EL HACER MILAGROS

El hacer milagros. Hombre con sus manos hacia el cielo, las nubes

Don de hacer milagros según 1 Corintios 12


Un milagro es “un acontecimiento que las leyes de la naturaleza no pueden explicar pero que se acepta ser sobrenatural en origen o un acto de Dios.” Es un suceso extraordinario e inusual que suspende o trasciende las leyes de la naturaleza como las conocemos. Incluye la intervención directa de Dios. Por supuesto para Dios todas las cosas son posibles, y lo que nos es un milagro a nosotros, es un procedimiento normal para Él. Dios es el Creador, y como tal Él puede obrar en maneras que son imposibles para nosotros.

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El hacer milagros, un don específico diferente a los demás 


En un sentido común, todas las respuestas a la oración, todos los dones espirituales, y todas las sanidades divinas son milagrosas. (Véase, por ejemplo, Hechos 19:11-12.) Sin embargo, I Corintios 12 identifica “el hacer milagros” como un don especifico diferente de los demás, incluyendo los dones de la sanidad. 

La palabra “hacer” (griego, energema) indica una operación específica de Dios, y puesto que el “hacer milagros” es un don “a” alguien, indica una operación a través, con, o por medio de, un miembro del cuerpo de Cristo. 

El hacer milagros es la intervención de Dios por medio del hombre


Dios puede hacer milagros en las vidas de los inconversos. Pero el don del hacer milagros denota la acción de Dios por medio de Su iglesia. En pocas palabras, el hacer milagros es la intervención sobrenatural de Dios que trasciende las leyes de la naturaleza en una situación y que opera por medio de o con una vasija humana.

EL HACER MILAGROS LO EXPERIMENTÓ LA IGLESIA NEOTESTAMENTARIA


Ejemplos de el hacer milagros en la iglesia 


La iglesia neotestamentaria experimentó el hacer milagros en numerosas ocasiones. El Espíritu transportó a Felipe del desierto de Gasa a Azoto (Hechos 8:39-40). Un ángel le libró milagrosamente a Pedro de la prisión mientras la iglesia oraba por él (Hechos 12:5-11). 

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Los demonios fueron echados fuera de gente endemoniada (Hechos 8:6-7; 19:11-12). Un joven llamado Eutico se durmió durante un sermón largo de Pablo, y se cayó de una ventana del tercer piso, rompiendo su cuello, y murió, pero después de que Pablo le ministró personalmente, resucitó de los muertos (Hechos 20:9-12). Más que la sanidad de una enfermedad o incapacidad, este evento fue un milagro de resurrección y restauración a la vida natural

En igual manera, Dios resucitó a Tabita (Dorcas) de los muertos por medio de las oraciones de Pedro (Hechos 9:36-42). Pablo al ser mordido por una víbora venenosa fue protegido milagrosamente del peligro (Hechos 28:3-6).

Algunos milagros son evidentes solamente a los que creen, mientras los incrédulos ofrecerán una explicación natural o acreditarán el suceso a la suerte o una coincidencia. Sin embargo, otros milagros desafían todas las explicaciones racionales.

Los milagros son extraordinarios y excepcionales


Por definición, los milagros son extraordinarios y excepcionales. Tal como con todos los dones espirituales, debemos esperar el hacer de milagros pero no debemos pensar que podemos hacer milagros para todos los actos de nuestras vidas. Por ejemplo, a pesar del milagro de Felipe, los apóstoles no dependían del Espíritu como su medio normal de transporte. La mayoría de los cristianos del primer siglo quienes fueron arrestados no fueron librados milagrosamente de la prisión, y la mayoría que murió no fue resucitada.

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Hoy en día algunas personas esperan que Dios supla todas sus necesidades, pero Él tiene un plan más natural al hombre para la vida diaria, lo que incluye trabajo arduo, buena mayordomía, y dando de los diezmos y ofrendas. El principio general es “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (II Tesalonicenses 3:10). Algunos envidian las posesiones de otros pero no reconocen que aunque Dios es el que ha bendecido a los dueños, en muchos casos estas posesiones son el resultado de muchos años de trabajo arduo, disciplina, de economizar, ahorrar, y planear.

Debemos confiar en Dios que El suplirá nuestras necesidades, esperando respuestas a nuestras oraciones y el obrar de milagros, pero no debemos descuidar nuestra responsabilidad diaria de actuar prudentemente de acuerdo con las leyes de la naturaleza, la sociedad, y la economía. No demostramos la fe por medio de falta de acción, sino por obras—por hacer todo lo que podemos y todo lo que sabemos hacer.

EL HACER MILAGROS, UNA MANERA EFICAZ DE EXTENDER LA VERDAD Y FORTALECER LA IGLESIA


Los milagros en la iglesia primitiva no solo suplieron las necesidades genuinas, pero eran particularmente eficaces en esparcir el evangelio. (Véase Hechos 9:42.) Dios siempre concede milagros hoy en día como una manera eficaz de extender la verdad y fortalecer a la iglesia.

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Cuando comencé a trabajar en el Colegio para Ministros en Jackson en el año de 1981, el Instituto recién había experimentado un cambio dramático de administración y estaba en una crisis espiritual y financiera. En el transcurso de los próximos cuatro años, Dios nos ayudó a incrementar de una inscripción baja de 163 a un récord de 292. Sin embargo, hablando humanamente, en los primero ciclos, el futuro del Instituto estaba en duda. De hecho, en cierto momento el presidente entró en negociaciones secretas para vender la institución a otro grupo. A través de este período, mucha gente oraba fervientemente para que Dios supliera las necesidades.

Justo antes de que el presidente se entrevistara con los compradores potenciales, un varón metodista que vivía en un barrio cercano entró en mi oficina. El quiso dar diezmos de un ingreso grande proveniente de un proyecto mayor de construcción. Se había mudado a una nueva casa en otro sitio pero no podía vender su casa antigua, entonces decidió donar la casa como medio de dar su diezmo. Su iglesia no necesitaba casa pastoral, y mientras estuvo manejando por la calle vio nuestro Instituto y decidió que quizás tendríamos una necesidad semejante. Después de una conversación preliminar, ofreció donar su casa a nuestro Instituto.

Me puse en contacto con nuestro vicepresidente para arreglar una cita con el dueño de la casa con la intención de ver la propiedad. En rumbo, el dueño preguntó casualmente nuestra afiliación denominacional. El vicepresidente le dijo que éramos Pentecostales, pero en un intento de establecer algo en común, explicó que éramos muy parecidos a los metodistas antiguos. Aunque el hombre dijo que era metodista moderno no canceló su oferta. En el momento de efectuar la transferencia de la propiedad, su esposa dijo, mientras firmaba los documentos juntamente con él, que ella no sabía lo que motivó a su esposo a donar la casa a nosotros.

Desde nuestra perspectiva, su donación era un milagro de Dios en respuesta a mucha oración. Después de vender la casa y pagar su deuda, el Instituto obtuvo una ganancia de sesenta mil dólares. Aquella donación no solo cubrió la necesidad financiera inmediata, sino también proveyó ánimo decisivo y confirmación en un momento crucial.

En el año 1988 nuestro misionero a Europa Oriental me pidió que le acompañara a Bulgaria, que en ese entonces era un país estrictamente comunista, para conducir las primeras reuniones patrocinadas por la iglesia Pentecostal Unida Internacional. Recientemente había hecho contacto con un grupo grande de creyentes que celebraban cultos clandestinamente y quienes habían recibido el Espíritu Santo y estaban interesados en nuestro mensaje. 

Viajamos en auto de Austria a través de Yugoslavia y llevamos un manuscrito de mi libro La Unicidad de Dios traducido en el idioma búlgaro. Lo pusimos en la parte de atrás del auto debajo de un paquete, esperando que los guardias fronterizos pensaran que éramos turistas y no revisarían el auto minuciosamente. Supimos que una revisión minuciosa sin duda descubriría el manuscrito, así que lo más que lo escondiésemos, sería más incriminativo. Si ellos determinaran que habíamos intentado introducirlo como contrabando, las consecuencias para nosotros serían severas.

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Al llegar a la frontera el capitán de la guardia señaló a nuestro carro para una revisión especial. Tuvimos que entrar en un garaje donde un guardia revisó el auto desde la parte posterior a la parte delantera, debajo de la capota, y debajo del chasis. Me preguntó detalladamente acerca de una copia de la revista National Geographic que yo había llevado para lectura personal. Él estuvo tan preocupado sobre esta revista tan inofensiva que yo temía su reacción al descubrir el manuscrito netamente religioso que llevábamos. Oré en forma silenciosa en mi mente y como señal de confianza sonreí ampliamente. 

Mientras el guardia continuaba con su revisión, él descubrió el manuscrito y su mano pasó por encima de él. Estuvo totalmente descubierto, con el título búlgaro claramente legible, pero él ni lo vio. Después de más de una hora de revisión, finalmente el guardia nos despidió. Sabíamos que Dios nos había protegido milagrosamente. 

Mi esposa y yo y nuestros dos hijos viajábamos en nuestro vehículo de Austin a San Luis después de la Navidad en Diciembre de 1990. En Oklahoma encontramos hielo en la pista interestatal y bajé la velocidad. Trágicamente, un camión que estuvo detrás de nosotros nos pasó a alta velocidad y de repente viró abruptamente delante de nosotros para evitar el impacto con un camión remolque que acababa de perder el control. No frené hasta el último momento.

Tan pronto como frené, perdí control de mi vehículo y supe que sería inminente un accidente. Mi esposa exclamó “¡Jesús!” En ese momento, el camión delante de nosotros salió de la pista y se detuvo sin causar ningún daño. Continuamos nuestro viaje alabando a Dios por Su protección. Habíamos estado muy cerca de un gran accidente.

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Mientras tanto, mi suegra en Austin había oído acerca de las condiciones climáticas por donde estuvimos viajando y estuvo muy perturbada. Oró sintiendo una carga pesada hasta que Dios le dio una visión de nuestro vehículo protegido por un ángel. Su visión en sí misma era un milagro y nos confirmó de que Dios había hecho un milagro de protección en medio de nuestra necesidad.

En el mes de Octubre de 1995, en una reunión en nuestra Iglesia en Austin, en un momento crítico Dios nos habló por medio de lenguas e interpretación y nos prometió que pronto veríamos un milagro. Cinco días después en un culto misionero, el abuelo de mi esposa se dobló hacia delante en su asiento y perdió el conocimiento. Dejó de respirar, se puso pálido, y no tuvo pulso. Su cuerpo estaba sin fuerza, su mandíbula caída, la mirada perdida, y su piel estaba fría y sudorosa. Nos juntamos alrededor de él y comenzamos a clamar en el nombre de Jesús.

En el principio no hubo reacción, pero mientras continuábamos orando, él tosió y comenzó a respirar otra vez. Cuando llegó el personal medico de emergencia. Él estaba consciente y bromeando, su color y todos sus signos vitales eran normales.

Después de unos exámenes rigurosos en el hospital, los médicos no hallaron indicaciones de derrame cerebral, infarto, ni ninguna otra condición que fuese riesgosa para su vida, pero sí descubrieron que su arteria carótida estuvo obstruida en un 99% y entonces ellos realizaron una operación de emergencia. Mientras que estaba en el hospital, sufrió un ligero derrame, del cual se recuperó casi totalmente.


Puesto que nunca pudieron hallar ningún daño, los médicos concluyeron que lo sucedido en la iglesia fue un simple desmayo. Sin embargo, los que estuvimos presente estuvimos convencidos que llegó a morir, debido probablemente a un derrame masivo, pero el Señor intervino milagrosamente, revirtió los efectos del derrame, y le levantó de los muertos.