaba su libertad.

Pero Moisés no necesitaba tener todas las respuestas; solo necesitaba obedecer.

C) La revelación del nombre: más que una respuesta, una revelación

La respuesta de Dios no solo resuelve la duda de Moisés, sino que constituye una de las revelaciones más profundas de toda la Escritura:

“YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3:14).

Dios no le da un nombre común. Le revela Su naturaleza eterna, autoexistente e inmutable. Dios es el que es, el que siempre ha sido y el que siempre será. No depende de nadie. No cambia y no necesita validación humana.

Luego añade: “Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”. Dios le está diciendo a Moisés: “No necesitas inventar un mensaje; Yo ya te di exactamente qué decir”.

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D) Dios siempre provee el mensaje junto con el llamado

Una verdad fundamental emerge aquí: Dios nunca envía a alguien sin darle el mensaje adecuado.

Moisés no fue llamado a impresionar con su elocuencia ni con su conocimiento, sino a transmitir fielmente lo que Dios había revelado.

E) Una excusa que sigue vigente en la iglesia

Hoy muchos creyentes utilizan esta misma excusa:

  • “No sé qué decir”
  • “No sé cómo responder preguntas”
  • “Tengo miedo de que me hagan objeciones”

Pero Dios ya nos ha dicho claramente qué debemos proclamar.

Jesús lo expresó con una sencillez contundente: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

El mensaje central no es complejo ni ambiguo. El apóstol Pablo lo resumió así:

  • Cristo murió por nuestros pecados
  • Fue sepultado
  • Resucitó al tercer día
    (cf. 1 Corintios 15:1–4)

El evangelio no requiere discursos sofisticados, sino fidelidad al mensaje. Cuando decimos que no sabemos qué decir, en realidad estamos diciendo que tenemos miedo de hablar.

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VI. Tercera excusa de Moisés: “No me creerán ni oirán mi voz”

A) El temor al rechazo y al fracaso

(Éxodo 4:1)

A pesar de haber recibido el mensaje exacto que debía comunicar, Moisés introduce una tercera objeción: “He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz”.

Aquí la excusa ya no gira en torno al contenido del mensaje, sino a la respuesta de los oyentes. Moisés anticipa el fracaso antes de intentarlo.

B) Una excusa profundamente humana

Esta es quizás la excusa más emocional de todas. Moisés teme:

  • Ser rechazado
  • No ser tomado en serio
  • Hablar y no producir ningún efecto

Este temor revela algo importante: Moisés seguía enfocado en los resultados, no en la obediencia. Pero Dios nunca ha llamado a Su pueblo a garantizar resultados; nos ha llamado a ser fieles.

C) La respuesta de Dios: evidencia acompañando el mensaje

Dios no reprende inmediatamente a Moisés. En Su paciencia, le concede señales visibles y poderosas que autentican el mensaje:

  • La vara que se convierte en serpiente (Éxodo 4:2–5)
  • La mano que se vuelve leprosa y luego sana (Éxodo 4:6–8)
  • El agua convertida en sangre (Éxodo 4:9)

Estas señales no eran trucos, sino manifestaciones del poder divino destinadas a confirmar que el mensaje provenía de Dios.

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D) Dios sigue respaldando Su palabra hoy

Aunque hoy no dependemos de las mismas señales como las de Moisés, Dios no nos ha dejado sin evidencia. Además de los milagros y señales por el poder del Espíritu Santo también hay otras prueban que Dios nos ha dado.

Entre las pruebas que Dios ha dado para respaldar el evangelio están:

  • La Palabra inspirada, capaz de producir fe (Romanos 10:17)
  • La resurrección de Cristo, confirmada por múltiples testigos (Juan 20:30–31)
  • La profecía cumplida, que testifica del plan eterno de Dios
  • La transformación visible de vidas, como testimonio vivo del poder del evangelio

El problema no es la falta de evidencia; el problema es el temor a ser rechazados.

E) Cuando el miedo al fracaso paraliza la misión

Muchos creyentes no comparten su fe no porque no crean en ella, sino porque:

  • Temen ser ridiculizados
  • Temen dañar relaciones
  • Temen no saber responder

Pero la Escritura es clara: Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7).

Cuando dejamos de hablar por miedo al rechazo, estamos permitiendo que el temor tenga más autoridad que el mandato de Dios.

VII. Cuarta excusa de Moisés: “Soy tardo en el habla y torpe de lengua”

A) Cuando la debilidad personal se usa como pretexto

(Éxodo 4:10)

Después de que Dios respondió con claridad a las dudas sobre identidad, mensaje y respaldo divino, Moisés presenta una cuarta excusa que toca directamente su limitación personal:

“¡Ay, Señor! Nunca he sido hombre de fácil palabra… porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.”

Esta declaración revela que Moisés se enfocaba obsesivamente en lo que no podía hacer, en lugar de confiar en lo que Dios podía hacer a través de él.

B) Una excusa basada en la autoevaluación

Moisés no niega el llamado ni cuestiona el poder de Dios, pero insiste en evaluarse a sí mismo como el factor decisivo. Se considera inadecuado para hablar, incapaz de comunicar, poco elocuente.

Desde la perspectiva humana, esta preocupación parece razonable. Moisés no se veía como un orador, y la tarea implicaba confrontar a Faraón y liderar a un pueblo difícil. Sin embargo, Dios nunca ha basado Sus llamados en las habilidades naturales del hombre.

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C) La respuesta de Dios: soberanía sobre las capacidades humanas

La respuesta divina es directa y profundamente reveladora:

“¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?” (Éxodo 4:11).

Dios no ignora las limitaciones de Moisés; las trasciende. Él afirma Su soberanía absoluta sobre la creación humana. La debilidad de Moisés no era una sorpresa para Dios ni un obstáculo para Su plan.

Luego añade una promesa clave: “Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar” (Éxodo 4:12).

Dios no prometió hacer a Moisés elocuente, sino estar con él mientras hablaba.

D) Dios suple incluso más allá de lo necesario

En Su misericordia, Dios va aún más lejos y establece a Aarón como portavoz (Éxodo 4:14–16). Esto demuestra que Dios no solo compensa nuestras deficiencias, sino que provee recursos adicionales cuando es necesario.

E) Una excusa común entre los creyentes

Esta excusa sigue siendo frecuente hoy:

  • “No sé hablar en público”
  • “No tengo facilidad de palabra”
  • “No sirvo para enseñar”

Sin embargo, la falta de elocuencia nunca ha sido un impedimento para Dios. El apóstol Pablo reconoció su debilidad al hablar, pero su ministerio no dependió de palabras persuasivas, sino del poder del Espíritu (1 Corintios 2:1–4).

Dios no busca oradores brillantes; busca corazones obedientes.

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VIII. Quinta excusa de Moisés: “Envía por medio del que debes enviar”

A) Cuando la verdadera razón sale a la luz

(Éxodo 4:13)

Aquí se cae toda máscara. Después de cuatro excusas, Moisés finalmente expresa lo que siempre estuvo en su corazón:

“Te ruego, Señor, que envíes por medio del que debes enviar.” Esta frase, en esencia, significa: “Señor, envía a otro, pero no a mí.”

B) La revelación del verdadero problema

Las excusas anteriores no eran el problema real. Eran cortinas de humo que ocultaban una resistencia más profunda: Moisés simplemente no quería ir.

Este versículo desenmascara la raíz de todas las excusas: la falta de disposición.

C) La reacción de Dios: paciencia agotada

Por primera vez en el relato, se menciona que la ira de Jehová se encendió contra Moisés (Éxodo 4:14).

Esto no significa que Dios dejara de amar a Moisés, sino que revela una verdad solemne: la persistente resistencia al llamado divino provoca el desagrado de Dios.

Dios había respondido a cada objeción con gracia, provisión y poder. Pero cuando Moisés expresó abiertamente su negativa, quedó claro que el problema no era incapacidad, sino desobediencia.

D) Una advertencia para la iglesia actual

Esta quinta excusa refleja la actitud de muchos creyentes hoy:

  • Preferimos que Dios use a otros
  • Nos sentimos más cómodos como espectadores que como participantes
  • Evitamos el compromiso que implica obedecer el llamado

Pero la Escritura nos recuerda que rechazar el llamado de Dios no es algo neutro. La desobediencia consciente tiene consecuencias espirituales.

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IX. Conclusión: Las 5 excusas de Moisés terminan, pero el llamado permanece

Con las 5 excusas de Moisés conocemos el final de la historia. A pesar de sus excusas:

  • Obedeció el llamado
  • Regresó a Egipto
  • Fue usado poderosamente por Dios para liberar a Israel

Dios cumplió Su propósito no porque Moisés fuera perfecto, sino porque finalmente se rindió al llamado.

A) La pregunta final es inevitable

El relato no termina con Moisés; continúa con nosotros.

  • ¿Responderemos al llamado de Dios de proclamar el evangelio?
  • ¿O seguiremos usando excusas piadosas para evitar obedecer?

Dios sigue llamando. El mundo sigue necesitando liberación. El evangelio sigue siendo poder de Dios para salvación.

B) Un llamado pastoral directo

Si hemos estado poniendo excusas, es tiempo de arrepentimiento.
Si hemos retrasado la obediencia, es tiempo de rendición.
Y Si hemos querido que Dios use a otros, es tiempo de decir: “Heme aquí, envíame a mí.”

No seamos recordados como quienes pusieron excusas, sino como quienes respondieron al llamado de Dios.

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