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PRINCIPIOS PARA LA EXÉGESIS DE TEXTOS PROFÉTICOS


LA PROFECÍA

Biblia abierta en el libro de Isaías

Por su extensión y por lo significativo de su contenido, los textos proféticos exigen un estudio especial que nos permita interpretarlos de forma objetiva. El lenguaje de los mismos es figurado, poético o simbólico, lo que origina las consiguientes dificultades; y estas aumentan cuando el mensaje tiene carácter predictivo. 

De ahí que en la exégesis, no sólo debe extremarse el cuidado en la aplicación de las normas generales de la hermenéutica, sino que es imperativo tener en cuenta principios propios de este tipo de literatura bíblica.

Especial atención debe darse a la finalidad de los mensajes de los profetas, el propósito de estos mensajes no era tanto vaticinar sobre acontecimientos futuros, sino proclamar la palabra de Dios dirigida a unas personas concretas en un lugar y en un tiempo determinados. 

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Cualquier interpretación de su mensaje que se desentienda del contexto existencial de los destinatarios originales estará siempre expuesta a la arbitrariedad.

PRINCIPIOS ORIENTATIVOS PARA LA EXÉGESIS DE TEXTOS PROFÉTICOS


Todo lo expuesto nos ayuda a comprender la necesidad de que el exegeta se acerque a los escritos de los profetas con un profundo respeto, dada la seriedad de su mensaje; con humildad, debido a sus complejidades, y con objetividad, con el anhelo sincero de comunicar lo que Dios quiere realmente decir a su pueblo


Es de lamentar que no siempre haya distinguido esta triple actitud a quienes han estudiado las profecías. Su interpretación frecuentemente no ha sido resultado de un análisis serio, sino de una afición frívola a la escatología, emparejada a menudo con el dogmatismo o –lo que es peor- con el sensacionalismo.

1. Tómese en consideración lo que el profeta quiso decir a sus propios contemporáneos. 


Aun los mensajes predictivos tenían un propósito que afectaba a los destinatarios con carácter inmediato. Nunca las predicciones se hicieron de un modo abstracto, sino estrechamente relacionadas con situaciones concretas en las que Dios irrumpía con su mensaje. 

En algunos casos pueden tener una proyección más dilatada y apuntar, como ya hicimos notar, a otro acontecimiento histórico situado en tiempos más remotos; pero siempre el profeta hablaba a sus contemporáneos de acuerdo con sus necesidades, en especial la necesidad de renovar la confianza en Dios y de obedecer su Palabra. 

Los profetas no hablan nunca al exterior de la ventana, sino que quieren librar a sus desprevenidos oyentes del precipicio que ante ellos se abre. Y todo cuanto tiene que decir acerca del futuro está en función de su misión pastoral en aquel momento.

2. Téngase presente la relación orgánica entre historia y revelación. 


No podemos olvidar que cada evento, cada situación con sus particulares características y necesidades, forma parte de un proceso histórico mucho más amplio y que en el curso de este proceso se entrelaza la revelación progresiva de Dios

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No cabe extrañarnos, pues, que determinados anuncios proféticos, que primariamente se referían a acontecimientos muy próximos, entrañaran también una predicción de hechos que tendrían lugar siglos más tarde, en días de Cristo, en la era cristiana o al final de los tiempos. Recordemos una vez más el ejemplo de Isaías 7:14, con su realización casi inmediata y con su carácter de profecía mesiánica.

El hecho de que algunas profecías tengan un cumplimiento múltiple debe inducirnos a examinar cada pasaje en su conexión con la totalidad de la Escritura, ya que sólo así podremos ver su alcance y determinar su interpretación. 

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Por otro lado, la relación orgánica y progresiva entre historia y revelación se hace patente en el desarrollo de no pocas predicciones que inicialmente tienen un contenido embrionario y después van mayor volumen y concreción. Tal es el caso de las profecías mesiánicas.

3. Cuando exista, debe distinguirse la perspectiva profética.


Se designa de este modo la inclusión en una misma profecía de acontecimientos diferentes que guardan entre sí alguna relación de semejanza o que forman parte de un todo en el desarrollo histórico del plan divino, pero que están separados por la distancia, a veces grande, del tiempo.

Podemos mencionar como ejemplo Isaías 61:1-2, su mejor interpretación nos la proporciona el uso que Jesús mismo hizo de este texto (Lucas 4:18-19). La lectura en la sinagoga de Nazaret finalizó con las palabras “a proclamar el año favorable del Señor”. 


Es evidente que Jesús hacía distinción entre el día de la proclamación de la buena nueva y “el día de la venganza de nuestro Dios”, el cual puede referirse tanto a la destrucción de Jerusalén por los romanos, con todo lo que este evento significó para el pueblo, como a los juicios finales de Dios sobre este mundo.

4. El lenguaje debe ser examinado con la máxima meticulosidad. 


Siguiendo un principio básico de la hermenéutica general, los textos proféticos en principio tienen que ser interpretados literalmente. Las excepciones a esta regla deben ser garantizadas por la misma Escritura. Sin embargo como ya hicimos notar, la comprensión literal de un pasaje no excluye el reconocimiento de lenguaje figurado en algunas partes del mismo.

El lugar del nacimiento del Mesías aparece claramente en Miqueas 5:2, y se habría cometido un gran error si alguien, antes de Cristo, espiritualizando este pasaje o sometiéndolo a cualquier tipo de manipulación exegética, hubiese localizado el cumplimiento de esta profecía en una población que no hubiese sido Belén.

5. En los textos de carácter apocalíptico debe prestarse especial atención a las peculiaridades de este género literario. 


Sobresale el libro de Daniel, considerado como el Apocalipsis del Antiguo Testamento. Junto a él puede alinearse el libro Zacarías. En opinión de ciertos autores pueden incluirse también en la literatura veterotestamentaria de este tipo el libro de Joel y los capítulos descriptivos de las visiones de Ezequiel y por supuesto el libro de Apocalipsis. 

Como rasgos distintivos de la apocalíptica, sobresalen la visión como vehículo preferente de revelación, el uso abundante de símbolos –en especial de figuras de animales- y de números, reiteradas referencias al conflicto entre Dios y las fuerzas del mal, a menudo representadas por los reinos de este mundo o sus líderes, las alusiones al ministerio de los ángeles, la perspectiva universal de sus predicciones y el énfasis del juicio divino y el triunfo del reino de Dios al final de la historia.

6. Es conveniente tener en cuenta el carácter recopilatorio de los textos proféticos. 


Muchas veces aun dentro de una misma sección, el texto puede referirse a temas o a hecho muy distanciados entre sí, con alternancia no siempre lógica del pasado, del presente y del futuro. El exégeta deberá, por consiguiente, delimitar las secciones de cada libro y establecer la relación que puedan tener entre sí o con otros textos similares.

7. Los temas especiales han de considerarse a la luz de todo el contexto profético. 


Debe procederse a un estudio comparativo de los textos referentes a cada uno de los temas, primeramente en el libro correspondiente al texto y después en los restantes libros. Tal estudio mostrará si el contenido textual es simple, con referencia a un solo acontecimiento –o persona- o si por el contrario es complejo y tiene facetas diversas que indican variados momentos y formas de cumplimiento. Por ejemplo el “día de Yahvé" puede ser estudiado en los libros de Isaías, Joel y Jeremías, Mateo y Pedro.

8. Debe precisarse si una predicción es condicional o incondicional, es decir, si su cumplimiento depende o no de condicionamientos humanos. 


Algunos de los anuncios proféticos tenían un carácter netamente incondicional. Dependían exclusivamente de la voluntad de Dios y se harían realidad independientemente de lo que los hombres hicieran o dejaran de hacer. Por ejemplo, los relativos al Mesías como Rey y Salvador. 

Pero el cumplimiento de otras predicciones dependía del comportamiento humano. Los vaticinios referentes al juicio divino sobre Israel habrían sido anulados si el pueblo se hubiese arrepentido de sus pecados y se hubiese vuelto sinceramente a su Dios.

9. Ha de precisarse si la predicción se cumplió ya o si todavía a de tener cumplimiento. 


Muchos pasajes bíblicos se refieren a hechos que tuvieron lugar de un modo casi inmediato (1 R. 21:17 y ss., por ejemplo); en otros casos, al cabo de algunos años (el retorno de los judíos del cautiverio babilónico) o de siglos (el advenimiento del Mesías). 

No pocas predicciones esperan todavía un cumplimiento futuro. Y algunas, como vimos, son de tipo mixto o múltiple. Se cumplieron en determinados momentos históricos del pasado y tendrán un nuevo cumplimiento al final de los tiempos.

En cuanto a la determinación del momento y la forma del cumplimiento de una profecía, haremos bien en no olvidar que las cosas sólo se ven claras cuando lo profetizado se hace historia. Antes, dada la complejidad y las dificultades de la profecía, es muy fácil caer en la perplejidad o en el error. 

Esta fue la experiencia de los antiguos judíos ante los textos relativos al Mesías en los que se entremezclaban los rasgos gloriosos propios de un rey con los de la humillación distintiva de un siervo. Sólo las realidades de la consumación escatológica iluminarán definitivamente los puntos que ahora son vistos de modo diverso.