Por Steven Ritchie

El credo de Nicea original del 325 d.C. no es trinitario

El Credo de Nicea del 325 d.C

El credo de Nicea del 325 d.C.


1. Los Principales Voceros de los Ganadores en el Concilio de Nicea del 325 d.C, Fueron Marcelo de Ancira (un Unicitario) y Atanasio de Alejandría (un Semitrinitario)

En el Concilio de Nicea en el 325 d.C., hubo voceros que representaron a grupos más grandes. Marcelo de Ancira y Eustaquio de Antioquía representaron al modalismo (unicidad), Atanasio representó al semitrinitarismo, y Arrio de Alejandría y Eusebio de Nicomedia representaron al arrianismo.


Unicitarios y semitrinitarios para formular el credo de Nicea


La evidencia histórica nos informa que los creyentes unicitarios (Los monarquianos modalistas) se aliaron con los semitrinitarios para formular el Credo de Nicea en el 325 d.C., con el fin de contrarrestar la amenaza arriana que negaba la divinidad de Jesucristo

El credo de Nicea firmado por modalistas y semitrinitarios


El credo de Nicea original


Lo anterior explica por qué los modalistas y los semitrinitarios pudieron firmar el original Credo de Nicea, mientras que los arrianos no lo pudieron hacer. Si los semitrinitarios de principios del siglo 4° hubieran sido verdaderos trinitarios ortodoxos, entonces no habrían formulado un credo que respaldó al modalismo/unicidad. [Se entiende por trinitarismo ortodoxo a la doctrina que dice las tres personas divinas y distintas son coeternas, cosustanciales y coiguales. Aquí en este artículo se llama semitrinitarios a quienes creían en tres personas divinas pero no creían en la coeternidad, la consustancialidad o la coigualdad]

Por lo tanto, los semitrinitarios que se aliaron con los modalistas en contra del arrianismo para formular el Credo de Nicea en el 325, no pudieron haber sido verdaderos trinitarios ortodoxos.

Atanasio, Alejandro de Alejandría y otros semitrinitarios de principios del siglo 4° no eran verdaderos trinitarios ortodoxos, ya que la doctrina trinitaria aún no estaba completamente desarrollada. Cualquier lector casual notará que el original Credo de Nicea no usa las palabras “Trinidad” o “tres personas”, ni explica claramente la doctrina trinitaria como los otros Credos que vinieron después. 

El credo de Nicea del siglo IV no fue un verdadero credo trinitario


Por lo tanto, el Credo de Nicea de principios del siglo 4° no fue un verdadero Credo trinitario, ya que era un Credo comprometido que favorecía fuertemente al monarquianismo modalista o unicidad (“sabelianismo”).


El historiador de la Iglesia Jaroslav Pelikan, escribió que Marcelo de Ancira “demostró ser una vergüenza para la ortodoxia de Nicea”, porque él y otros monarquianos “sabelianos” se encontraban “entre los firmantes del 325” (Jaroslav Pelikan, The Emergence of the Catholic Tradition, Vol. 1, Pg. 207). 

Si el original Credo de Nicea hubiera sido un Credo trinitario completamente desarrollado, ¿Por qué los monarquianos modalistas se encontraron entre los firmantes del 325? Esto hace obvio que el original Credo de Nicea del 325 fue lo suficientemente vago como para que tanto los semitrinitarios así como los modalistas (unicitarios) pudieran firmar el mismo Credo.

Bajo el “Monarquianismo”, la Nueva Enciclopedia Advent dice: “En el siglo cuarto, los arrianos y semiarrianos profesaron tenerle mucho miedo [a la teología monarquiana modalista], y de hecho la alianza del Papa Julio y Atanasio con Marcelo [el principal orador de los monarquianos modalistas en el 325 en Nicea] dio un poco de color a las acusaciones contra la fórmula de Nicea, ya que abrió el camino al sabelianismo”. (New Advent Encyclopedia – Monarchians.  https://www.newadvent.org/cathen/10448a.htm). 

Se dice que el credo de Nicea abrió el camino al Sabelianismo


¿Cómo podría decirse que la antigua fórmula de el credo de Nicea “abrió el camino al Sabelianismo” si el Credo de Nicea del 325 hubiera sido un verdadero Credo trinitario? Los arrianos y los semiarrianos le tenían mucho miedo al monarquismo modalista o unicidad, porque por todo el imperio había numerosos obispos modalistas que se habían aliado con los obispos semitrinitarios para vencer en Nicea a los arrianos y semiarrianos. Por lo tanto, la alianza del campo de Atanasio con el campo de Marcelo, ayudó a evitar que en Nicea el arrianismo ganara la aceptación del emperador romano Constantino.

El historiador de la Iglesia, B. B. Edwards, escribió: “Atanasio [un semitrinitario] y Marcelo obispo de Ancira [un modalista], parecen haber sido los dos oradores principales en nombre del partido ortodoxo, y haber sido los agentes de quienes dependieron la mayoría de las acciones del Concilio”. (The Biblical Repository and Quarterly Observer. By B. B. Edwards. Volume Fifth— Nos. XVII, XVIII. Andover: Gould and Newman, Publishers and Printers. Boston: Perkins, Martin And Co. 1835. Under Remarks on Niceae, Page 291).

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Aquí tenemos la evidencia para demostrar que tanto los semitrinitarios como los modalistas (o unicitarios) trabajaron juntos contra el arrianismo para desarrollar el Credo de Nicea original del año 325 d.C. 

Dado que los primeros escritores cristianos reconocieron que Marcelo de Ancira fue un monarquiano modalista, sabemos que el modalismo/unicidad tuvo una influencia definitiva en la formulación del original Credo de Nicea. 

Cuando consideramos el hecho de que Atanasio y Marcelo eligieron usar la palabra “homoousian” (de la misma sustancia), el cual fue un término que propuso originalmente Sabelio, podemos ver claramente la influencia de la unicidad o “sabelianismo” en la redacción original utilizada en el Credo de Nicea del 325 d.C.

En los “Tratados selectos de San Atanasio - En Controversia Contra los Arrianos”, tenemos la evidencia histórica para demostrar que Atanasio en el Credo de Nicea original usó algunas palabras que había presentado originalmente Sabelio.

“Se ha observado que el término griego “homoousian” o “consubstancial”, que favoreció Atanasio de Alejandría, fue en realidad un término que propuso Sabelio...” (Select Treatises of St. Athanasius - In Controversy With the Arians - Freely Translated by John Henry Cardinal Newman - Longmans, Green, and Co., 1911, footnote, page 124).

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Se ha reportado que Sabelio usó algunas de las mismas palabras exactas que luego se usaron en el Credo de Nicea, como “Luz de Luz” y “de una misma sustancia (consubstancial) con el Padre”.

El Dr. Thomas Browning, graduado del Seminario Teológico de Dallas, escribió: “Sabelio podría decir que Jesús era 'Luz de luces' e incluso 'homoousian'. Jesús era 'Luz de luces' en el sentido de que era COMO UN RAYO DEL SOL, emanado del Padre. Era 'homoousian' en el sentido de que era de la misma sustancia que el Padre”. (The History of the Doctrine of Justification, Chapter one "The Person of Christ" Post Tenebras Lux, Page 5 © 2010 Thomas R. Browning).

Thomas Browning dijo también sobre el Credo de Nicea: “Si observas la séptima línea, notarás la frase “luz de luz”. Mientras que en la novena línea, notarás la frase “consustancial al Padre”; que es la traducción de “homousias”. Ahora, ¿Wué vamos a concluir con respecto a estas dos frases? Parece que el Credo de Nicea es completamente sabeliano, o que ocurrió algo tan gigantesco en proporciones, que la iglesia sintió la necesidad de volver a lenguaje que había sido previamente condenado para combatir lo que sea que fuere esta nueva súper amenaza (el arrianismo)”. (The History of the Doctrine of Justification, Page 6).

Thomas Browning continúa: “Ahora aquí está la parte interesante. En el Concilio de Antioquía (en el 267), la iglesia repudió la idea de que Cristo fuera 'homousias' con el Padre. Cambiaron la frase 'homousias' por la frase 'homoiousias'. La diferencia entre las dos palabras es extremadamente importante, aunque en el griego la diferencia entre las dos palabras es de solo una letra. El énfasis puesto en la diferencia de una letra, llevó a Edward Gibbon a escribir en La Decadencia y Caída del Imperio Romano, que nunca en la historia del mundo se había gastado tanta energía en una sola vocal”. (The History of the Doctrine of Justification, Page 6).

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Sin embargo, es importante tener en cuenta que no fue la iglesia en su conjunto la que condenó a Sabelio (un unicitario) y a Pablo de Samosata (un monarquiano dinámico) en el 267, sino solo un pequeño segmento de líderes cristianos profesos en las cercanías de Antioquía, y que en ese momento todavía no existía la Iglesia Católica Romana como una institución religiosa. Por esta razón, se entiende la aceptación en el Credo de Nicea, de las frases que había dicho anteriormente Sabelio.

2. El credo de Nicea original armoniza con la teología de la unicidad de Dios


Los pentecostales unicitarios pueden afirmar el Credo de Nicea original, ya que el Credo fue vago y podía interpretarse a favor de la teología de la Unicidad. El único grupo que no pudo haber afirmado el antiguo Credo de Nicea fueron los arrianos.

El Credo de Nicea se abre con las palabras:


“Creemos en un solo Dios Padre Omnipotente, Creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles”.

Los pentecostales unicitarios afirmamos las palabras iniciales del credo de Nicea


Los pentecostales unicitarios afirmamos las palabras iniciales del Credo de Nicea, porque nosotros creemos que solamente Dios el Padre creó “todas las cosas” que son las obras de sus manos (Salmo 8:6, 92:4, 143:5; Hebreos 2:6-13), y que el Hijo no creó nada como el Hijo.

“y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre”.

Los pentecostales unicitarios también podemos estar de acuerdo con esto, porque nosotros creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, quien es el Hijo unigénito del Padre (literalmente “único Hijo engendrado”) al ser “hecho” (Hebreos 2:17- “hecho semejante sus hermanos”), “reproducido” o “copiado” (kharakter – Hebreos 1:3 “la reproducción –la imagen misma– de su Persona”) de la sustancia del Ser del Padre para formar un ser humano cuando el Espíritu Santo del Padre descendió desde el cielo sobre la virgen. Por lo tanto, el Hijo es el que nació de la “sustancia del Ser” del Padre (Hebreos 1:3 “hipóstasis”) como la imagen del invisible Padre hecho carne como un Hijo humano visible a través de la encarnación por medio de la virgen.

El trinitario e historiador de la Iglesia, B. B. Edwards, comentó: “Al volver al Credo de Nicea, como se muestra arriba, el lector cuidadoso percibirá que la doctrina de la Trinidad no se desarrolla de tal manera que satisfaga las demandas de la regla que establece abajo el Dr. Schleiermacher, como lo requieren los sentimientos piadosos de los cristianos, o las demandas hechas por los principios estrictos que respetan la doctrina de la Trinidad como ahora se sostienen de manera más general”. (“The Biblical Repository and Quarterly Observer. Page 292).

B. B. Edwards señaló: “Además, en la misma faz del Credo de Nicea encontramos que se reconoce solo al Padre como la Mónada de la Divinidad: “Creemos en un solo Dios Padre Omnipotente, Creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles; y en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, es decir, de la sustancia del Padre, etc.”. Jesucristo, como se nos presenta aquí, no es el único Dios, sino el único Señor que fue engendrado de la sustancia del único Dios o el Padre, etc. El Padre entonces, como se presenta en este Credo (Niceno), no es simplemente una persona distinta, es decir, no solo una de las tres personas, y en igualdad con las otras dos, sino que es la mónada original, independiente y autoexistente”. (“The Biblical Repository and Quarterly Observer, Page 295).

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El credo de Nicea original nos habla del único Dios verdadero 


Según el Credo de Nicea original, el único Dios verdadero es el Padre que creó los cielos y la tierra, y el Hijo de Dios es el “unigénito” de “la sustancia del único Dios o el Padre”. Por lo tanto, solo Dios el Padre “es la mónada original, independiente y auto existente”, en lugar de las otras dos supuestas personas divinas coiguales de una Trinidad. 

Por lo tanto, el Credo de Nicea original no fue en lo absoluto un Credo trinitario definitivo, ya que en realidad apoya la creencia unicitaria de que el Hijo es la sustancia del Ser del Padre que más tarde se convirtió en un ser humano como el niño nacido y el Hijo dado (Isaías 9:6).

“Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”.


Como ya lo vimos, El Dr. Thomas Browning, declaró que la teología monarquiana modalista de Sabelio fue influyente en el Credo de Nicea, y reportó que Sabelio utilizó algunas de las mismas palabras exactas que luego se usaron en el Credo de Nicea, tales como “Luz de Luz” y “de una misma sustancia (consubstancial) con el Padre”. Él escribió:

“Pero el hombre más representativo del monarquianismo modalista fue un hombre llamado Sabelio (222 d.C.). Sabelio fue mucho más sofisticado que Noeto... Sabelio trató de resolver el problema utilizando la ilustración del sol y sus rayos. El Padre era el Sol. Jesús es considerado un rayo dominante. Él fue proyectado por un tiempo y luego volvió a la sustancia del Padre... Sabelio podría decir que Jesús era 'Luz de luces' e incluso 'homoousian'. Jesús era 'Luz de luces' en el sentido de que era COMO UN RAYO DEL SOL emanado del Padre. Era 'homoousian' en el sentido de que era de la misma sustancia que el Padre”. (The History of the Doctrine of Justification, Page 5).

Las palabras “Dios de Dios” son muy similares a las palabras “Yahweh... de Yahweh” encontradas en Génesis 19:24. “Entonces el Señor [YHWH] hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte del Señor [YHWH] desde los cielos”.

Las Escrituras inspiradas dicen que “Yahvé (Dios) hizo llover Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Yahvé (Dios) desde los cielos”, demostrando que el Espíritu de Dios actúa en la tierra desde el Espíritu de Dios en los cielos. Por lo tanto, no hay mucha diferencia entre “Yahvé” Dios, “de parte de Yahvé” (Dios) y “Dios de Dios” en el Credo de Nicea original. 

Con una correcta comprensión de la omnipresencia de Dios, los modalistas podrían haber estado de acuerdo con eso. El Único Dios verdadero que es el Padre, entró en una nueva existencia al hacerse hombre. Él nació como un ser humano, por lo que también puede ser llamado “Dios de (desde) Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”. 

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Los modalistas pudieron estar de acuerdo con estas palabras al afirmar que el hombre Cristo Jesús también es llamado Dios (pero no como dos personas divinas coiguales). Ya que el único Dios verdadero que es el Padre también se convirtió en un hombre verdadero, éste también es llamado ese mismo Dios porque el Hijo es el resplandor y la gloria de la sustancia del Padre siendo reproducida como un ser humano (Hebreos 1:3, 2:17; Mateo 1:20; Hechos 2:36). ¡Mientras no estemos hablando de dos personas divinas coiguales y coeternas, los pentecostales unicitarios podemos adherirnos a esta sección del Credo de Nicea!

Sigue diciendo el credo de Nicea: “Engendrado, no hecho, consustancial [homousion] al Padre”.


Incluso los trinitarios académicos están de acuerdo en que la naturaleza humana, el cuerpo y el espíritu del Hijo de Dios fueron creados por su concepción y nacimiento virginales, porque Dios nunca tuvo una naturaleza humana, un cuerpo humano o un espíritu humano antes de la encarnación

Sin embargo, tanto los teólogos unicitarios como los trinitarios están de acuerdo en que la verdadera divinidad de Cristo nunca podría haberse hecho. Por lo tanto, el que se convirtió en el Hijo fue “engendrado” (literalmente “nacido”) pero no hecho, porque el que se encarnó siempre ha sido el Dios inengendrado sin principio en el tiempo. 

Por lo tanto, las palabras “engendrado (nacido), no hecho”, podrían interpretarse a favor de las teologías de la unicidad y la trinidad. El Hijo fue “hecho” al ser concebido y nacido de una mujer, pero el que se convirtió en ese niño nacido e hijo dado es el mismo Dios no creado que estuvo con nosotros como hombre


Por lo tanto, la verdadera identidad de Aquel que fue engendrado nunca podría haberse hecho. Así que las palabras “engendrado no hecho, de una sola sustancia con el Padre”, podrían haber sido fácilmente interpretadas a favor de la unicidad y del trinitarismo.

El Credo de Nicea: “A través del cual todas las cosas fueron hechas, las que hay en el cielo y las que hay en la tierra”.


El autor unicitario David Bernard, escribió: “Dios, por su omnisciencia sabía que el hombre pecaría, y también sabía que a través del Hijo el hombre podría salvarse y cumplir su propósito original. En su libro ¿Es Dios Una Trinidad?, John Miller afirma: 'Aunque Él no recogió su humanidad hasta la plenitud del tiempo, sin embargo la utilizó y actuó sobre ella desde toda la eternidad'” (David Bernard, Theology: The Oneness of God).

1 Pedro 1:20 declara que el Hijo de Dios fue “destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”. Por lo tanto, Dios el Padre creó todas las cosas a través del Hijo, en el sentido de que el Padre usó a su Hijo preordinado y actuó sobre su Hijo preordinado para crear todas las cosas “en él”, “a través de él” y “para él” (Colosenses 1:16). 

Las Escrituras prueban que todas las cosas fueron creadas a través de la palabra (logos) impersonal de Dios (Salmo 33:6, “Por la palabra de Yahvé fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos POR EL ALIENTO DE SU BOCA” / Juan 1:2-3), que luego se convirtió en el hombre Cristo Jesús. 


Dado que el Hijo preexistió a su nacimiento como el “pensamiento”, la “sabiduría” y la “mente” expresada de Dios (un aspecto del propio Dios Padre) que era impersonal antes de que esa palabra (logos) más tarde se hiciera carne como persona humana (Romanos 4:17), toda la creación se basó en el futuro Hijo que tuvo su comienzo por su engendramiento en la virgen. Así, los pentecostales unicitarios pueden afirmar que “en él”, “a través de él” y “por él”, “todas las cosas fueron hechas”.

El credo de Nicea: “quien por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, y se hizo hombre, padeció, y resucitó al tercer día, subió a los cielos, y ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”.


Ya que Jesucristo es la misma Persona Divina, o la misma Sustancia del Ser del único Dios verdadero que es el Espíritu del Padre, los pentecostales unicitarios no tienen problemas para entender que el Señor Jesucristo es el Espíritu Santo Divino que descendió del cielo para convertirse en el Niño Cristo (“el Señor es el Espíritu” – 2 Corintios 3:17). 

Ya que la verdadera identidad de Jesucristo es el Espíritu Santo del Padre que se hizo hombre, Jesús es la misma identidad divina que el Espíritu de Dios Padre que descendió del cielo (Juan 6:38; Lucas 1:35) y fue hecho carne (Juan 1:14) como un hombre verdadero (un hijo humano – Hebreos 2:17).

El credo de Nicea: “Y en el Espíritu Santo”.


Note que el Credo de Nicea no dice nada del Espíritu Santo como una tercera persona divina en una deidad de tres personas. Dado que los pentecostales unicitarios creemos en el Espíritu Santo como la manifestación del único Dios verdadero que es el Padre, entonces nosotros creemos en el Espíritu Santo como el Espíritu de nuestro Padre celestial que actúa y baja del cielo para manifestar su presencia y poder en su creación.

2.1. El Credo de Nicea: La porción de los anatemas del credo


El credo de Nicea: “Más a los que afirman: Hubo un tiempo en que Él no existía y antes de ser engendrado no existía”.


Los creyentes unicitarios definitivamente afirman que el Dios que se encarnó como un niño nacido e hijo dado, preexistió a su concepción y nacimiento virginales. Por lo tanto, podemos afirmar la anatematización de que es una falsa doctrina decir que “antes de ser engendrado no existía”. Sin embargo, si solo nos estamos dirigiendo al humano Hijo de Dios y al Hijo del Hombre (el Hijo humano tuvo un comienzo), estaríamos totalmente en desacuerdo con la declaración anterior de la anatematización que dice: “Hubo un tiempo en que Él no existía”. En cambio, si nos referimos a la divinidad de Aquel que se convirtió en ese niño nacido e hijo dado, podemos estar de acuerdo en que el Dios inengendrado siempre ha existido, porque nunca hubo un momento en el que el único Dios verdadero “NO EXISTÍA” antes de convertirse también en un Hijo humano dentro de la virgen. 

Los creyentes unicitarios afirman que el aspecto humano de la existencia del Hijo como Hijo, no fue una existencia sin tiempo o eterna. Por lo tanto, los pentecostales unicitarios pueden interpretar adecuadamente y estar de acuerdo con la parte de la anatematización del Credo de Nicea, todas las veces que nos estemos dirigiendo a la divinidad de Jesucristo que siempre ha permanecido igual “ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8), ya que el aspecto humano de la existencia del Hijo como hombre tuvo un comienzo en el tiempo, pero el aspecto divino de su existencia nunca pudo haber tenido un comienzo en el tiempo.

El Credo de Nicea: “y que fue hecho de la nada”.


Los teólogos unicitarios afirman que el Hijo de Dios entró en existencia desde la sustancia del Ser del Padre (Hebreos 1:3) reproducida como un verdadero ser humano. Por lo tanto, el Hijo de Dios no podría haber sido “hecho de la nada”. Jesús nació de la virgen siendo engendrado desde la sustancia del Ser del Espíritu Santo del Padre (Lucas 1:35; Mateo 1:20; Hebreos 1:3) que descendió del cielo. Por lo tanto, Jesús preexistió a su concepción virginal como el eterno Espíritu de Dios antes de su nacimiento (“no hecho”).

El Credo de Nicea: “o los que dicen que es de otra hipóstasis o de otra sustancia”.


Los antiguos modalistas afirmaron que el Hijo fue concebido a partir de la sustancia del ser del mismo Dios Padre, mientras que antes del Concilio de Nicea en el 325 d.C. los semiarrianos y los semitrinitarios afirmaron que el Hijo era “una sustancia diferente” o “una sustancia similar” de Dios el Padre. 

Por lo tanto, la teología monarquiana modalista siempre ha afirmado que Jesús no es de otra sustancia o esencia divina distinta del Padre, porque su deidad es de la misma sustancia que el Padre (Hebreos 1:3) – Dios con nosotros como un hombre.

David Bernard, escribió: “Irónicamente, otra frase en el mismo anatema no armoniza con el trinitarismo moderno, pues condena a aquellos que dicen que el Hijo es de otra “sustancia” o “esencia”, usando dos palabras griegas que básicamente eran sinónimos en ese momento: hipóstasis y ousia. Pero como se verá adelante, la formulación trinitaria oficial del tardío siglo cuarto, es: “una ousia (sustancia) y tres hipóstasis (personas)”. 

Por supuesto, los participantes de Nicea no usaron estos términos en su sentido técnico posterior, pero… la terminología de la fórmula de Nicea es inconsistente con… el trinitarismo moderno”. (David Bernard, La Controversia Trinitaria en el Siglo Cuatro).

El Credo de Nicea: “o que el Hijo de Dios es cambiable o mudable”.


Los trinitarios académicos admiten que la nueva existencia humana del Hijo fue creada por su concepción virginal (su carne humana, su espíritu humano y su naturaleza humana tuvieron que haber sido creados), pero el que se convirtió en ese niño humano nacido e hijo dado, siguió siendo Omnipresente, Increado e Inmutable, y continuó llenando los cielos y la tierra mientras el Hijo existía simultáneamente en la tierra como un hombre

De un modo similar, los unicitarios admiten que la esencia del ser divino del único Dios verdadero que es el Padre, permaneció inmutable como el Dios Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente, mientras que su propio brazo sagrado se reveló como el hombre Cristo Jesús (Isaías 53:1, 59:16, 52:10). Dado que la verdadera identidad del Hijo es el Dios fuerte y el Padre eterno (Isaías 9:6), los pentecostales unicitarios pueden estar de acuerdo en que el Dios que se convirtió en el Hijo nunca fue creado.

El Credo de Nicea: “los anatematiza la iglesia católica y apostólica”.


Ignacio de Antioquía escribió alrededor del año 107 d. C.: “Allí donde aparezca el obispo, debe estar la comunidad; tal como allí donde está Jesús, está la iglesia católica” (literalmente: “la iglesia universal”). (Ignacio a los Esmirnianos, Capítulo 8. Traducción de Alfonso Ropero).

La palabra “católico” simplemente significa “universal”. Ignacio de Antioquía utilizó por primera vez las palabras “iglesia universal”, por lo que no tenemos ningún problema con las palabras “universal” o “católica” en el contexto de los primeros escritos cristianos.

Al igual que los trinitarios, los pentecostales unicitarios rechazan a todos los que no creen en la plena deidad de Jesucristo, porque creemos que Jesucristo es el único Dios verdadero que también se hizo hombre. 

Por lo tanto, los obispos monarquianos modalistas de principios del siglo 4° no habrían sido perseguidos ni desterrados por el Credo de Nicea original del año 325 d. C., mientras que los arrianos sí habrían sido perseguidos y desterrados por dicho Credo.

3. Después del concilio de Nicea


Eusebio de Nicomedia respalda a Arrio


Durante el Concilio de Nicea en el 325, Arrio estuvo respaldado por Eusebio de Nicomedia, pero Eusebio finalmente firmó el Credo. A pesar de esto, un par de meses después del Concilio, Eusebio fue condenado al exilio. Sin embargo, Eusebio consiguió recuperar la confianza imperial, y regresó en el 329 consiguiendo que toda la maquinaria gubernamental se pusiera de su lado para imponer el arrianismo en toda la iglesia cristiana.

Eusebio de Nicomedia, que se había ganado el favor de Constantino, pudo convencer al emperador para que volviera su defensa hacia los arrianos y semiarrianos. Constantino luego reinstaló a Arrio y comenzó a perseguir a los que creían en la deidad de Cristo

Por lo tanto, los modalistas (unicitarios) así como los nuevos semitrinitarios fueron juntamente perseguidos como herejes por la Iglesia del Estado Romano. El mismo emperador Constantino que convocó y ratificó el Credo de Nicea en el 325, más tarde cambió de opinión al ponerse del lado de los arrianos y semiarrianos. Por lo tanto, cesó la persecución contra los arrianos, mientras que comenzó la persecución contra los modalistas y los semitrinitarios.

Según Jaroslav Pelikan, Eustaquio de Antioquía quien fuera un destacado líder modalista, “reprochó a Eusebio por desviarse de la fe de Nicea, y [Eustaquio] a su vez fue acusado de sabelianismo [modalismo]. Eustaquio fue acusado, condenado y depuesto en un sínodo en Antioquía. La gente de Antioquía, siempre propensa a disturbios, se rebeló contra esta acción...” (The Emergence of the Catholic Tradition, Vol. 1, Pg. 205-206).

Por lo tanto, existe una fuerte evidencia para sostener que los antiguos modalistas firmaron el Credo de Nicea porque realmente creían que era compatible con el modalismo (unicidad).

Eustaquio prefirió morir en el exilio, que renunciar a su creencia en la deidad de Cristo la cual había afirmado en Nicea en el 325. Aparentemente, la mayoría de los seguidores de Eustaquio también rechazaron las decisiones de la Iglesia Estatal, al rebelarse contra el envío de su líder al exilio. Del mismo modo, la mayoría de los actuales pentecostales unicitarios también tenemos fuertes convicciones, y preferimos morir antes que obedecer a los hombres por encima de Dios.

Los voceros presentes en Nicea, en verdad representaron a multitudes que creían como ellos. Por esta razón, es evidente que para la primera mitad del siglo cuarto muchas personas por todo el imperio creían en la unicidad

Incluso, si los arrianos no hubieran sido también un grupo muy grande entre las multitudes cristianas profesantes, ¿Por qué Constantino cambió de opinión y declaró posteriormente que el arrianismo era ortodoxo? Inclusive los historiadores trinitarios señalan que muchos de sus primeros padres fueron identificados como semiarrianos, en el sentido de que creían que el Hijo tuvo un inicio, fue creado y estaba subordinado al Padre.

“Después de que Eustaquio fue removido, los eusebianos procedieron contra Atanasio, un oponente mucho más peligroso. En el 334 fue convocado ante un sínodo en Cesarea, al cual sin embargo no asistió desconfiando de sus oponentes. Al año siguiente fue convocado nuevamente ante un sínodo en Tiara en el que presidió Eusebio. Atanasio, adivinando el resultado, fue a Constantinopla para presentar su causa ante el emperador. El emperador llamó a los obispos ante su corte, entre ellos a Eusebio. Atanasio fue condenado y exiliado a finales del 335. En el mismo sínodo, otro oponente fue atacado con éxito, Marcelo de Ancira (q.v.) que se había opuesto por mucho tiempo a los eusebianos, y que recientemente había protestado contra la reinstitución de Arrio”. (The Emergence of the Catholic Tradition, Vol. 1, Pg. 207).

Constantino murió en el 337, solo dos o tres años después de exiliar a Eustaquio, Marcelo y Atanasio, porque ellos creían en la deidad de Cristo y seguían creyendo en el Credo de Nicea. Por lo tanto, la evidencia histórica demuestra que el Credo de Nicea original del 325, no es explícitamente trinitario, y que tanto los trinitarios como los modalistas (unicitarios) podían afirmarlo. El mismo emperador que exilió a los arrianos en el 325, unos diez años después se puso claramente del lado de los arrianos.

Los datos históricos prueban que el modalismo en realidad contribuyó al desarrollo del Credo de Nicea en el 325, y que los primeros obispos modalistas pudieron firmar ese Credo de Nicea porque no era explícitamente trinitario.

Pero para el Concilio de Constantinopla en el 381, la religión estatal dio un giro hacia el trinitarismo y estableció el Credo Niceno-Constantinopolitano.

4. El Credo Niceno-Constantinopolitano del 382 d.C. o Credo de Nicea revisado


El Credo de Nicea revisado


Los pentecostales unicitarios no pueden estar de acuerdo con el Credo Niceno-Constantinopolitano del 381 d.C. que revisó al Credo de Nicea, debido a las palabras adicionales que hablan de adorar al Espíritu Santo como una entidad distinta. Los creyentes unicitarios nunca pueden estar de acuerdo con el Credo de Nicea-Constantinopla que agregó estas palabras al original Credo de Nicea.

“Y en el Espíritu Santo, el Señor y dador de la vida, que procede del Padre, quien con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado, y quien habló por los profetas. Y en una santa Iglesia católica y apostólica”.

Los pentecostales unicitarios rechazamos el Credo de Nicea-Constantinopla del 381 d.C., 


Rechazamos este Credo de Nicea-Constantinopla del 382 d.C., porque las Escrituras no apoyan la adoración del Espíritu Santo como una entidad separada. Nosotros adoramos en espíritu y en verdad al único Dios verdadero que es el Padre. Cuando adoramos a Jesús, adoramos la completa encarnación de ese único Dios verdadero que es el Padre. El Espíritu Santo no es otro que el Espíritu omnipresente del único Dios verdadero que es el Padre, una manifestación del mismo Dios verdadero.

El Credo de Nicea: “Reconocemos un bautismo para la remisión de los pecados; buscamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero. Amén”.


La mayoría de los protestantes, bautistas y evangélicos no pueden suscribirse al Credo Niceno-Constantinopolitano del 381, porque no creen que el bautismo sea “para la remisión de los pecados”. Por lo tanto, el Credo en el que ellos profesan creer en realidad los maldice. 

La gran mayoría de los evangélicos no saben que todos los primeros cristianos creían por unanimidad que el bautismo en agua es para la remisión de los pecados y que es necesario para la salvación

Conclusión sobre el Credo de Nicea


Por lo tanto, los pentecostales unicitarios tienen sus raíces en el cristianismo histórico antiguo, mientras que los evangélicos tienen sus raíces teológicas en la teología trinitaria católica romana posterior, pero aun así su creencia de que el bautismo en agua no es necesario para la salvación provino de la reforma protestante posterior, en lugar de la antigua cristiandad histórica tanto de antes como de después del Concilio de Nicea.

Debe tenerse en cuenta que la formulación de un Dios “en tres personas divinas, distintas y coiguales” no se desarrolló en el Credo de Nicea-Constantinopla sino solamente hasta el siglo quinto. También sucedió que por el mismo siglo quinto, en sus concilios ecuménicos, la Iglesia Católica Romana incorporó la mariología.