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LA UNIÓN HIPOSTÁTICA DE CRISTO


Por: Jason Dull
Cristología
Jesucristo Completamente Dios, Completamente Hombre

LA UNIÓN HIPOSTÁTICA DE JESUCRISTO, TEOLOGÍA 

Unión Hipostática de Cristo

La Unión Hipostática, Teología


Hasta aquí hemos hablado de la deidad y la humanidad de Jesús, y el hecho de que estas dos naturalezas forman su identidad como el Hijo de Dios. Sólo he tocado esta verdad en sus implicaciones y ramificaciones. Sin embargo, ahora voy a tratar de explicar con más detalle cómo la divinidad y la humanidad existen en Cristo
Aunque Jesús nació en este mundo como cualquier otro hombre, Él fue concebido de una manera muy singular. Él no tuvo un padre humano, sino que fue engendrado por el Espíritu Santo (Mateo 1:20, Lucas 1:34-35). Dios era su propio Padre. Jesús recibió la deidad de su Padre

Él tuvo una madre humana, pero ella concibió en su vientre de una manera diferente a cualquier otra (Gálatas 4:4). En lugar de la relación sexual y la fecundación con el esperma de un hombre, el poder del Altísimo la cubrió con su sombra (Lucas 1:35). Fue en ese momento que Dios se hizo un ser humano al ser un embrión en el vientre de María. Jesús recibió la deidad de su Padre y parte de su humanidad de María (Lucas 1:34-35; Gálatas 4:4). Esto nunca será completamente entendido o comprendido, sino que debe ser aceptado por fe. 

La Unión Hipostática explica la forma en que Jesús fue Concebido



Quiero detenerme un momento sobre la forma en que Jesús fue concebido. La visión tradicional es que esto es un misterio que no puede ser explicado y del que nunca podremos saber cómo ocurrió. Discrepo de esa opinión, porque la Biblia no dice que la mecánica de la concepción es el misterio de la encarnación. 

El misterio es cómo todo el Espíritu auto-existente de Dios pudo convertirse en un ser humano. A pesar de que este misterio se llevó a cabo en el momento de la concepción, la concepción no es el misterio.  

Las Escrituras simplemente afirman que María concibió un hijo del Espíritu Santo, sin abordar cómo ocurrió. Sobre esta base, algunos podrían argumentar que para nosotros no es importante entender cómo se produjo la concepción, ya que Dios no la incluyó en su Palabra. 

Mi respuesta a esta objeción, es que Dios tampoco explicó la forma en que la divinidad y la humanidad existieron en Jesucristo, y sin embargo todavía tratamos de comprender este aspecto de la encarnación

De hecho, el intento de comprender esta unión es la esencia de la cristología. En consecuencia, no se puede decir que no hay que buscar el entendimiento en esta materia porque ésta no se trata específicamente en las Escrituras. 

(También puedes leer: La unicidad de Dios)

Es útil especular, pero sólo cuando al mismo tiempo somos conscientes de que cuando las Escrituras son silenciosas no hay líneas duras de donde se pueda extraer algo. Nuestras conclusiones sólo pueden permanecer como conjeturas, más sin embargo estas especulaciones pueden ser sanas si son basadas sobre el contenido de las Escrituras y de la buena lógica, buscando la armonía con la Palabra de Dios sin contradecirla nunca.

Comúnmente se ha considerado que Jesús recibió toda su deidad de Dios y toda su humanidad de María. Estoy de acuerdo con la primera afirmación, pero esta última no puede ser verdad. Jesús no pudo haber recibido la totalidad de su humanidad de María. Si así fuera, Jesús habría sido una mujer. 


El óvulo de María sólo podía ofrecer cromosomas X. Los cromosomas X producen hembras. Se necesitaba de la presencia del cromosoma Y para tener un hijo varón. Sólo los hombres tienen este cromosoma Y. Sin un aporte de este cromosoma Y, Jesús no pudo haber nacido como un humano varón. ¿Entonces de dónde vino esta influencia genética? La respuesta sólo puede ser que fue suministrada por el Espíritu Santo en la concepción. Erickson señaló lo mismo cuando dijo:  
“Jesús no se produjo solamente desde el patrón genético de María, porque en ese caso habría tenido el efecto de ser un clon de ella, y habría sido necesariamente femenino. Por el contrario, fue aportado un componente masculino. En otras palabras, un espermatozoide se unió con el óvulo proporcionado por María, pero sobre todo, este fue creado especialmente para la ocasión, en lugar de haber sido suministrado por un hombre existente”.[1]

(También puedes ir a la sección de Doctrina Pentecostal)

Debido a que Dios aportó un elemento necesario para la existencia humana de Jesús, es inevitable confesar que Jesús recibió parte de su humanidad del Padre.  

María no fue una mera madre de alquiler para una carne creada por Dios. Ella no fue una especie de incubadora que contuvo una "carne divina". La carne realmente se originó a partir del óvulo de María. Si Jesús no recibió su humanidad de María, entonces no se puede decir que Él es "de la simiente de David". 

La Escritura afirma claramente la contribución que María hizo para la existencia de Jesús. Gálatas 4:4 dice: "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley". La palabra griega traducida "de", en la frase "de mujer", es ek. Esta palabra significa "salir de". Jesús fue hecho de una mujer, Él no fue solamente nacido de una mujer. 

El autor de Hebreos dice que "Él no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham" (Hebreos 2:16). A David le fue prometido que a través de su línea genética, Dios levantaría al Mesías para gobernar en su trono (Salmo 132:11). 

Observemos que si María hubiera sido una incubadora para una carne creada, Jesús aún podía haber sido considerado un ser humano auténtico (pues Adán era un hombre creado que no tuvo una madre humana pero aún seguía siendo completamente humano) pero no habría sido parte de la raza adámica. 

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Si Jesús no fuera parte de la raza de Adán, no podría salvar a los que están separados de Dios por causa del pecado de Adán (Romanos 5:12-21; Hebreos 2:9-10, 2:14-18). Sin duda, María contribuyó a la humanidad de Cristo.
Hay dos palabras griegas que se refieren a la concepción. La primera es gennao que simplemente significa "engendrar" o "nacer". Hace referencia a la concepción del niño, o a su nacimiento. Esta palabra se usa en Mateo 1:20, cuando el ángel le dijo a José: "lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es". 

La otra palabra essullambano que significa "tomar juntos". Cuando esta palabra se utiliza en el contexto de la concepción, se refiere específicamente a la toma en conjunto del espermatozoide y el óvulo, lo que causa la concepción. Por definición, la concepción se refiere a la penetración del óvulo femenino por un espermatozoide masculino.  

Por las palabras del ángel a María, cuando le anunció que iba a ser la madre del Mesías, se puede ver que en la concepción, Dios debe haber contribuido a la humanidad de Jesús. Él le dijo: "Y ahora, concebirás (sullambano) en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS… El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá (gennao), será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1:31, 1:35). 

Hablando sobre el embarazo de Isabel cuando ella tenía en su vientre a Juan el Bautista, el ángel le continuó diciendo, "Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido (sullambano) hijo en su vejez…" (Lucas 1:36). La palabra que se usa para describir la forma en que Elisabet se hallaba con su hijo, es la misma que se utiliza para describir la forma en la cual María se hallaba con su hijo.

El ángel no hizo ninguna diferencia respecto a la manera en que los niños fueron concebidos. [2] Es interesante que Lucas, quien escribió estos versos, fuera un doctor en medicina. Como médico, él utilizó la terminología precisa para explicar cómo María concibió. 

Si hubo un "tomar juntos" de un espermatozoide y un óvulo para la concepción de Elisabet, de la misma manera debe haber ocurrido alguna contribución hecha por Dios al óvulo de María haciendo que éste se abriera, para al mismo tiempo contribuyendo con el cromosoma Y que era necesario para producir un bebé varón. 

No se puede saber si este era un "espermatozoide divino". Sin embargo, hay que confesar que Dios aportó algún elemento a la humanidad de Jesús. Dios no puso su deidad dentro de un cuerpo humano hecho completamente a partir de María, o infundió su Espíritu en un cuerpo humano, sino que en realidad Dios engendró un hijo. Es por eso que comúnmente nos referimos a Jesús como el único Hijo engendrado por Dios.
Es muy posible que cuando la Palabra (el Verbo) se hizo carne, Dios en realidad se convirtió en el espermatozoide que fertilizó el óvulo de María. Si no fue un espermatozoide real el que Dios utilizó para ser el padre del niño, debe haber sido algún tipo de sustancia que aportó los componentes masculinos a los componentes ofrecidos por María... ¿Si no hubo alguna sustancia física que causó la concepción, cómo puede decirse que Dios se hizo carne? (Juan 1:14). 

Independientemente de lo que fuera esta sustancia, no se puede decir que fue creada. Jesús no es un ser creado. Si esta parte de su humanidad fue creada, no se puede decir que Él es realmente Dios. Una creación es siempre independiente del creador. 
Si yo pinto un cuadro, yo no puedo ser ese cuadro ya que yo lo creé. Si Jesús hubiera sido creado, Él sería como una pintura. Sin embargo, Jesús es Dios manifestado en carne. Desde la concepción de Jesús, Dios se hizo un ser humano. Dios no creó al hombre Jesús, ¡Él es el hombre Jesús! Él no se limitó a crear un cuerpo humano para luego vivir en éste. Dios se hizo el cuerpo humano.

Algunos sostienen que Dios hizo que María concibiera de alguna manera espiritual, añadiendo espiritualmente los componentes necesarios para engendrar a un hijo varón. Si esto fuera cierto, entonces Jesús tendría que ser considerado (al menos en parte) un ser creado. Él sólo habría sido el Hijo de Dios en el mismo sentido en que Adán lo fue. Adán era hijo de Dios, porque Dios lo creó. Pero la filiación de Jesús era diferente, ya que Jesús fue engendrado y concebido por el Espíritu Santo.

Unión Hipostática, Definición

El "componente" que fue aportado para la concepción de Jesús no habría sido una sustancia separada de Dios, sino que dicha sustancia habría contenido la esencia de su deidad que habita en el cuerpo de Jesús (Colosenses 2:9). El momento en que esta sustancia se unió con el óvulo de María, debe haber sido el momento en que la deidad y la humanidad fueron traídas en una existencia, formando lo que llamamos la unión hipostática de Cristo.

Independientemente de cómo ocurrió realmente esa unión, sabemos que ocurrió. Jesús recibió toda su deidad y parte de su humanidad de Dios el Padre, y la otra parte de su humanidad fue heredada de su madre María. 

Esta opinión es consistente con la Escritura, de ninguna manera contradictoria, y al mismo tiempo explica los procesos biológicos que sabemos que son necesarios para el nacimiento de un niño. Aquí no se ha tratado de naturalizar el misterio de la encarnación (cómo Dios se hizo un ser humano), sino que se ha tratado de entender el medio por el cual el Espíritu Santo, concibió en la matriz de María.

Debido a que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo y no por un hombre, Él es llamado el Hijo de Dios. Aunque nosotros también somos llamados hijos de Dios (1. Juan 3:2), nuestra filiación es diferente a la de Jesús. Mientras que nosotros somos adoptados como hijos de Dios (Romanos 8:14-17), Jesús nació como el Hijo de Dios (Lucas 1:35). Su ser mismo vino a la existencia por el Espíritu Santo. 

Jesús nunca habría existido sin la contribución hecha por su Padre. Puesto que Dios engendró físicamente a Jesús a través de la concepción milagrosa, Él es el Hijo de Dios en un sentido físico. Nosotros sólo somos hijos de Dios en un sentido espiritual. Nuestra existencia no depende de haber sido engendrados por Dios... Nosotros somos el resultado de la unión física de dos padres humanos. Únicamente podemos llegar a ser hijos de Dios por medio de la adopción por su Espíritu.

 Entonces la diferencia entre Jesús y nosotros, es que la existencia de Jesús tiene su dependencia en su unión con el Espíritu del Padre, mientras que la nuestra no. Daniel Segraves expuso esta verdad cuando dijo:

“El milagro de la concepción virginal, significa que la deidad y la humanidad son tan inseparables en Jesús, como la influencia genética de una madre y un padre es inseparable en su hijo o hija. Así como ningún ser humano puede existir si fuera eliminado todo lo que ha sido contribuido para su existencia por su padre o por su madre, así Jesús no pudo haber existido como el Mesías sin su deidad (aportada por el Espíritu Santo [Lucas 1:34-35]) o su humanidad (aportada por María [Gálatas 4:4])”. [3]

Esta Unión Hipostática Demuestra la Permanencia de la Encarnación


Esta unión demuestra la permanencia de la encarnación. Una vez que Dios asumió la humanidad en su concepción en la matriz de María, adquirió una identidad que mantendrá durante el resto de la eternidad. 

La humanidad de Jesús no es algo que pueda ser desechado o disuelto de nuevo en la deidad, porque por siempre y siempre Él existirá en el cielo como un ser humano glorificado, aunque sea Dios al mismo tiempo. Su humanidad está permanentemente incorporada a la divinidad. [4] 

Dios no sólo vivió en la carne como un hombre, sino que "el Verbo se hizo carne" (Juan 1:14). Dios es ahora un hombre. Esto no significa que Él ya no existe como el Espíritu omnipresente, pero sí significa que su existencia como hombre es a la vez auténtica y permanente

Jesús no se puso simplemente "un manto de carne" cuando vino a esta tierra. Él era más que "Dios con piel". Este tipo de declaraciones implican una separación de las naturalezas en Jesús como si Él fuera dos personas distintas que viven en un sólo cuerpo. Dan a entender que la carne era un mero cascarón y que la deidad se movía en su interior. 


La carne de Jesús no es independiente de la deidad de Jesús. La divinidad y la humanidad en la existencia de Jesús, no deben ser vistas como una especie de "compañeros de habitación" donde dos entidades existen en la misma zona, pero en realidad están separadas la una de la otra. En Cristo, "el Espíritu de Dios estaba inextricable e inseparablemente unido con la humanidad...." [5]

Un ejemplo de la química también podría demostrarlo. Una mezcla o combinación se puede separar en sus sustancias originales después de ser mezclada. Mientras que las mezclas físicas se pueden separar otra vez, los compuestos químicos forman una nueva sustancia en la que las sustancias originales no pueden volver a ser separadas del compuesto. 

Las dos naturalezas en Cristo no deben ser vistas como mezcladas o combinadas entre sí, pues sus dos naturalezas no pueden ser separadas. Siguiendo con este ejemplo de la química, se podría decir que las dos naturalezas de Jesús son como un compuesto químico. 

Por desgracia, cada analogía se rompe en algún punto, y lo mismo puede decirse de éste. La divinidad y la humanidad de Cristo no formaron una nueva sustancia a partir de las dos, pues cada carácter conservó todas sus "propiedades" respectivas. 

La deidad no fue comprometida por la humanidad, y la humanidad no fue comprometida por la deidad; ambas están perfectamente conservadas en su integridad y autenticidad, y sin embargo están unidas en todos los sentidos. 

La deidad no fue oscurecida por la completa humanidad, y tampoco la humanidad fue abrumada por la plenitud de la deidad.  La plenitud de la deidad de Dios se manifiesta en todos los aspectos de su humanidad genuina; integrada y no segregada.

Comúnmente se dice de Jesús, que en ocasiones actuó como Dios y otras veces como hombre. Se explica que como hombre Jesús oraba, comía y dormía. Como Dios sanó a los enfermos, resucitó a los muertos y calmó las tormentas. 

Esto parece implicar una especie de dualidad en Jesús. Estas actividades dan indicación de la realidad de cada naturaleza, pero debe entenderse que las naturalezas de Jesús nunca trabajaron independientes la una de la otra. Sus dos naturalezas existen "sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación; la distinción de las naturalezas de ninguna manera fue quitada por razón de su unión, sino que más bien se conservaron las propiedades de cada una…” [6]

La forma típica de explicar las naturalezas de Jesús, divide su unidad e integración, insinuando que una podría ser "operada" aparte de la otra. Esto casi que reduce a Jesús al Superman que a veces es Clark Kent y en otros momentos Superman después de un cambio rápido en alguna cabina telefónica. 

Jesús no cambia con su actuar en la una o la otra naturaleza. Él no es como el Coyote (del Correcaminos), sosteniendo algunas veces un cartel que dice: "Ahora estoy actuando como hombre", y en otras ocasiones sosteniendo otro cartel que dice: "Ahora estoy actuando como Dios". 

Todo lo que Jesús hizo, lo hizo como Dios manifestado en carne (el Hijo de Dios). No puede haber alguna separación de las naturalezas de Jesús. "La unión de las dos naturalezas no significa que funcionan de forma independiente. Jesús no ejerció su deidad a veces y su humanidad en otros momentos. Sus acciones eran siempre las de la divinidad-humanidad". [7]


[1] Millard J. Erickson, Teología Sistemática  (Grand Rapids: Baker Book House, 1985), 752.

[2] La única diferencia entre las experiencias de Elisabet y María, fue la relación sexual. Elisabet concibió con este método, mientras que María no. María concibió cuando el Espíritu Santo se posó sobre ella (Lucas 1:35). Las relaciones sexuales no deben confundirse con la concepción. Los dos eventos no son lo mismo. La concepción es la unión del espermatozoide con el óvulo (es decir cuando una hembra queda embarazada), y ésta sí fue la similitud entre Elisabet y María
[3] Daniel L. Segraves, Teología Sistemática I (Stockton, CA: np, 1997)
[4] Ibídem
[5] Daniel L. Segraves, Teología Sistemática I (Stockton, CA: np, 1997)
[6] Esta es una cita del Credo de Calcedonia del año 451. Desde entonces, este credo ha sido la declaración relativa a la cristología ortodoxa. Aunque nosotros no basamos nuestra fe o nuestra doctrina en un credo surgido en la historia de la iglesia, éstos pueden ser utilizados para nuestros propósitos cuando están de acuerdo con la verdad bíblica. En este caso, el Credo de Calcedonia concuerda con la verdad bíblica y por lo tanto lo he utilizado aquí.
[7] Erickson, 735