Por: Rigoberto Gómez 
Números 12:15-16 

No detengamos la obra de Dios, el sol saliendo en la montaña

En esta porción bíblica encontramos el resultado de la murmuración de Aron y María en contra de Moisés, quienes por el hecho de que su líder había tomado una mujer cusita, quisieron denigrarlo y quitarle la autoridad que Dios no le había quitado.

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Por lo antes expuesto, vino el juicio sobre ellos, en particular sobre María, trayendo como consecuencia las palabras que leemos en el versículo 15: 

“Así María fue hechada del campamento siete días; Y EL PUEBLO NO PASÓ DELANTE HASTA QUE SE REUNIÓ MARÍA CON ELLOS”, el pueblo se detuvo y la obra que Dios haría con ellos se prolongó por más tiempo, de igual manera pudo haber cesado la obra que Dios estaba haciendo con Aron y María.

Lo que Detiene la Obra de Dios 


Muchas veces cometemos el mismo error de Aron y María, quienes miraron los defectos o fallas de su líder y empezaron a hacer comparaciones. El defecto señalado fue que tenía una mujer cusita y la comparación que hicieron fue que así como Dios había usado a Moisés así también los había usado a ellos. 

En el v 2 de Números 12 dice: “… ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?...” Hay momentos que señalamos a los líderes y empezamos a decir que no solo ellos pueden ser director de jóvenes, maestro de la dominical, etc., y hasta creemos que lo podríamos hacer mejor; sin embargo esta actitud solamente detiene y divide la obra de Dios

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En filipenses 2:3 dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”, cuando hacemos las cosas con humildad (y no para contender o para que los demás nos miren) y empezamos a ver a los demás como superiores a nosotros, en ves de detener la obra de Dios, estaremos colaborando para que avance; sin embargo, para ver a los demás como superiores a nosotros mismos debemos estar conscientes que también tenemos debilidades

El problema no es que Dios nos use o use a otros, el problema es que al ser usados por Dios, nos sintamos superiores a los demás y miremos solamente los defectos de todos menos los de nosotros. En Números 11: 26-29 se nos narra acerca de dos jóvenes, Eldad y Medad, quienes profetizaban en el campamento, Josué pidió a su líder que se les impidiese profetizar, pero la respuesta de Moisés fue: 

“¿Tienes tú celos por mí? ojalá TODO EL PUEBLO de Jehová FUESE PROFETA, y que Jehová pusiese su Espíritu en ellos”, hoy en día muchos están celando o criticando, pero no pidiendo que Dios levante más hombres y mujeres para que la obra de Dios se siga ensanchando

Detenemos la Obra de Dios en Nuestra Vida 


En el libro de Jeremías capítulo 1 versículo 5 leemos: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, TE DI POR PROFETA a las naciones”, sin embargo Jeremías no respondió positivamente al plan de Dios, pues él expresó en el v 6:

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 “y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño”, él creía que no iba a poder hacerlo, ¿Cuántas veces nos ha sucedido lo mismo?, se nos encarga algo dentro de la iglesia y pensamos que no vamos a poder con esa responsabilidad.

En otras ocasiones llegamos a sentir temor, en Job 32:6-7 Eliú expresa ese temor: “…yo soy joven y vosotros ancianos; por tanto HE TENIDO MIEDO, y he TEMIDO declararos mi opinión. Yo decía: los días hablarán, y la muchedumbre de años declarará sabiduría”; pero cuando meditamos en las respuestas de Dios y sus propósitos nos damos cuenta que no somos nosotros los que vamos a hacer la diferencia, sino Dios en nuestra vida. 

Jesús dijo: “…Porque separados de mí, NADA PODÉIS HACER” (Juan 15:5), la respuesta a la actitud de Jeremías fue: “…No digas: soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande” (Jeremías 1:7), Eliú pudo vencer ese temor, él dijo: 

“Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del omnipotente le hace que entienda. No son los sabios los de mucha edad, ni los ancianos entienden el derecho. Por tanto yo dije: Escuchadme; declararé yo también mi sabiduría”(Job 32:8-10). 

Que bueno es decidirnos a hacer la voluntad de Dios ya que si algo se nos ha encomendado en su obra no es porque se le ocurrió de pronto al pastor, sino que Dios quiere que trabajemos en su obra para que ésta avance, asi que no importa si eres nuevo o tienes mucho tiempo de congregarte, lo importante es que Dios te ha escogido porque con su ayuda puedes hacerlo y su obra no debe detenerse porque le digamos no a los planes de Dios en nuestra vida. 

A medida que aceptemos responsabilidades, la obra de Dios se va a ir perfeccionando en nosotros, porque con las responsabilidades llega también el crecimiento y la madurez del cristiano, si no es así estamos estancados, y la obra de Dios se ha detenido, no porque Dios así lo quiera sino porque algo anda mal en nosotros. 

Si Nos Estancamos, Impedimos que Dios Actúe en Otros 


Cuando Elías huyó al desierto, Dios tenía tres propósitos con él: Que ungiera a hazael por rey de Siria, a Jehú por rey sobre Israel y a Eliseo para que fuese profeta en su lugar. También Dios tenía propósitos con estos tres varones porque dice en 1 Reyes 19: 17 “y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará”, por lo que la obra de Dios continúa en aquellos a los cuales llegó por medio de nosotros.

No era la voluntad de Dios que Elías se fuese al desierto o se encerrara en una cueva, eso retrasaba lo que Dios iba a hacer. Muchas veces nos alejamos de la voluntad de Dios y nos encerramos en nuestra propia cueva, cuando deberíamos de estar alcanzando a otros con el poder del evangelio. 

La Obra De Dios No se Detiene


Un gran ejemplo de esto es que lo que empezó con un varón de Colombia, el hermano Hernán Silguero, se propagó por Estados Unidos (Iglesia Pentecostal Unida Hispana), México, Canadá, y aún aquí en Nicaragua; él no se encerró en una cueva sino que salió a hacer la voluntad de Dios, producto de ello, muchos han sido tocados por su ministerio; y ahora depende de nosotros, de nuestra actitud, que la obra se estanque o se expanda hasta donde todavía no ha llegado. 

Lo que no hizo Elías, lo hizo hazael; lo que no hizo Hazael, lo hizo Jehú; lo que no hizo Jehú, lo hizo Eliseo; pero ahora, lo que falta por hacer nos toca a nosotros. La obra de la Iglesia Pentecostal Unida Hispana en Nicaragua está en crecimiento, pero no quiero imaginar lo que sería si el hermano Misionero, (Pastor Rolando Niño) estuviese pensándola todavía para empezar esta labor, pero gracias a Dios que no lo pensó tanto tiempo, hoy en día mi vida ha sido alcanzada por su ministerio y no solamente la mía ,sino la de todos los que estamos luchando en este país.

En fin, es importante meditar que lo que no hace uno, lo hace otro; es decir, que la obra de Dios no se detiene porque el hará cumplir sus propósitos por medio de aquel que se deje usar para la gloria de su nombre. Amén.

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