EL APÓSTOL PABLO EN FILIPOS

Pablo en Filipos, el carcelero de Filipos

En los capítulos anteriores leemos sobre la actitud de Pablo con sus acompañantes al esperar que el Espíritu Santo les dijera donde iban a predicar. Se les prohibió ir al oeste como al norte; y tuvieron que ir a Troas. Allí, en una visión, Pablo recibió las instrucciones de embarcarse para Europa.

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Es loable reconocer que estos varones esperaron con paciencia la dirección divina. Pablo y sus compañeros fueron receptores de la imprescindible bendición de Dios, ahora nos corresponde hacer un recorrido de cuatro acontecimientos que se dieron:

1) La llegada a la ciudad de Filipos
2) La conversión de Lidia
3) Son siervos del Dios Altísimo
4) La conversión del carcelero de Filipos

LA LLEGADA A LA CIUDAD DE FILIPOS


Pablo y sus compañeros están a punto de entrar en Macedonia. El escritor Lucas manifiesta que los misioneros, saliendo de Troas navegaron hacia Samotracia y de allí se dirigen a la ciudad de Filipos, que es la ciudad principal de Macedonia.

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Aparentemente Pablo, Silas y Timoteo no encuentran dificultad en su viaje, además se cree que el viento les fue favorable de modo que al atardecer del primer día de navegación llegan a la isla llamada Samotracia. Esta isla no tenía puerto, por tal razón, obligaba a los marineros a echar anclas donde les fuera posible.

Lucas expresa que al día siguiente el barco continúa su viaje hasta arribar a Neápolis, puerto de Macedonia. Los hermanos salieron de allí hacia Filipos, que quedaba a unos 18 kilómetros al noroeste de Neápolis.

Esta ciudad de Filipos fue conquistada por el imperio romano en el año 168 a.C. y su fuente de trabajo era las minas. Augusto le concedió a la ciudad de Filipos el derecho de la ley italiana, y la administración de la ciudad fue organizada siguiendo el modelo de Roma.

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Muchos veteranos que pertenecían al ejército romano se establecieron en esta colonia. Como ciudadanos romanos, eran protegidos por la ley romana, no podían ser sometidos a azotes, y tenían el derecho de apelar en caso de ser arrestados. Los colonos gozaban de los mismos derechos y privilegios como si fuera su tierra parte de Italia.

A la llegada a Filipos, los misioneros se encuentran con una población que su mayoría eran romanos, es posible que los judíos que residían allí eran pocos, ya que no se hace mención de sinagoga. Según los rabinos, para establecer una sinagoga se necesitaba diez varones que fueran cabeza de familia como mínimo.

LA CONVERSIÓN DE LIDIA


Es importante mencionar que el escritor nos ofrece un panorama en relación a la conversión de esta mujer llamada Lidia ya que expresa que en un día de reposo salieron fuera de la ciudad y se dirigieron al río donde tenían conocimiento que se reunían personas para orar y el Señor abrió el corazón de Lidia para que respondiera a las palabras dichas por Pablo.

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Lucas nos narra que una de las mujeres presentes en el lugar de oración era Lidia. Esta mujer es nacida en Tiatira, ciudad ubicada en el distrito de Lidia, en el lado occidental de Asia Menor, y había salido de Tiatira a establecerse al otro lado del mar Egeo.

Lidia se había asentado en Filipos donde se dedicaba a la venta de telas de púrpura; se puede concluir, entonces, que Lidia pertenecía a la clase de comerciantes ricos y era dueña de muchos bienes.

Es interesante observar que esta mujer llamada Lidia, siendo gentil, había llegado a ser una creyente en el Dios de Israel y los del entorno la calificaban como una mujer temerosa de Dios (Hechos 10:2; 13:16,26, 50). Podemos decir que los judíos no la habían aceptado plenamente como una conversa.

En la ciudad de Filipos, todos los días de reposo, Lidia adoraba fielmente en el lugar de oración. Cuando Pablo y sus compañeros de viaje enseñaron el evangelio de Cristo, ella escuchó con atención sus palabras.

Lucas atribuye que la conversión de Lidia se debe al Señor y no a Pablo, es por esta razón que podemos considerar que la salvación no es cuestión de trabajo de hombre, sino del Señor. No es la palabra en sí, sino el Señor mismo (Lucas 24:45) quien abre los corazones del hombre.

El resultado es que Lidia responde al mensaje de Pablo y acepta al Señor como su salvador, manifiesta su fe y es bautizada en el nombre de Jesucristo y luego los miembros de su casa siguen su ejemplo.

El escritor no está interesado en proveer detalles acerca de la familia de Lidia sino en presentarla como el núcleo de la naciente iglesia de Filipos y se constituye como la primera mujer del continente Europeo que creyó en Jesucristo y se bautizó en su nombre. Lidia desea expresar su gratitud a Pablo y a sus compañeros y les ruega que se hospeden en su casa.

Es relevante mencionar que una mujer gentil está pidiendo a cuatro hombres (Tres judíos y un gentil) a que sean sus huéspedes, y los embajadores aceptan la invitación a quedarse,  desde allí aprovechan a seguir enseñando el evangelio de Cristo y haciendo más grande la iglesia.

EL ENCUENTRO DE PABLO CON LA MUCHACHA CON ESPÍRITU DE ADIVINACIÓN


Es importante resaltar que cuando la iglesia empieza a crecer, Satanás que siempre ha sido enemigo del avance de la obra del Señor, trata de obstaculizar el trabajo. En el libro de los Hechos Lucas nos refleja varios acontecimientos de este tipo:

Por ejemplo, en Samaria, Simón el mago ofreció a Pedro y a Juan dinero para que le dieran el poder para que a cualquiera a quien impusiera las manos recibiera el Espíritu Santo (Hechos 8:18-19)

En la isla de Chipre, Elimas se opuso a Pablo y Bernabé al tratar de persuadir al procónsul Sergio Pablo a que no creyera en Jesucristo (Hechos 13:7-8)

Igualmente, en Filipos, Satanás usa a una muchacha poseída de un demonio para estorbar el trabajo de los misioneros.

Una muchacha que tenía un espíritu de adivinación


El escritor sagrado narra que mientras iban al lugar de la oración, le sale al encuentro una muchacha que tenía un espíritu de adivinación. Lucas describe que ella tenía un espíritu de nombre pitón, que se traduce como adivinación.

La palabra pitón hace referencia a la legendaria serpiente que guardaba el oráculo de Delfos, un santuario en la Grecia central, pero que fue muerta por el dios de la profecía, Apolo. Años más tarde, el término empezó a significar un espíritu de adivinación que habitaba en un médium.

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Así como la sacerdotisa de Apolo en Delfos podía predecir el futuro, así esta pequeña esclava servía a sus amos en Filipos prediciendo la suerte. Era un instrumento de los demonios, quienes la usaban como una portavoz, y se había constituido en una lucrativa fuente de ganancias para sus dueños.

Siervos del Dios altísimo


Es notable observar que la muchacha poseída reconoce quien era Pablo y sus acompañantes, comienza a anunciar a gran voz "Estos hombres son siervos del Dios altísimo, que proclaman a ustedes el camino de salvación".

Es posible que la confesión anterior pareciera correcta, pero el conocimiento no es de una persona que ha creído en Cristo Jesús, sino de Satanás quien a través de esta muchacha, trata de destruir la efectividad de la predicación del evangelio.

En primera instancia no podemos perder de vista que Pablo no le ha pedido a esta muchacha que le presagie su futuro; en cambio puede comprender que las fuerzas de Satanás están operando en ella. De hecho, si el apóstol hubiera aceptado el testimonio de Satanás sin un adecuado discernimiento, estaría dando crédito al maligno y aprobando así sus motivos.

Es por esta razón que el apóstol Pablo confronta al demonio en el nombre de Jesucristo, el resultado de esta reprensión es que la muchacha queda libre y sus dueños pierden de esta manera su valiosa fuente de ganancias, generando en ellos una reacción violenta e hicieron que Pablo y Silas fueran arrestados

LA CONVERSIÓN DEL CARCELERO DE FILIPO


El escritor sagrado señala que después que fueron arrestados Pablo y Silas, los magistrados habían dado orden que se aplicara severo castigo, y se le encarga al carcelero que los vigile cuidadosamente. Después que lo azotan dan la orden que se les encadene los pies para evitar que escape. 

El escritor Lucas manifiesta que a media noche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, mientras los otros presos les escuchaban. En lugar de lamentarse por el dolor que estaban sufriendo, la pérdida de sangre, el hambre y la sed, los misioneros se vuelven a Dios. Primero en oración y luego cantando alabanzas a su nombre. 

En este instante en el cual estaban Pablo y Silas, se señala que hubo un fuerte terremoto tan violento que hasta los cimientos de la prisión se estremecían. Y de un golpe, todas las puertas de la prisión de abrieron y todas las cadenas se soltaron

Es interesante resaltar que Dios a través de los fenómenos naturales revela también su poder y majestad al liberar a estos varones de las cadenas porque no es el hombre sino Dios el que tiene el control final de todo. 

El carcelero de Filipos


Cuando el carcelero de Filipos se despertó y vio abierta todas las puertas sacó su espada con la intención de quitarse la vida considerando que los presos habían escapado. Pablo le gritó "no te hagas nada porque todos estamos aquí". El carcelero de Filipos sabía que si un preso escapaba, él tenía que pagar con su propia vida.

Al carcelero de Filipos se le dijo: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa


Es importante valorar la actitud de este carcelero de Filipos dándose cuenta que Pablo y Silas son siervos del Dios altísimo y es por esta razón, cuando él ve todo lo sucedido y con temor pregunta ¿Qué debo hacer para se salvo? El apóstol inmediatamente da la respuesta: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. 

En otras palabras, Pablo le estaba manifestando al carcelero de Filipo, que lo que aconteció no fue por casualidad sino que el poder del que andan predicando (Jesucristo) se ha manifestado. 

En conclusión, es importante reconocer que cuando se asume la responsabilidad de predicar el evangelio en las diferentes esferas de la vida, siempre habrá obstáculos, dificultades, pero debemos creer que la obra es del Señor Jesucristo y es por esta razón que debemos esforzarnos a dar a conocer lo que Él ha hecho por nosotros.