LA MARIPOSA, UNA ILUSTRACIÓN CRISTIANA


Un hombre encontró la caperuza de una mariposa, justo en el momento cuando estaba saliendo de allá adentro.

En eso vio cuando apareció una pequeña apertura. El hombre estuvo sentado por largas horas observando la mariposa mientras estaba intentando de forzar su cuerpo a través de ese pequeño orificio. Pero, entonces parecía como que se detuvo en su progreso. Parecía como que ya no podía más y que había ido hasta donde podía.

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Así que, el hombre decidió ayudarle a la mariposa. Con unas tijeras le quitó el resto de la caperuza a la mariposa, y la mariposa pudo salir así fácilmente. Pero, tenía un cuerpo hinchado y sus alas pequeñas y encogidas.

El hombre continuó observando esperando que en cualquier momento las alas se fueran agrandando y que se extendieran para poder volar. También estaba esperando que la hinchazón de su cuerpo empezara a bajar y se contrajera. Pero, eso no ocurrió. 

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Incluso, la mariposa tuvo que permanecer así por el resto de su vida, arrastrándose por todas partes con un cuerpo hinchado y alas que no se pudieron desarrollar y, ¡La mariposa nunca pudo volar!

Lo que ese hombre no pudo comprender era que, las limitaciones impuestas por el capullo y el esfuerzo de la mariposa para salir por esa pequeña apertura era la forma en que Dios lo había diseñado para que forzara el fluido en su cuerpo y que pasara a sus alas, haciéndolas crecer y así, podría volar. Ese esfuerzo estaba diseñado para ayudarle a la mariposa a desarrollar.

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Demasiadas veces, las luchas y pruebas, y el esfuerzo que se requiere para sobrepasarlas es lo que necesitamos en la vida. Si Dios permitiera que pasáramos por la vida sin obstáculos, sin tener que hacer esfuerzos, eso no nos ayudaría, sino que nos paralizaría y nos detendría en nuestro desarrollo y crecimiento. No seríamos lo suficientemente fuertes como deberíamos serlo. ¡No podríamos volar

LO QUE APRENDEMOS CON ESTA REFLEXIÓN SOBRE LA MARIPOSA


· Le pedí fuerza, y Dios me dio dificultades para que me hicieran fuerte.

· Le pedí sabiduría, y Dios me dio problemas para que los solucionara y aprendiera.

· Le pedí prosperidad, y Dios me dio un cerebro y la fuerza para trabajar.

· Le pedí valor, y Dios permitió peligros en mi vida para que los sobrepasara.

· Le pedí amor, y Dios me rodeó de gente en problemas para que yo las ayudara.

· Le pedí favores, y Dios me dio oportunidades.

· No recibí nada de lo que quería, pero sí recibí lo que necesitaba.

En conclusión, lo que aparentemente nos hace las cosas difíciles es lo que al final nos ayuda a crecer y hacernos más fuertes.