Portada » Sermones y Predicaciones » Bosquejos Bíblicos » La mujer encorvada: bosquejo sobre la libertad que Jesús da

La mujer encorvada: bosquejo sobre la libertad que Jesús da

Publicidad

Texto base: Lucas 13:10-17
Tema: La autoridad compasiva de Jesús para libertar
Propósito: mostrar que Jesús ve al que sufre, actúa con autoridad para libertar y confronta una religiosidad que pierde de vista la misericordia de Dios.
Idea central: La sanidad de la mujer encorvada revela que Jesús no fue indiferente a su aflicción: la vio, la llamó, la libertó y mostró que hacer el bien nunca contradice el verdadero propósito de la voluntad de Dios.

Introducción: dieciocho años encorvada, un instante delante de Jesús

Lucas 13:10-17 presenta a Jesús enseñando en una sinagoga durante el día de reposo. Entre quienes estaban allí había una mujer que llevaba dieciocho años sufriendo una condición que la mantenía encorvada y le impedía enderezarse.

No conocemos su nombre.

Tampoco Lucas nos cuenta toda su historia.

Pero sí nos dice algo decisivo: Jesús la vio.

La mujer no aparece interrumpiendo la enseñanza ni clamando para llamar la atención. La iniciativa parte de Cristo. Jesús la ve, la llama y pronuncia sobre ella palabras de libertad.

El relato cambia rápidamente de una mujer que no podía enderezarse a una mujer que “se enderezó luego, y glorificaba a Dios”.

Este bosquejo forma parte de los 35 bosquejos bíblicos listos para predicar. Puedes consultar también otros bosquejos para predicar.

Si necesitas un mensaje completamente desarrollado y no solamente una estructura para preparar tu propia predicación, puedes explorar los sermones escritos listos para predicar.

I. La mujer llevaba dieciocho años bajo una aflicción que no podía vencer

Lucas describe su condición con pocas palabras, pero suficientemente claras:

“andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar” (Lucas 13:11).

Dieciocho años muestran que no estamos frente a una molestia momentánea.

Su limitación era prolongada y real.

El tiempo de la aflicción no puso un límite al poder de Jesús

Para aquella mujer, dieciocho años constituían una parte considerable de su vida.

Pero cuando Jesús intervino, la duración del problema no determinó el resultado.

Este punto ofrece una aplicación pastoral importante sin convertir el relato en una promesa de que toda enfermedad será sanada inmediatamente: ninguna situación está fuera del conocimiento y autoridad de Cristo por el simple hecho de haber durado mucho tiempo.

Hay creyentes que enfrentan circunstancias que no se resuelven rápidamente. La duración de una prueba no significa que Dios haya dejado de verla.

Lucas relaciona este caso concreto con una atadura satánica

Más adelante Jesús declara:

“a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años…” (Lucas 13:16).

Debemos respetar exactamente lo que el texto dice.

En este caso, Jesús relacionó la condición de la mujer con una atadura de Satanás. Pero el pasaje no enseña que toda enfermedad, discapacidad o sufrimiento físico deba atribuirse automáticamente a una acción directa del diablo.

La enseñanza central aquí es que la atadura no fue más poderosa que la autoridad de Jesús.

Aquello que había permanecido durante dieciocho años tuvo que ceder cuando Cristo declaró su libertad.

II. Jesús la vio, la llamó y la libertó

Lucas 13:12 concentra la iniciativa en Jesús:

“Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad.”

Observa la progresión:

Jesús la vio.
Jesús la llamó.
Jesús le habló.
Jesús puso sus manos sobre ella.

La mujer no aparece ganándose la atención del Señor mediante alguna acción extraordinaria.

La escena destaca la compasión y autoridad de Cristo.

Jesús vio a quien otros podían pasar por alto

En una sinagoga llena de personas, Jesús prestó atención a una mujer concreta y a su necesidad.

Esto nos recuerda que el Señor no trata a las personas como una multitud anónima. Él conoce la condición de quienes están delante de Él.

En el ministerio cristiano también necesitamos aprender esa mirada.

Podemos estar tan ocupados con programas, enseñanzas, horarios y actividades religiosas que dejemos de mirar a las personas que están sufriendo delante de nosotros.

El relato de Lucas nos recuerda que el ministerio de Jesús combinaba verdad, autoridad y compasión.

La palabra de Jesús produjo una libertad real

Jesús declaró:

“Mujer, eres libre de tu enfermedad”.

Después puso sus manos sobre ella y el texto afirma:

“ella se enderezó luego”.

No encontramos un proceso prolongado ni una recuperación parcial dentro de este relato.

La sanidad fue inmediata.

Pero Lucas no dirige nuestra admiración simplemente hacia el milagro. La reacción de la mujer señala hacia Dios:

“y glorificaba a Dios”.

La obra recibida produjo adoración.

Ese es un principio que debemos conservar: cuando Dios obra, la gloria debe regresar a Él.

III. El principal de la sinagoga vio un problema donde Jesús había producido libertad

La reacción del principal de la sinagoga introduce el conflicto central del relato.

Mientras la mujer glorificaba a Dios, él se indignó porque Jesús había sanado en sábado.

Entonces dijo:

“Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo” (Lucas 13:14).

Es significativo que no cuestione que la mujer haya sido sanada.

Su objeción está relacionada con el día en que Jesús la sanó.

Una interpretación religiosa puede perder de vista a la persona

El dirigente de la sinagoga estaba preocupado por su interpretación de lo permitido en el sábado, mientras una mujer que había sufrido dieciocho años acababa de ser libertada.

Jesús mostró la contradicción mediante una comparación sencilla:

“cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber?”

Después añadió:

“Y a esta hija de Abraham… ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?”

El argumento es poderoso.

Si ellos podían desatar a un animal para atender una necesidad cotidiana durante el sábado, ¿cómo podía ser incorrecto desatar a una hija de Abraham de una aflicción que había padecido durante dieciocho años?

Jesús no estaba despreciando la voluntad de Dios.

Estaba exponiendo una manera de interpretarla que había perdido de vista la misericordia y el bien que el propio Dios desea.

IV. Jesús la llamó “hija de Abraham”

La expresión merece atención:

“esta hija de Abraham”.

El principal veía una infracción relacionada con el sábado.

Jesús veía una mujer que pertenecía al pueblo del pacto y que necesitaba ser libertada.

Durante todo el relato Lucas nunca nos proporciona su nombre, pero Jesús le reconoce públicamente una identidad mucho más importante que su enfermedad.

Ella no era únicamente:

“la encorvada”.

Era hija de Abraham.

Nuestra condición no agota nuestra identidad

Con frecuencia las personas terminan siendo conocidas por aquello que padecen, por algún fracaso, por una limitación o por una etapa difícil de su historia.

Esta mujer ha llegado hasta nosotros incluso con una descripción basada en su condición física: “la mujer encorvada”.

Sin embargo, Jesús no la redujo a esa condición.

Él vio a una persona.

Ese detalle también debe influir en la manera en que la iglesia mira a quienes llegan heridos, limitados o necesitados. Las personas son más que sus problemas.

La compasión cristiana no consiste únicamente en identificar necesidades, sino también en reconocer dignidad.

V. La respuesta correcta a la obra de Jesús es glorificar a Dios

Lucas termina el relato mostrando dos respuestas.

Los adversarios de Jesús quedaron avergonzados.

El pueblo, en cambio:

“se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él” (Lucas 13:17).

Y la propia mujer, desde el momento de su sanidad, glorificaba a Dios.

El relato comienza con sufrimiento y termina con adoración.

Comienza con una mujer que no podía enderezarse y termina con una mujer erguida glorificando al Señor.

No permitamos que la religión nos impida celebrar la misericordia de Dios

La pregunta para la iglesia es necesaria:

¿Nos alegramos cuando Dios restaura una vida?

Es posible conocer normas religiosas, defender prácticas correctas e incluso ocupar posiciones de responsabilidad y, aun así, perder sensibilidad hacia las personas.

Jesús no sacrificó la verdad para mostrar misericordia.

Mostró que la verdadera obediencia a Dios nunca necesita convertirse en indiferencia hacia el sufrimiento humano.

Por eso la iglesia debe ser un lugar donde la verdad bíblica y la compasión no compitan entre sí.

Aplicación: ¿qué debemos predicar de la mujer encorvada?

Este relato permite llevar a la congregación varias verdades concretas.

Jesús ve a la persona que sufre.

Jesús posee autoridad sobre aquello que mantenía atada a esta mujer.

La duración de una aflicción no limita el conocimiento ni el poder de Cristo.

La religión pierde su propósito cuando una interpretación humana termina siendo utilizada para impedir la misericordia.

Y cuando Dios obra, la respuesta correcta es glorificarlo.

No necesitamos convertir a la mujer encorvada en símbolo de todas las enfermedades, todos los problemas emocionales o todo pecado humano para que su historia sea poderosa.

Lucas 13 ya contiene un mensaje suficientemente fuerte: una mujer atada durante dieciocho años encontró en Jesús autoridad, compasión y libertad.

Conclusión: Jesús vio a la mujer encorvada

La mujer entró en aquella escena sin que conozcamos su nombre.

Sabemos que llevaba dieciocho años encorvada.

Sabemos que no podía enderezarse.

Pero también sabemos que Jesús la vio.

La llamó.

Le habló.

Puso sus manos sobre ella.

Y la mujer se enderezó y comenzó a glorificar a Dios.

Mientras algunos discutían si aquel era el momento apropiado para hacer el bien, Jesús mostró que una hija de Abraham no debía continuar atada cuando había llegado el momento de su libertad.

Ese es el centro del mensaje.

Cristo no fue indiferente a su aflicción, y ninguna tradición humana pudo impedir la obra que Él decidió realizar.

Cuando prediques este pasaje, no centres el mensaje únicamente en una espalda encorvada.

Predica acerca de Jesús: el Señor que ve, llama, liberta y merece toda la gloria.

Y si este bosquejo se utilizará en una reunión o enseñanza dirigida especialmente a mujeres, puedes continuar con otros temas para mujeres cristianas que desarrollan enseñanzas bíblicas para esta audiencia.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

Más sobre el Autor

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.    Más información
Privacidad