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EL MENSAJE DEL PROFETA JOEL


PROFECÍA DEL LIBRO DE JOEL

Profecía del libro de Joel

¿QUIÉN ERA EL PROFETA  JOEL?, EL PROFETA DEL PENTECOSTES, JOEL EN LA BIBLIA


INTRODUCCION

Existe poca indicación en las escrituras sobre el tiempo de la profecía de Joel. Algunos dicen que profetizó durante el reinado de Joás en Judá, y que fue contemporáneo con Eliseo. Hubo hambre durante el ministerio de Eliseo, pero no se hizo mención a los insectos (2 Reyes 8:11-3). 

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Si Joel profetizó durante el reinado de Joás, el fondo histórico de su profecía sería 2 Reyes 11 y 12; y 2 Crónicas 23 y 24. Ninguna información personal se da de él, excepto que era el hijo de Petuel, de quien no se sabe nada.

La ocasión de su profecía fue una invasión muy severa de insectos que devastaron la tierra.

Joel 1: Mensaje de Calamidad


Explicación del libro de Joel en la Biblia


Joel empezó su ministerio con profecías de que pronto caería una gran calamidad sobre el pueblo de Judá. El dijo que ni los ancianos habían visto nada igual en sus días, ni habían oído nada de ello en los días de sus padres. Sería algo que se le diría a los hijos, y sus hijos a la otra generación (versículos 1-3).

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Luego él les dijo que esta calamidad sería una seria invasión de insectos que llegaría como un poderoso ejército y devastaría su tierra. Se cree que hubo diferentes etapas de langostas o saltamontes y no diferentes especies de insectos. 

Multitudes de saltamontes ciertamente son capaces de dejar la tierra desnuda y desolada. Esa invasión fue enviada para castigar al pueblo de Judá por sus pecados y llamarlos a un arrepentimiento sincero en ayuno y oración (versículos 4-14).

Esta invasión de insectos (versículos 15-20) fue llamado “el día de Jehová” (Joel 1:15), una frase bíblica para el tiempo del juicio de Dios. Parece que habían olvidado los servicios del Señor, tales como las ofrendas de carne y bebida, así como los pecados de idolatría. 

Ahora no habría nada para ofrecer de comida y bebida; su semilla se descompondría en las tierras y los graneros estarían vacíos, pues el maíz se destruiría. Las bestias y los bueyes gemirían porque no habría pasto. Entonces el pueblo clamaría al Señor para que lo liberara de la pestilencia (Isaías 26:9).

Joel 2: Mensaje de Futura Tribulación y Bendición


La plaga de langostas que era para castigar al pueblo de Judá por sus pecados, no sería el final de sus problemas. Esta plaga fue usada para simbolizar una invasión mayor que llegaría en un futuro más distante. Devastaría la tierra tanto como lo habían hecho las langostas (versículos 1-20). 

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Ahora era tiempo de tocar la trompeta en Sion y sonar una alarma de que estaba por llegar aún un problema mayor. Sería un día de tinieblas y de oscuridad, pues un pueblo fuerte, un gran ejército llegaría contra Judá. (El uso de la devastación de los insectos para simbolizar la devastación de otro ejército, es un ejemplo de la “Ley de Doble Referencia”).

La profecía de Joel no indica cuándo o de qué nación vendría este fuerte ejército contra Judá. Sin embargo, un estudio de la historia de Judá durante el reinado de Ezequías (2 Reyes 18:13-17; 19:1-37) revela el ejército invasor del rey asirio Senaquerib, como su opositor más fuerte. 

Esto quizás los llevó a su hora más oscura antes del cautiverio de Babilonia, pues los asirios eran conocidos como un pueblo cruel y dominante. Solo había pasado unos pocos años desde que el rey asirio Salmanasar había capturado a Samaria y llevó el pueblo de Israel a Asiría (2 Reyes 17:1-7). 

Asiría parecía inclinada a traer todas las naciones bajo su control. Senaquerib se había apoderado de todas las ciudades fortificadas de Judá. Ezequías había tratado de librarse de él, comprándole con plata y oro (2 Reyes 18:13-16), pero él estaba determinado a tomar a Jerusalén.

Envió a sus capitanes con un gran ejército contra Jerusalén. Rabsaces trató de aterrorizar a los habitantes de Jerusalén. El lanzó amenazas, ridiculizó la fuerza de Ezequías, y blasfemó el nombre de Jehová. Trató de amedrentar al pueblo para que se entregara (2 Reyes 18:17-37). 

Entonces Eliaquim, mayordomo del rey, Joa y Sebna, el escriba,, fueron al rey Ezequías y le relataron todas las palabras desmoralizadoras de Rabsaces. Ezequías los envió, con los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías con una petición urgente para que orara. Él (Ezequías) entonces se cubrió de cilicio y entró en la casa del Señor (2 Reyes 19:1-5).

E Isaías les respondió: “. . . Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra caiga a espada” (2 Reyes 11:6,7).

Ezequías entonces recibió cartas amenazadoras de Senaquerib. Subió a la casa del Señor y las extendió delante de Jehová y oró (2 Reyes 19:8-19). Como resultado, Isaías envió este mensaje a Ezequías para que se lo dijera a Senaquerib:

“. . . La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén. ¿A quién has vituperado y blasfemado? ¿Y contra quién has alzado la voz, y levantado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel” (2 Reyes 19:21, 22).

El Señor peleó la batalla de Ezequías contra Senaquerib. Él regresó a su propia tierra, y sus hijos lo mataron allí (2 Reyes 19:23-37).

Este caso pudo haber sido el cumplimiento de la profecía de Joel 2:11-20. El rey Acaz, quien reinó en Judá antes de Ezequías, había caminado en los caminos de idolatría de los reyes de Israel y llevó al pueblo de Judá a la idolatría. 

Cuando el buen rey Ezequías llegó al trono de Judá, era tiempo ya de un despertar religioso. Cuando Ezequías y los ancianos de los sacerdotes se cubrieron de cilicio, oraron y llamaron a Isaías para que intercediera, el Señor oyó y los liberó de los asirios. En la profecía de Joel, el Señor escuchó el arrepentimiento de su pueblo y los salvó de sus enemigos (Joel 2:21-27).

Joel dio una tercera profecía de algo maravilloso que vendría en un futuro cercano (versículos 28, 29). Sabemos el tiempo del cumplimiento y el significado de esa profecía. El Apóstol Pedro, en su primer mensaje del evangelio en el día de Pentecostés, la interpretó como el derramamiento del Espíritu Santo sobre los 120 discípulos que se habían reunido (Hechos 2:1-18, 37-39; Joel 2:28-32).

Joel 3: Mensaje del Juicio Sobre los Enemigos de Israel


Joel 2:30, 31 realmente pertenece a la profecía del capítulo 3, en la cual Joel profetizó sobre la batalla de Armagedón. Joel habló del tiempo cuando Dios haría volver de nuevo el cautiverio de Judá y de Jerusalén. 

Aunque existe hoy una nación de Israel en su tierra natal, el pueblo de Israel, en su totalidad, jamás ha aceptado al Señor Jesucristo, pues ellos lo negaron y crucificaron hace casi dos mil años. Ellos jamás han regresado totalmente a su tierra natal debido al cautiverio en Babilonia, pero están dispersados entre las naciones, mirando hacia Jerusalén, esperando reconstruir su templo

Cuando el Señor reúna a todas las naciones en el valle de Josafat para la batalla de Armagedón, ellos reconocerán y aceptarán al Señor Jesucristo como su Salvador

En Palestina no existe ningún valle llamado Josafat, pero evidentemente es el lugar en donde Dios escuchó a Josafat cuando El destruyó las tres naciones de Moab, Amón y los del monte de Seir (Edom), quienes marcharon contra Judá (2 Crónicas 20:1-25). 

Esto simbolizó el lugar en donde Él destruiría las naciones que formarían el reino del anticristo por su maldad contra el Señor y Su pueblo (versículos 1-8). Cuando el pueblo de Israel sea testigo del poder milagroso del Señor sobre sus enemigos (2 Tesalonicenses 2:3-8; Apocalipsis 19:11-16), ellos reconocerán a Jesús como Señor (Filipenses 2:9-1 l).

“Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:9).

Cuando Jesús instruyó a los discípulos, antes de su ascensión, para que regresaran a Jerusalén para esperar la promesa del Padre (Espíritu Santo), ellos le preguntaron si él les restauraría el reino a Israel en ese tiempo. El les contestó: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:4-8).

El pueblo de Dios es un reino espiritual, comprendido de individuos de todas las naciones y razas, que han venido a Jesús y han sido bautizados por Su Espíritu en el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12,13), que es Su Iglesia (Efesios 1:22, 23; Colosenses 1:18). 

Sin embargo, tanto las profecías del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento atestiguan del futuro tiempo cuando Israel, como nación, acepte a Dios en Jesucristo (Romanos 11:25-27). Cuando ellos acepten a Jesús, ellos serán sellados con el Espíritu Santo, justo como la Iglesia de hoy ha sido sellada (2 Corintios 1:21, 22; Efesios 1: 12 -14).

Los versículos 17-21 se refieren al tiempo después de la batalla de Armagedón, cuando el pueblo de Israel haya aceptado a Jesús como su Dios y Salvador Este período es llamado “el reino milenario de Cristo.” El diablo será atado por mil años. (Apocalipsis 20:1-6), y la maldición será quitada de la tierra (Génesis 3:14-19). 

Entonces la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar (Habacuc 2:14). El profeta Isaías también nos da un retrato del reinado justo de Cristo (Isaías 11:1-9). Cuando el Señor quite la maldición de la tierra, la ferocidad no anidará en los animales salvajes, y nada herirá ni destruirá en el Santo Monte de Dios.