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PRÉDICA DE FELIPE AL ETÍOPE EUNUCO


FELIPE Y EL ETÍOPE EUNUCO, SERMÓN

Felipe predica al eunuco etíope

Felipe y el Eunuco


Texto: Hechos 8:26-40, Texto clave: Hechos 8:36
"Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿Qué impide que yo sea bautizado?

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En los primeros años de la expansión de la iglesia cristiana la obra misionera era la prioridad en el pensamiento de los discípulos, en su lista de prioridades estaba la misión de predicar el evangelio que Cristo les había encomendado, entre estas prioridades estaba predicar, predicar, predicar.

Esto ayudaba y promovía esa sensibilidad en cada uno de los miembros de estar atentos al llamado del Señor Jesús. Eso ocurrió en la vida de Felipe, el diácono y evangelista (Hechos 21:8) cuando un ángel del Señor le habló para tratar el tema de la salvación con un funcionario africano (un etíope eunuco) que regresaba de la fiesta en Jerusalén y se dirigía a su país de origen, Etiopía.

Este encuentro marcaría la vida de este funcionario etíope eunuco, y no solo la de el, sino también la de su familia y posiblemente también la de su país Etiopía.

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En este tema se aborda la necesidad de ser obediente y diligente para cumplir la misión evangelística, hacer una valoración de los alcances de salvación proclamado por los discípulos y vamos a reflexionar acerca de la salvación que es para toda la humanidad.

OBEDIENCIA DE FELIPE Y TRABAJO EVANGELIZADOR


Algo que debemos aprender de Felipe es que él estaba atento a la voz de Dios, y pendiente de lo que el Señor quería que él hiciera. Aunque estaba teniendo mucha aceptación en Samaria y el evangelio se estaba propagando por esa región, el Señor decidió enviarlo en otra misión y en esta ocasión le correspondió llevar a la luz de Cristo a un funcionario etíope.

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Felipe fue obediente al llamado de Dios, y se dirigió solo al camino poco transitado entre Jerusalén y Gaza. Precisamente allí, en el lugar menos esperado, el Señor tenía planeado un encuentro especial de salvación.

¿POR QUÉ EL ETÍOPE EUNUCO ANDABA EN LA FIESTA DE JERUSALÉN?


Por cientos de años, se formó una comunidad judía en Etiopía, que se conoce como Bet-Israel (Lit. Casa de Israel). Se cree que ellos son descendientes de la reina de Sabá que, según la leyenda, la reina de Sabá tuvo un hijo de Salomón, a quien llamó Menelik, y era conocido por el sobrenombre de "Hijo de Sabio". Al alcanzar su mayoría de edad, la reina lo envió a conocer a su padre Salomón en Jerusalén. Allí se encargó de que su hijo aprendiera sobre su cultura y su fe en el Dios de Isarael.

Cuando el joven regresó a Etiopía, Salomón envió con él a levitas y ministros para que siguieran educándolo. También se cree que le dio un regalo especial: Una réplica del arca del pacto, la cual los judíos etíopes guardan hasta hoy.

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Actualmente el estado de Israel reconoció que los judíos en Etiopía eran verdaderos judíos, no solo por su fe sino por su sangre. A partir de 1977, se permitió legalmente que los judíos etíopes puedan hacer el retorno a Israel, luego de que su judaísmo se ha comprobado.

Luego de esta reseña histórica, podemos entender más la conexión que existe entre Etiopía y Jerusalén, y podemos entender mejor el encuentro entre Felipe y el eunuco etíope.

¿QUÉ ES UN EUNUCO?


Aquí Lucas se refiere al etíope como eunuco. Un eunuco es un hombre que ha sido castrado, en tiempos bíblicos eso era una práctica común, no en Israel, pero en las naciones gentiles era una medida para evitar que los funcionarios, quienes tenían acceso abierto al palacio real, pudieran involucrarse con las mujeres del palacio, que solían ser muchas.

Como los eunucos no podían tener familia, se dedicaban por completo a servir al rey. Por ello, los altos puestos de gobierno venían a un alto costo personal. Esta práctica era mal vista en Israel (Deuteronomio 23:1) sin embargo, hay un versículo muy especial de Isaías que habla sobre los eunucos que, aunque no eran aceptos por su estado físico, el Señor les abrirá las puertas de su reino a aquellos que se acerquen a él y cumplan sus mandamientos, produciendo así fruto espiritual. Lo anterior también aplica a los extranjeros (Isaías 56:1-7).

¿CÓMO PODRÉ ENTENDER EL EVANGELIO SI ALGUNO NO ME ENSEÑARE? (Hechos 8:31-35)


El eunuco y la pregunta que le hizo a Felipe


Evidentemente, la visita del funcionario a Jerusalén no era diplomática sino religiosa. El etíope eunuco fue al templo a adorar, probablemente llevando ofrendas. El hecho que estuviera leyendo Isaías revela mucho, ya que no cualquiera tenía rollos de las escrituras, los cuales estaban escritos en hebreo (A menos que estuviera leyendo la traducción al griego, la Septuaginta o versión de los 70, la única en ese tiempo, aunque ese idioma también hubiera sido extranjero para el etíope eunuco)

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Felipe no se impone sobre el eunuco. Felipe le hace una pregunta y le da la oportunidad de pedir ayuda si la necesita. Felipe lleva paciencia y fe, usa un método tan sutil y muy respetuoso, pero el Espíritu ha guiado a Felipe hasta aquí. Seguro que el Espíritu no permitirá que se le cierre la puerta ahora.

Los que esperamos rendir testimonio cristiano a nuestra cultura hemos de tomar nota de este método. Dios en su plan salvador siempre tiene todas las naciones bajo control, tiene la palabra, tiene los elementos humanos que están a su disposición para hacer su voluntad, tiene el tiempo y los sujetos a quienes desea salvar. En esta parte entra la vida del eunuco de Etiopía.

Posiblemente este etíope eunuco tenía muchas posibilidades económicas, quizás con mucho conocimientos seculares, pero como le ha ocurrido y le sigue ocurriendo a muchos seres humanos, no tienen conocimiento de Dios ni de su palabra, de allí la pregunta de Felipe ¿Entiendes lo que lees

Posiblemente todos los que estamos en Cristo le hayamos hecho esa pregunta a alguna persona inconversa que lee algún texto bíblico y que nos damos cuenta que tiene problemas para comprenderlo, pero talvez no reaccionamos para ser partícipes de esa bendición y ayudar a los que están alejados de la salvación. 

En este caso Felipe no actuó así sino que reaccionó obedeciendo la voluntad del Señor y se acercó al eunuco que ante la pregunta de Felipe dio una respuesta lógica, pero con otra pregunta ¿Cómo podré entender si alguien no me enseña? Esta pregunta es tan natural que nos debe responsabilizar a realizar la obra evangelística para ganar más personas para Cristo. 

El etíope eunuco no podía comprender lo que decía Isaías 53:7-8. Gracias a dos mil años de tradición cristiana, reconocemos inmediatamente estos versículos en referencia a Jesús de Nazaret, su muerte en la cruz, su humillación, su silencio ante el sanedrín y aquellos que le atormentaron. 

Este eunuco no tiene el beneficio de dos mil años de tradición, por esto necesitaba ayuda pastoral para llegar a Cristo que en ese momento solo se pudo haber suministrado a través de Felipe. 

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A esto se refiere el apóstol Pablo que hace varias interrogantes cuando escribe a los hermanos en Roma cuando dice:

"¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicaran si no fueren enviados? como está escrito: ¡Cuan hermoso son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Romanos 10:14-15)

Las escrituras nos revelan la gran responsabilidad que el apóstol le está transmitiendo a los hermanos que están en Roma y los concientiza a realizar la labor de la proclamación de las buenas nuevas, porque hay una gran bienaventuranza en este trabajo, esa misma demanda está destinada a nosotros, los que hemos llegado a la luz de Cristo.

LA REVELACIÓN DEL MENSAJE DEL EVANGELIO, LA OBRA DE SALVACIÓN (Hechos 8:36-40) 


Felipe explica al eunuco 


Viajando el evangelista Felipe y el eunuco le explica la historia de Jesús de Nazaret y lo acontecido, este último ya convencido nos dice la historia bíblica que llegaron donde había agua y surge la pregunta "¿Qué impide que yo sea bautizado?" ¿Fue esta una decisión precipitada? De ningún modo.

El eunuco etíope era un judío prosélito, así pues, ya adoraba al Dios de Israel y poseía cierto conocimiento de las escrituras, aunque con sus limitaciones, tenía también cierto conocimiento del mesías, de todas formas su conocimiento era incompleto. 

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El eunuco etíope, al recibir esta información trascendental, relativa a la función de Jesucristo, captó lo que Dios requería de él y estuvo dispuesto a acatarlo, por lo tanto, era apropiado que se bautizara. 

Existen muchas especulaciones acerca del tiempo en que Felipe tardó enseñando al etíope, hay predicadores que afirman que el viaje duró días, otros que fueron semanas, la realidad que el tiempo que haya dilatado en este caso no era lo importante, sino el nivel de comprensión y la revelación que el eunuco obtuvo para creer que Jesús era el mesías esperado y que solo en él podía alcanzar salvación. 

No es de sorprenderse que en ese momento el evangelio se estaba expandiendo mas allá de Jerusalén, el Señor quería que el mensaje llegara también a los creyentes de Etiopía, pero también a otros lugares y allí envió el Señor a Felipe y a los demás seguidores. 

Al concluir el encuentro con el etíope eunuco, Felipe se encontró en azoto (ciudad) y por donde pasaba, anunciaba el evangelio en todas las ciudades hasta que llegó a Cesarea. 

En conclusión, al inicio de la iglesia cristiana, la proclamación del evangelio fue una prioridad para los discípulos de Jesús de Nazaret. El objetivo fue predicar las buenas nuevas del evangelio de Cristo. 

En estas escrituras hemos visto como Felipe el diácono y evangelista fue sensible para escuchar y atender la voz de un ángel del Señor que lo enviaba a cumplir la obra misionera a un funcionario africano, el eunuco de Etiopía, cuya experiencia cambiaría por completo su vida, la de su familia y posiblemente la de su país. 

Abordamos también la necesidad de ser obedientes y diligentes para cumplir la obra misionera que se nos ha encomendado, también valoramos los alcances de salvación que proclamaron los discípulos de Jesús y reflexionamos en una realidad divina: que la salvación es para toda la humanidad.

Así que estimados hermanos meditemos en el ejemplo de Felipe y cumplamos la voluntad de nuestro gran redentor Jesucristo