El Espíritu Santo, Estudio Bíblico


“Vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:5). 
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4).
Bautismo del Espíritu Santo, lenguas como de fuego 

Lo que dice la Biblia sobre el bautismo del Espíritu Santo


Dios es santo (1 Pedro 1:16). De hecho, solo Dios es santo en Sí mismo. Además, Dios es Espíritu (Juan 4:24), y hay un solo Espíritu de Dios (Efesios 4:4). El Espíritu Santo es Dios (Hechos 5:3-4; 1 Corintios 3:16-17 con 6:19-20). Uno de los títulos del Espíritu Santo es “el Espíritu de Dios” (Romanos 8:9).

Este título de Dios enfatiza Su santidad y Su naturaleza espiritual. La Biblia lo usa más frecuentemente en referencia a la parte de la actividad de Dios que solo un Espíritu puede realizar entre la humanidad y en la humanidad. El Nuevo Testamento asocia particularmente el Espíritu Santo con la obra de Dios de regeneración y Su morada en el hombre (Juan 3:5; 14:16-17).


El Bautismo del Espíritu Santo según la Biblia 


¿Qué es el bautismo con el Espíritu Santo?


Esta es una vital experiencia neotestamentaria con Dios. La RV habla de ser “bautizado con el Espíritu Santo” (Hechos 1:5). La palabra con en esta frase proviene de la palabra griega en, la cual también puede ser traducida al castellano como “en,” como ambos La Biblia Amplificada y la Nueva Versión Internacional lo notan.

La palabra bautismo significa zambullirse o sumergirse. Usando esta terminología, la Biblia describe la experiencia como una inmersión completa en el Espíritu de Dios. Al mismo tiempo, la Biblia describe al que recibe esta experiencia como siendo lleno con el Espíritu. Estas ilustraciones son complementarias (no contradictorias), porque cuando se sumerge completamente un recipiente vacío en un líquido, el líquido no solo lo cubre sino también lo llena.

(También te puede interesar: Los 9 dones del Espíritu Santo)

Estas descripciones comunican la idea que la persona que recibe el Espíritu Santo logra una unión personal e íntima con Dios. Uno vive en contacto constante con Dios, y Dios llega a ser parte de su vida. La persona llega a ser un templo en que Dios mora, y el Espíritu de Dios afecta a cada uno de sus pensamientos y acciones.

La Terminología Bíblica sobre el Bautismo del Espíritu Santo 


¿Qué es el bautismo con el Espíritu Santo?, terminología bíblica


El Libro de Los Hechos describe el bautismo del Espíritu de muchas maneras: “llenos del Espíritu Santo” (2:4); “la promesa del Espíritu Santo” (2:33); “el don del Espíritu Santo” (2:38); “el Espíritu Santo cayó sobre todos” (10:44); “se derramase el don del Espíritu Santo” (10:45); “han recibido el Espíritu Santo” (10:47); y “vino sobre ellos el Espíritu Santo” (19:6). Las epístolas explican que el Espíritu Santo mora en nosotros (Romanos 8:9).

Todas estas frases simplemente identifican la misma experiencia neotestamentaria de diferentes maneras. Cuando las vacías vasijas humanas son bautizadas con el Espíritu, están llenas del Espíritu.

Cuando Dios vierte Su Espíritu sobre la gente, el Espíritu viene sobre ellos, reciben el Espíritu, y están llenos del Espíritu. Cuando Dios da el Espíritu, El cumple Su promesa y los hombres reciben el Espíritu. La siguiente mesa demuestra la equivalencia de todas estas frases.

Algunas de estas descripciones comparan el Espíritu Santo al agua, y Jesús describió al Espíritu como agua viva que saciaría la sed espiritual (Juan 4:14; 7:38). Sin embargo, el Espíritu Santo no es actualmente un líquido, sino que es Dios mismo. La Biblia también asocia al Espíritu con el fuego (Mateo 3:11) y el viento (Juan 3:8), pero el Espíritu no es literalmente ni fuego, ni viento, ni agua.


Tabla Terminología Bíblica para el Bautismo del Espíritu Santo

El bautismo del Espíritu Santo: Llenos del Espíritu Santo


Esta frase aparece en Hechos como el equivalente de “bautizado con el Espíritu Santo” y ambas describen la experiencia inicial de recibir el Espíritu de Dios para morar en la vida de uno.

Unos días después de Pentecostés, varios creyentes que habían sido bautizados con el Espíritu se juntaron para un culto de oración y fueron “llenos del Espíritu Santo” (Hechos 4:31). Dios se encontró con estos creyentes de una manera poderosa y renovó su experiencia original.

Cuando Pedro habló al concilio religioso judío, él fue “lleno del Espíritu Santo” (Hechos 4:8). Pablo, “lleno del Espíritu Santo,” profetizó que el hechicero Barjesús estaría ciego por un tiempo (Hechos 13:9).

De estos casos vemos que lleno puede significar una dotación especial y momentánea de poder a uno que ya ha sido bautizado con el Espíritu. En el día de hoy, muchos hablan de esta dotación como ser ungidos por el Espíritu.

Otros versículos usan el término “lleno” para describir la morada continua del Espíritu en uno que ha sido bautizado con el Espíritu. Los siete hombres que fueron escogidos para ayudar a los apóstoles eran “llenos del Espíritu Santo” (Hechos 6:3, 5).

Pablo exhortó a la iglesia de Efeso a “ser llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). El último versículo es una exhortación a los creyentes que habían recibido el Bautismo del Espíritu Santo a permitir que el Espíritu les controlara continuamente. En este sentido, ser “lleno del Espíritu” es básicamente igual a “andar en el Espíritu” (Romanos 8:4), que significa recibir poder y dirección a diario del Espíritu.

Inclusive cuando un creyente que ha vuelto atrás se arrepiente, no es “bautizado” de nuevo con el Espíritu, sino es rellenado. Debido a la falta de fidelidad y la desobediencia de este individuo, pierde su herencia, pero no es “nonato.”

El hecho histórico de su regeneración y su justificación todavía es una realidad. Cuando se arrepiente, no necesita “nacer de nuevo” otra vez. No experimenta un segundo bautismo en agua o un segundo bautismo del Espíritu, porque el bautismo original de agua y del Espíritu se hace eficaz de nuevo cuando se arrepiente. En cambio, simplemente es restaurado a un estado justificado y otra vez tiene derecho de heredar la vida eterna como un hijo obediente de Dios.

En resumen, la frase “lleno del Espíritu” puede transmitir cualquiera de estos tres significados en la usanza de la iglesia apostólica: (1) el bautismo inicial del Espíritu; (2) la dirección diaria y el poder que el Espíritu concede a los creyentes que han sido bautizados con el Espíritu Santo que continúan rindiéndose a El, y (3) experiencias subsiguientes que renuevan la experiencia inicial.

Debemos hacer una distinción entre el bautismo del Espíritu y todas las experiencias con Dios en el Antiguo Testamento. La experiencia de ser lleno con el Espíritu como se relata en el Libro de Los Hechos es diferente a la experiencia de Juan el Bautista de ser lleno con el Espíritu. Es una nueva experiencia para una nueva iglesia. (Véase otra sección más adelante.) 

El bautismo del Espíritu Santo como Parte de la Salvación


Como indica la tabla, cada descripción de la obra del Espíritu en la experiencia inicial de la salvación puede igualarse al bautismo del Espíritu. El bautismo del Espíritu es lo mismo que el nacimiento del Espíritu (Juan 3:5; capítulo 4.)

El Espíritu Santo mora en la vida de alguien cuando experimenta el bautismo del Espíritu Santo


El Espíritu empieza primeramente a “morar” en la vida de alguien cuando es bautizado con el Espíritu. Cualquier otra alternativa no sería lógica. Por ejemplo, ¿Cómo puede morar el Espíritu en una persona si no ha recibido el Espíritu, si no ha sido lleno con el Espíritu, si el Espíritu no ha venido sobre aquella persona, o si el Espíritu no ha caído sobre él?

Primera de Corintios 12:13 establece esta verdad en esta materia: “Porque por un solo Espíritu somos todos bautizados en un solo cuerpo.” La preposición griega traducida por es en que es la misma preposición que es usada en Hechos 1:5.

Podríamos traducir la frase así: “En un solo Espíritu somos todos bautizados en un solo cuerpo” como la NVI indica en una nota al pie de la página. La redacción griega demuestra que Pablo se refirió a la misma experiencia que Jesús había prometido en Hechos 1:5. Así que, el bautismo del Espíritu es una parte de la salvación y no es una experiencia subsiguiente a la salvación.

La mayoría de los teólogos reconoce la esencialidad de ser llenos con el Espíritu Santo y que el bautismo del Espíritu Santo es una parte del nuevo nacimiento. Bloesch dijo, “Insistimos que el bautismo del Espíritu no deba distinguirse del nuevo nacimiento.”[1] Otro teólogo que no es pentecostal, Anthony Hoekema, declaró, “Si hemos nacido de nuevo, tenemos el Espíritu, puesto que solo el Espíritu puede regenerarnos.”[2]

El también escribió, “El Bautismo en el Espíritu . . . no es una experiencia distinta a la conversión y por lo general subsiguiente a ella, sino es simultánea con la conversión y un aspecto íntegro de la conversión . . . Todos los cristianos han sido bautizados con el Espíritu Santo.

El Bautismo del Espíritu Santo es... idéntico con la regeneración.”[3] El bautismo del Espíritu es el medio por el cual recibimos a Jesucristo en nuestras vidas. No hay ninguna separación entre Jesucristo y el Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo (Romanos 8:9).

Jesucristo mora en nosotros por medio del Espíritu (Efesios 3:16-17). “El Señor es el Espíritu” y el Espíritu Santo es “el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:17-18,). Es imposible recibir a Jesucristo en una ocasión y recibir el Espíritu en otra, porque hay un solo Espíritu (Efesios 4:4; 1 Corintios 12:13). Cuando somos bautizados con el Espíritu, recibimos a Cristo en nuestras vidas.

El bautismo del Espíritu Santo es simplemente el principio de una vida continua de ser lleno del Espíritu. No es una experiencia para unos pocos escogidos solamente, ni es una experiencia recibida después de la conversión, y entonces solo después de esperar mucho tiempo y de agonizar mucho. Más bien, es una parte de la conversión y viene con el arrepentimiento y la fe.

Una persona que recibe el Espíritu no ha alcanzado un punto de perfección, sino simplemente ha empezado a vivir una vida cristiana. Después de ser bautizado con el Espíritu, debe esforzarse a ser renovado continuamente por someterse a la dirección del Espíritu. Debe dejar que el Espíritu tome pleno control de su vida y debe esforzarse en llevar el fruto del Espíritu.

Algunos enseñan que el bautismo del Espíritu es una segunda o tercera “obra de gracia” que significa una experiencia instantánea subsiguiente a la conversión salvadora. La mayoría de las denominaciones protestantes considera que el bautismo del Espíritu es una parte de la conversión y niega la existencia de otras obras instantáneas de la gracia que vienen después de esto.

El movimiento Santidad de los años 1800 enseñaba que había una segunda obra de gracia después de la conversión que se llamaba la santificación y por medio de la cual una persona es purificada completamente de sus pecados.

Temprano en el siglo veinte, muchas personas del movimiento Santidad recibieron el bautismo del Espíritu Santo con el hablar en lenguas. Ellos clasificaron esa experiencia como una tercera obra de gracia.

Otros que recibieron el bautismo del Espíritu mantenían que la santificación es un proceso continuo a lo largo de la vida cristiana, y entonces clasificaban el bautismo del Espíritu o como una segunda obra de gracia o como una parte de la conversión misma.

A la luz de nuestro análisis de las enseñanzas y la terminología bíblicas, concluimos que el bautismo del Espíritu no es una segunda obra ni una tercera obra sino una parte de la conversión y la regeneración.

Nacimiento de la Iglesia Neotestamentaria con el Bautismo del Espíritu Santo 


La iglesia neotestamentaria empezó en el Día de Pentecostés después de la ascensión de Cristo. Juan el Bautista no fundó la iglesia sino solamente preparó el camino para Jesús. Jesús declaró que Juan era tan grande como cualquier profeta, pero entonces dijo, “El más pequeño en el reino de Dios es mayor que él” (Lucas 7:28).

Todos los que participan en el reino de Dios en el día de hoy por medio del Espíritu que mora en ellos tienen privilegios espirituales, bendiciones, y poder mayores a los que tenía Juan. Juan predicó que el reino de los cielos se había acercado (Mateo 3:1-2); el mensaje del reino empezó con él (Mateo 11:11-13; Lucas 16:16). Sin embargo, él no participó en la plenitud de aquel reino, porque la plenitud de la gracia vino solamente por Cristo (Juan 1:16-17). Juan no tenía el bautismo del Espíritu, pero sí predicó que Jesús bautizaría con el Espíritu (Mateo 3:11).

Jesús no fundó la iglesia neotestamentaria durante Su ministerio terrenal, sino habló de la iglesia en el tiempo futuro: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). El dijo a los discípulos poco antes Su ascensión que “se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47).

El les dijo que esperaran en Jerusalén hasta que recibieran el bautismo del Espíritu Santo. El Espíritu les daría poder y entonces llegarían a ser testigos (Lucas 24:49; Hechos 1:4-8).

La iglesia neotestamentaria no traza su nacimiento de la predicación de Juan ni del ministerio terrenal del Señor, sino del Día de Pentecostés. Dios había diseñado un nuevo pacto con el hombre y este pacto requería la muerte y la resurrección de Jesucristo antes de que entrara en vigencia. Este nuevo pacto o nuevo testamento incluye la promesa del Espíritu Santo (Jeremías 31:31- 33; 2 Corintios 3:3-6).

Antes de que el nuevo pacto pudiera entrar en vigencia, Jesús tenía que morir: “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia de Dios. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador.” (Hebreos 9:15-16).

Jesús llegó a ser el mediador del nuevo pacto por Su muerte, y Su resurrección hizo efectiva Su muerte (Romanos 4:24-25). Por consiguiente, el Espíritu Santo no fue dado hasta después de la muerte y la resurrección de Jesucristo:

“Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en El; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Juan 7:39); “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7).

La iglesia neotestamentaria nació el Día de Pentecostés, después de que la muerte la sepultura y la resurrección de Jesucristo hicieran disponible el nuevo pacto (el testamento).

El bautismo del Espíritu Santo, una Nueva Experiencia para la Iglesia Nueva


Lo que es el bautismo con el Espíritu Santo


El bautismo del Espíritu Santo es una nueva experiencia dada a la iglesia neotestamentaria después de la muerte, la resurrección, y la ascensión de Jesucristo (Juan 7:39; 16:7). Justo antes de la ascensión de Cristo, El prometió que enviaría el Espíritu como una nueva, futura experiencia que Sus discípulos habían de recibir mientras esperaban en Jerusalén (Lucas 24:47-49; Hechos 1:4-8). Esta promesa se cumplió en el Día de Pentecostés (Hechos 2:1-4, 33).

Antes de Hechos 2:1-4, nadie había recibido esta experiencia. El nuevo pacto es “un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (Hebreos 8:6) uno de los cuales es la promesa del Espíritu Santo.

Después de que Hebreos 11 enumera a mucha gente de gran fe en el Antiguo Testamento, termina por declarar que ellos no habían recibido la promesa: “Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Hebreos 11:39-40).

Los profetas predijeron el don del Espíritu y deseaban participar en su gloria, pero Dios reservó el bautismo del Espíritu Santo para la iglesia neotestamentaria: “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación . . . A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo” (1 Pedro 1:10, 12).

Las Escrituras declaran claramente que el Espíritu de Dios trató con los hombres de muchas maneras diferentes en El Antiguo Testamento. Los hombres de Dios fueron inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21).

El Espíritu de Dios ungió a los vasos escogidos para propósitos específicos. Sin embargo, empezando con el día de Pentecostés, Dios hizo disponibles una nueva experiencia y una dimensión más grande de Su Espíritu.

En el día de hoy podemos tener en nuestras vidas Su presencia permanente que imparte el poder de vencer sobre los pecados en una manera desconocida bajo la ley (Romanos 8:3-4). Este poder interno del Espíritu es un factor clave que distingue el nuevo pacto del antiguo (Jeremías 31:31-33; Ezequiel 11:19).

Antes del día de Pentecostés, la gente no fue regenerada (nacida de nuevo) en el sentido neotestamentario porque no tenían el bautismo del Espíritu que está descrito en el Libro de Los Hechos.

Antes del día de Pentecostés, Juan el Bautista, su madre Elisabet, y su padre Zacarías fueron “llenos del Espíritu Santo” en unos momentos específicos (Lucas 1:15, 41, 67). Sin embargo, su experiencia no era la de la iglesia neotestamentaria, porque el Espíritu Santo todavía no había sido dado. Juan no tenía el bautismo del Espíritu Santo, ni tampoco sus discípulos (Lucas 3:16, 7:28; Hechos 19:1-6).

En Lucas 1, la frase, “lleno del Espíritu Santo,” describe una experiencia del Antiguo Testamento en que el Espíritu de Dios ungió a la gente en momentos particulares por propósitos particulares.

En el caso de Juan, el Espíritu le ungió y le separó de la matriz de su madre para un ministerio especial tal como había hecho con Jeremías (Jeremías 1:5). Los padres de Juan fueron dotados temporalmente con el poder del Espíritu para profetizar.

Solamente después del día de Pentecostés, cuando llegó a ser disponible, se usa la frase “lleno del Espíritu Santo” para referirse específicamente al bautismo neotestamentario del Espíritu.

El bautismo del Espíritu Santo: Las Profecías del Antiguo Testamento 


Aunque los profetas del Antiguo Testamento no recibieron el bautismo del Espíritu, sí grabaron las promesas de Dios acerca de la venida del Espíritu (1 Pedro 1:10- 12): “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:28-29). Pedro citó esta profecía y la aplicó al bautismo del Espíritu en el día de Pentecostés (Hechos 2:16-18).

Dios prometió un nuevo pacto en el cual El escribiría Sus leyes en los corazones de Su pueblo (Jeremías 31:31- 33). Esta promesa se cumple por medio del derramamiento del Espíritu quien escribe las leyes de Dios en nuestros corazones (2 Corintios 3:3-6) y quién nos da el poder de cumplir la justicia de la ley (Romanos 8:3-4).

Dios dijo, “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne” (Ezequiel 11:19; véase 36:26). En un otro pasaje profético El declaró, “Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel” (Ezequiel 39:29). 

El bautismo del Espíritu Santo: La Promesa y Mandamiento del Nuevo Testamento 


Juan el Bautista predicaba la promesa del bautismo del Espíritu Santo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; El os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11).

Juan no predicaba que el Espíritu era para unos pocos escogidos no más, sino para todos que se arrepintieran y recibieran su bautismo. Dios le dio a Juan una señal por medio de la cual El reconocería al que cumpliría la promesa (Jesús): “Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanezca sobre El, Ese es el que bautiza con el Espíritu Santo” (Juan 1:33).

Jesús tanto prometió el bautismo del Espíritu como mandó a Sus discípulos a recibirlo, como las siguientes citas demuestran:

• “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13).

• “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5).

• “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en El una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:14). La próxima cita indica que ese Jesús habló del derramamiento del Espíritu.

• “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en El; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado)” (Juan 7:37-39).

Este último pasaje enseña varias cosas que son muy importantes:

(1) Se promete el Espíritu Santo a todos los que creen en Jesús.
(2) La fe en Jesucristo debe estar de acuerdo con la enseñanza de las Escrituras y no aparte de ellas. (3) Creer no es el asentimiento mental en un cierto momento, sino es creer continuamente tal como el uso del tiempo presente indica.
(4) El don del Espíritu Santo a que Jesús se refirió no vino hasta después de Su glorificación, que fue lograda por Su resurrección y Su ascensión.

El habló específicamente acerca del derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés, y esta es la experiencia que todos los creyentes deben recibir.

Un poco antes la muerte de Cristo, El enfatizó a a Sus discípulos que el Espíritu Santo vendría después de que El los dejara.

Además, El dijo que el Espíritu Santo sería El mismo en otra forma—en Espíritu en lugar de en la carne: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16-18).

• “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).

• “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, El dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26).

• “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. . . . Pero cuando venga el Espíritu de verdad, El os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:7, 13).

Después de Su resurrección, Jesús reiteró la promesa del Espíritu y lo convirtió en un mandamiento. El mandó a Sus discípulos, “Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22). Ellos no recibieron el Espíritu en aquel momento, como se ve claramente en el relato de Lucas.

“He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49); “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.

Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. . . Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:4-5, 8).

Otros relatos de la Gran Comisión anotan la promesa del Señor de estar con Sus discípulos hasta el fin de la edad (Mateo 28:20) así como Su promesa de dar a todos los creyentes el poder de echar fuera los demonios, hablar en nuevas lenguas, ser victoriosos sobre las serpientes, ser protegidos contra el veneno, y orar con éxito por la sanidad de los enfermos (Marcos 16:17-18). Todas estas promesas se cumplen por medio del poder del Espíritu que mora en ellos.

El bautismo del Espíritu Santo y el Cumplimiento en la Iglesia Apostólica


La iglesia neotestamentaria seguía proclamando el bautismo del Espíritu Santo como una promesa y un mandamiento a todos. Pedro predicó la promesa en el Día de Pentecostés con el apoyo de todos los apóstoles (Hechos 2:38).

Pablo enfatizó la necesidad del Espíritu (Hechos 19:1-6). El escribió, “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros; y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8:9). Pablo una definición el reino de Dios como “justicia, y paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). 

El Significado del Libro de los Hechos


El Nuevo Testamento consiste de cuatro divisiones:

(1) Los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas, Juan), (2) La Historia de la Iglesia (Hechos), (3) Las Epístolas (Romanos a Judas), y (4) La Profecía (Apocalipsis). Los Evangelios son los relatos históricos de la vida, las enseñanzas, el ministerio, la muerte, la resurrección, y la ascensión de Jesucristo.

Ninguno de ellos describe el establecimiento de una iglesia. Ellos describen al que establecería la iglesia en Su persona, Su enseñanza, y Su obra. El Libro de Los Hechos es una historia narrativa de la iglesia neotestamentaria y describe su nacimiento Jerusalén y su extensión a toda Judea, Samaria, y al mundo gentil.

Las Epístolas son cartas de instrucción y de admonición escritas a los creyentes renacidos para ayudarles a vivir la vida cristiana. Mientras las Epístolas sí contienen unas referencias a la experiencia inicial de la conversión, éstas suponen que los lectores ya han nacido de agua y del Espíritu. El Libro de Apocalipsis también se dirige a las iglesias y a los creyentes establecidos y revela el plan de Dios para el futuro.

Los Hechos es el único libro en la Biblia que contiene relatos históricos de las personas que recibieron la experiencia del nuevo nacimiento en la iglesia neotestamentaria e incluye todos los relatos del bautismo cristiano en agua y del bautismo del Espíritu.

Debido a su naturaleza y propósito, el libro contiene la mayor parte de la evidencia directa relacionada a la pregunta, “Cómo puedo ser salvo?” El Libro de Los Hechos es el patrón y la norma para la iglesia neotestamentaria y no la excepción.

Si Hechos no es la norma, entonces la Biblia no da ningún ejemplo de lo que la iglesia debe ser. Los cinco relatos del bautismo del Espíritu en Los Hechos no son exhaustivos, sino representativos de la manera en que Dios derramó Su Espíritu sobre el espectro entero de humanidad.

El bautismo del Espíritu Santo, el Día de Pentecostés


En obediencia al mandamiento de Cristo, aproximadamente 120 discípulos regresaron a Jerusalén después de Su ascensión con el fin de esperar el bautismo del Espíritu. Incluidos en este número se hallaban los doce apóstoles (con Matías, quien reemplazó a Judas), María la madre de Jesús, los hermanos de Jesús, y varias mujeres (Hechos 1:12-26).

Parece que ellos se juntaron en un aposento alto en el Día de Pentecostés, un día de fiesta de los judíos que venía cincuenta días después de la Pascua. (La palabra griega pentecoste significa literalmente “quincuagésimo día.”) En este primer Pentecostés después de la ascensión de Cristo, los 120 recibieron el Espíritu Santo y hablaron en lenguas (Hechos 2:1-4).

Algunos contienden que solamente los doce apóstoles recibieron el Espíritu, pero se puede demostrar que esto es incorrecto:

(1) Jesús dio la promesa a todos aquellos que estuvieron presentes en Su ascensión y no solamente a los Doce.

(2) Todos los 120 fueron al aposento alto para esperar el cumplimiento de la promesa, y no encontramos ninguna prueba que uno de ellos salió de allí.

(3) En la profecía de Joel a que Pedro se refirió en el día de Pentecostés, Dios dijo que derramaría Su Espíritu sobre toda carne y esto incluyó a los hijos, las hijas, los jóvenes, los viejos, los siervos y las siervas (Hechos 2:16-18). Por cierto, esto describe más de los Doce. Todos los 120, incluso las mujeres, recibieron el Espíritu.

Podemos suponer que otros 3000 recibieron el Espíritu en reacción al sermón de Pedro, como se puede notar por lo siguiente:

(1) Pedro prometió el don del Espíritu Santo a todos los que oyeron su palabra (Hechos 2:38-39), y 3000 recibieron su palabra con gozo (Hechos 2:41). Pedro empezó su sermón por explicar lo que justamente le había pasado a El mismo y lo concluyó por ofrecer la misma experiencia a los oyentes.

(2) Los 3000 creyeron su mensaje y lo aplicaron a sus vidas, y él predicó que ellos podían recibir el don del Espíritu Santo.

(3) Los 3000 fueron bautizados (Hechos 2:41). Aunque esto significaría el bautismo en agua no más, el Espíritu fue prometido a todos los que se arrepintieran y se bautizaran en agua.

(4) Los 3000 fueron “añadidos a ellos,” es decir, a los 120 quienes acabaron de recibir el Espíritu.

Nosotros concluimos, igual como hace El Comentario del Púlpito, que 3120 recibieron el Espíritu Santo en el Día de Pentecostés.[4]

Sabemos que los 3,120 eran todos judíos y prosélitos judíos porque mucho mas adelante los cristianos judíos todavía no estaban seguros si los gentiles pudiesen ser salvos (Hechos 10-11). Algunos podrían ser prosélitos— gentiles por nacimiento pero judíos por conversión (Hechos 2:10).

Los 120 eran principalmente galileos, pero los 3000 incluyeron judíos de muchos países diferentes que habían viajado a Jerusalén para celebrar la fiesta de Pentecostés (Hechos 2:5-11).

La compañía de creyentes se juntó después para orar y fueron “todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 4:31). Esto no fue un bautismo del Espíritu de la primera vez sino fue una renovación y una unción para los creyentes judíos quienes ya habían sido bautizados con el Espíritu.

En conclusión, el Día de Pentecostés representa la primera vez que alguien recibió el bautismo del Espíritu Santo, y específicamente, la primera vez que fue derramado sobre los judíos.

El bautismo del Espíritu Santo en Samaria


El segundo bautismo del Espíritu (es decir, cuando el Espíritu fue derramado por primera vez sobre alguien) que ha sido constatado, sucedió en Samaria. Racialmente y religiosamente, los samaritanos eran una mezcla de judío y gentil, y por ello eran considerados como una clase de gente distinta a ambos.

Felipe el evangelista (uno de los Siete pero no de los Doce) llevó el evangelio a Samaria. Los samaritanos le escucharon, vieron los milagros (incluyendo la sanidad de los enfermos y el echar fuera de los espíritus malos), tenían gran gozo, creyeron su mensaje y fueron bautizados en el agua en el nombre de Jesús. Sin embargo, a pesar de todo esto, ellos no habían recibido el Espíritu Santo (Hechos 8:6-16).

Este incidente revela que el bautismo del Espíritu es una experiencia definitiva que no debe ser confundida con los milagros y que no necesariamente acompaña los milagros, y no debe ser confundida con la gran emoción, la creencia mental, el arrepentimiento, o el bautismo en agua. Cuando los apóstoles oyeron lo que estuvo sucediendo en Samaria, enviaron a Pedro y a Juan allí. Cuando Pedro y Juan oraron por los samaritanos y les impusieron sus manos, éstos recibieron el Espíritu Santo (Hechos 8:17).

Los samaritanos no recibieron el Espíritu Santo hasta que Pedro y Juan habían puesto sus manos sobre ellos. Al parecer ellos no habían sido preparados totalmente antes de la llegada de Pedro y Juan. Habían “creído a Felipe,” pero evidentemente no se habían entregado totalmente a Jesucristo.

Cuando llegaron Pedro y Juan, oraron para ellos y les impusieron las manos y la fe de la gente aumentó hasta el punto de recibir el Espíritu.

Esta historia no enseña que uno de los doce apóstoles tenía que dar el Espíritu Santo, porque Pablo fue llenado con el Espíritu cuando Ananías oró por El (Hechos 9), y los efesios recibieron el Espíritu Santo cuando Pablo oró por ellos (Hechos 19). De igual modo, la imposición de manos no es un requisito absoluto, porque los 120 recibieron el Espíritu sin esto (Hechos 2), y Cornelio lo recibió así (Hechos 10).

La imposición de manos tiene la siguiente importancia y el siguiente propósito: (1) Demuestra sumisión al plan y la dirección de Dios y; (2) simboliza el otorgamiento de las bendiciones, las promesas, y el llamamiento de Dios; y (3) ayuda a impartir fe a la persona que está orando para recibir el Bautismo del Espíritu Santo.

La experiencia de los samaritanos demuestra que uno puede creer hasta cierto punto e inclusive puede bautizarse en agua y todavía no recibir el Espíritu. No hay ninguna salvación sin el Espíritu (Romanos 8:9), por tanto los samaritanos necesitaban el bautismo del Espíritu para completar su salvación, tal como lo ejemplifica el caso de Simón el mago.

Hoekema dice, “Los samaritanos no eran verdaderos creyentes cuando Felipe los bautizó, y por consiguiente no recibieron el Espíritu para salvación hasta que los apóstoles les habían impuesto sus manos. . . . ¿no podría ser que el punto total de la narrativa es el de enseñar que la salvación es imposible sin el Espíritu Santo?”[5] La mayoría de los otros comentaristas protestantes concuerda que los samaritanos no fueron salvos hasta que recibieran el Espíritu.[6]

El bautismo del Espíritu Santo en la Conversión de Pablo


Dios usó una luz del cielo para detener a Saulo de Tarso (Pablo), pero no hallamos indicación alguna que Pablo fue salvo en ese momento. Más bien, el Señor le dijo, “Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6).

Dios envió a Ananías a Pablo para que Pablo pudiera recobrar su vista y “ser lleno del Espíritu Santo” (Hechos 9:17). Cuando Ananías puso las manos sobre Pablo y oró por El, inmediatamente Pablo recobró su vista, se levantó, y fue bautizado (Hechos 9:18).

Podemos aceptar con seguridad que Pablo recibió el Espíritu Santo en ese momento aunque la Biblia no describe específicamente el bautismo del Espíritu que Pablo recibió. Pero sabemos que el propósito declarado por el Señor debe de haber sido cumplido.

Las obras escritas y el ministerio de Pablo confirman que de hecho él sí recibió el Espíritu. De nuevo el análisis de Hoekema es útil: “Determinamos que la conversión de Saulo no era un acontecimiento instantáneo sino una experiencia que abarcó el espacio de tres días.

De modo que cuando Saulo fue lleno del Espíritu al final de tres días, no debe entenderse como un ‘Bautismo del Espíritu’ que aconteció después de su conversión, sino como un aspecto íntegro de su conversión.”[7] Bloesch concuerda que el nuevo nacimiento de Pablo aconteció cuando éste recibió el Espíritu en el momento de ser bautizado por Ananías.[8]

El bautismo del Espíritu Santo en los Gentiles en Cesarea


El próximo relato del bautismo del Espíritu se concentra alrededor de Cornelio, centurión romano (un capitán sobre cien soldados) que vivió en la ciudad de Cesarea. Este era piadoso, temió a Dios, daba muchas limosnas, oraba a menudo a Dios, y aun tuvo una visita angélica.

A pesar de todos estas calidades y actividades honrosas, El no era salvo. El ángel le dijo que trajera a Pedro: “El te hablará palabras pos las cuales serás salvo tú, y toda tu casa” (Hechos 11:14). Probablemente El se había arrepentido pero no había recibido el Espíritu Santo, y por tanto no era salvo.

Cornelio no era judío, ni por nacimiento ni por conversión, sino gentil. Al recibir un mandamiento directamente de Dios, Pedro fue a Cesarea y predicó a Cornelio, a sus parientes, y a sus amigos. Mientras Pedro estuvo predicando, sus oyentes gentiles todos recibieron el Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas (Hechos 10:44-46).

Pedro identificó esta señal como el bautismo del Espíritu—el mismo don que los judíos recibieron en el Día de Pentecostés (Hechos 11:15-17). Este es un relato muy significante, porque denota la primera vez que los gentiles fueron bautizados con el Espíritu.

El bautismo del Espíritu Santo en los discípulos de Juan en Efeso


Cuando Pablo se encontró con aproximadamente doce discípulos de Juan el Bautista en la ciudad de Efeso, les preguntó, “Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” (Hechos 19:2). Ellos contestaron, Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo” (Hechos 19:2).

Posiblemente estos discípulos nunca habían oído a Juan predicar acerca del bautismo del Espíritu, o más probablemente, no sabían que el tiempo actualmente había llegado para recibir la experiencia prometida.

Probablemente estaban diciendo, “No hemos oído si el Espíritu Santo ha sido dado todavía.” De todos modos, enseguida Pablo les preguntó a estos hombres, “¿En qué, pues, fuisteis bautizados?” (Hechos 19:3).

Cuando él supo que ellos habían recibido solamente el bautismo de Juan, los bautizó de nuevo, y esta vez en el nombre de Jesús. Entonces él oró por ellos y les impuso las manos. Inmediatamente recibieron el Espíritu Santo, hablaron en lenguas, y profetizaron (Hechos 19:6).

Es interesante ver cómo Pablo trató a estos “creyentes.” No estaba contento hasta que les hiciera dos preguntas muy importantes: (1) ¿Han recibido el Espíritu Santo? y (2) ¿Cómo fueron bautizados? El los enseñó y trabajó con ellos hasta que fueron bautizados en el nombre de Jesús y recibieron el Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en lenguas.

Para nosotros hoy en día, este incidente es sumamente importante porque proporciona la prueba sólida que el bautismo en el nombre de Jesús y el bautismo del Espíritu con la señal inicial de hablar en lenguas eran la norma para la iglesia neotestamentaria entera.

No sólo se ve esto claramente de las dos preguntas que Pablo hizo a “los creyentes” sino también está claro del mismo hecho que Dios escogió grabar este incidente. Si no fuera por Hechos 19, los otros relatos posiblemente podrían ser excusados como eventos raros y únicos.

Por ejemplo, Hechos 2 relata el nacimiento de la iglesia entre los judíos, Hechos 8 relata la extensión del evangelio a los samaritanos, y Hechos 10 relata su extensión al los gentiles. Sin embargo, ninguna circunstancia de tal índole especial existía en Hechos 19. Hechos 19 muestra que el bautismo del Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en lenguas es para todos los que creen en Jesús.

Hoekema trata de explicar a Hechos 2, 8, y 10 como hemos descrito anteriormente y entonces confiesa que Hechos 19 es “probablemente el más desconcertante de todos los pasajes en Hechos que están asociados con la glossolalia [el hablar en lenguas].”[9]

No obstante, El trata de explicar por qué los efesios necesitaban esta experiencia mientras nosotros supuestamente no lo necesitamos: “(1) La fe que aquellos creyentes efesios tenían cuando Pablo les llegó a ellos la primera vez no era una fe cristiana totalmente desarrollada sino era una fe que era muy incompleta.

(2) Había circunstancias especiales que hicieron necesaria la dotación del don de glossolalia a estos discípulos efesios.”[10] El contiende que estas “circunstancias especiales” eran: (1) Que ellos no habían oído hablar del derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés y entonces necesitaban el hablar en lenguas para convencerlos que el hecho de veras había sucedido.

(2) Que eran un grupo prominente de creyentes quienes iban a formar el núcleo de la iglesia de Efeso, pero no tenían todavía una comprensión adecuada de la cristiandad. Para el bien de la iglesia de Efeso este núcleo necesitaba el hablar en lenguas para completar su comprensión.

Se debe notar que todo este razonamiento se aplica con una fuerza igual hoy en día. El bautismo del Espíritu siempre es necesario para completar la fe cristiana. Todavía se necesitan el hablar en lenguas como una señal del derramamiento del Espíritu.

La gente todavía necesita ser convencida que el Espíritu ha sido dado. El Espíritu siempre es necesario para transformar un grupo pequeño de creyentes en el núcleo de una iglesia local. Cualquiera que sean las razones que Dios tenía por darles el bautismo del Espíritu a los efesios, esas razones todavía son válidas para los individuos y las congregaciones locales hoy en día.

En realidad, en el día de hoy hay una necesidad más grande de que la gente llegue a una fe cristiana completa y que entiendan que el Espíritu de veras ha sido derramado en la iglesia.

Conclusión sobre el Bautismo del Espíritu


Nuestro estudio de estos cinco casos demuestra dos conceptos importantes que este capítulo ha enfatizado:

(1) El bautismo del Espíritu Santo es una parte esencial de la salvación para la edad de la iglesia neotestamentaria (el nuevo nacimiento) y no una experiencia separada y subsiguiente a la salvación.

(2) El bautismo del Espíritu es para todos en la edad de la iglesia neotestamentaria (del día de Pentecostés a la Segunda Venida de Cristo) y no solamente para un grupo especial segregado de nosotros por raza, nacionalidad, tiempo, o posición.

Los Que Fueron Salvos en los Evangelios


A causa de las personas en los Evangelios que fueron salvos sin recibir el Espíritu, como por ejemplo los discípulos de Cristo antes del día de Pentecostés, el ladrón en la cruz, y otros a quienes Jesús perdonó sus pecados, algunos se oponen a la enseñanza que el bautismo del Espíritu es esencial.

Sin embargo, estos ejemplos ocurrieron bajo la Ley y en un período único de transición en la historia de la salvación. El Espíritu Santo no había sido dado y la iglesia neotestamentaria no existía hasta el Día de Pentecostés.

Durante el tiempo del ministerio terrenal de Jesús, El apoyaba el pacto antiguo como el camino a la vida eterna (Lucas 10:25-28) y mandó a Sus seguidores que obedecieran la Ley de Moisés (Mateo 19:16-19; 23:1-3, 23).

Le dijo a una adúltera, “Vete, y no peques más” (Juan 8:11), dejándole con la Ley como una guía moral. Le dijo a un leproso a quien hubo sanado, “Ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés” (Mateo 8:4), y dijo a diez otros leprosos, “Id, mostraos a los sacerdotes” (Lucas 17:14).

Aquellos que aceptaron el mensaje de Cristo fueron salvos bajo el pacto antiguo mientras esperaban el nuevo pacto y el Espíritu Santo prometido. Fueron salvos en armonía con la Ley y no en oposición a ella. Por ejemplo, Jesús sirvió tanto como un cordero sacrificatorio como el sumo sacerdote para el ladrón en la cruz. Antes del día de Pentecostés, Dios esperó que la gente siguiera la Ley, y después del día de Pentecostés, Dios espera que siga el evangelio en la edad de la iglesia neotestamentaria.

¿Es el bautismo del Espíritu Santo solo para la Iglesia Apostólica?


Algunos creen que el bautismo del Espíritu era sola- mente para los apóstoles o la edad apostólica. Sin embargo, el Espíritu fue prometido a los hombres, a las mujeres, a los jóvenes, a los viejos, al judío, al Samaritano, y al gentil y ellos los han recibido.

Joel prometió esta experiencia a toda carne en los últimos días (Joel 2:28; Hechos 2:16-18). Si el día de Pentecostés estuvo en los últimos días, toda la historia subsiguiente lo está también.

Pedro dijo a la multitud en el día de Pentecostés, “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:39). El prometió expresamente el don a sus hijos, y esto incluía a algunos que todavía no habían nacido, y también a algunos que vivirían más allá de los días de los doce apóstoles.

“Todos los que están lejos” incluía a los que vivirían lejos del Día de Pentecostés tanto en el espacio y en el tiempo. El llamamiento del Señor se extiende a todos—al “que quiera” (Apocalipsis 22:17).

El ejemplo de los efesios muestra que el bautismo del Espíritu es para el todo el mundo y no fue dado una vez una vez no más a cada grupo nacional como una experiencia que no iba a repetirse. De hecho, la Biblia promete el Espíritu a todos los creyentes (Juan 7:38-39; Hechos 11:15-17) y a todos que lo piden (Lucas 11:13).

Los que dicen que el Libro de Los Hechos no es para el día de hoy tienen la carga de la prueba. Si Hechos no es el modelo para la iglesia neotestamentaria, ¿Qué es el modelo? ¿Dónde en la Biblia retracta Dios sus promesas con relación al bautismo del Espíritu? ¿Dónde dice la Biblia que la experiencia del Libro de Los Hechos no es para el día de hoy? Debemos concluir que la promesa del Espíritu siempre es nuestra hoy en día.

¿Enseña El Libro De Los Hechos La Salvación Sin El Espíritu?


Algunos dicen que la gente en el Libro de Los Hechos fue salva sin recibir el Espíritu. Por ejemplo, la Biblia no dice explícitamente que los siguientes recibieron el Espíritu Santo: los 5000 que creyeron después de la sanidad del hombre cojo (Hechos 4:4), el eunuco etíope (Hechos 8), Lidia (Hechos 16), y el carcelero filipense (Hechos 16). Sin embargo, este es un argumento del silencio.

Ningún versículo dice que ellos no recibieron el Espíritu. La Biblia simplemente no entra en detalles para describir todas estas conversiones. Así como los Evangelios, por falta de espacio, anotan solamente los milagros y eventos representativos en el ministerio de Jesucristo (Juan 21:25), así los Hechos describe solo una muestra de las experiencias importantes de la conversión.

Dios le inspiró a Lucas a escoger cinco relatos del bautismo del Espíritu que tendrían gran importancia sim- bólica por las edades posteriores. Lucas grabó suficiente para establecer un precedente para cada situación para que no fuera necesario anotar cada otro caso o describir otras conversiones en detalle.

Aun así, hay evidencia todavía que todos los que fueron convertidos recibieron el Espíritu. Los 5000 “creyeron” y Lidia “creyó” y los que creen verdadera- mente reciben el Espíritu. El eunuco y el carcelero reci- bieron una experiencia que causó el regocijo que proba- blemente era el resultado del bautismo del Espíritu.

En suma, cinco ejemplos importantes incluyen al bautismo del Espíritu como parte de la conversión, y estos cinco casos representan a toda clase de gente. Hay un número de otras experiencias de conversiones que no son descritas con detalles, pero los relatos de muchos de ellas implican el bautismo del Espíritu mientras ninguno lo excluye específicamente.

Creemos que el propósito de los cinco ejemplos era de establecer el modelo. Se debe leer los casos menos específicos en la luz de los cinco ejemplos que las Escrituras nos han dado. De ningún modo puede el mero silencio o la falta de una descripción completa servir de desechar la clara evidencia que los cinco casos relatados en el libro de los Hechos.

Cómo Puede Alguien Recibir el Espíritu Santo


Puesto que el bautismo del Espíritu Santo es una parte de la salvación y es para nosotros en el día de hoy, no es difícil recibirlo. Dios promete Su Espíritu a todos los que piden (Lucas 11:13), creen (Juan 7:38-39), y obedecen Su Palabra (Hechos 5:32).

La persona que está orando para recibir el Bautismo del Espíritu Santo debe confiar en la promesa de Dios, porque sin fe es imposi- ble agradar a Dios (Hebreos 11:6).

Pedro prometió el Espíritu a todos los que se arre- pintieran y se bautizaran en el nombre de Jesús (Hechos 2:38). El ejemplo de los samaritanos nos muestra que cuando hace falta la fe completa, el bautismo en agua no puede automáticamente traer al Espíritu.

Además, el ejemplo de Cornelio muestra que el Espíritu puede venir antes del bautismo en agua. El creyente debe someterse totalmente a Dios y debe estar dispuesto de hacer lo que Dios requiera. Cuando el creyente llega a ese punto de fe y sumisión completa, Dios derrama Su Espíritu. Si el creyente no se ha bautizado en agua en el nombre de Jesús, debe bautizarse lo más pronto posible.

Se requiere el arrepentimiento. Para que el Espíritu Santo pueda morar en una vida, aquella persona debe dejar el pecado y separarse de la inmundicia espiritual (2 Corintios 6:16-7:1). Solo Dios puede hacerlo justo, pero El debe expresar un deseo de dejar el pecado y de recibir el perdón, debe pedir la ayuda de Dios para dejar el pecado, y debe rendirse totalmente a Dios.

Si alguien se arrepiente y confía, Dios le dará Su Espíritu, aunque aquella persona pueda tener algunos con- ceptos falsos en otras áreas, tal como el bautismo en agua. En cosas así, Dios concede Su Espíritu para guiar a aquella persona sincera a una verdad mas profunda.

Dios no está buscando razones para negar a la persona que está orando para recibir el Bautismo del Espíritu Santo, sino dará Su Espíritu a cualquier persona que reúna las condiciones del arrepentimiento y la fe como Su Palabra enseña.

Si alguien quiere recibir el bautismo del Espíritu Santo, debe venir a Dios con fe, creyendo en Su Palabra y esperando a recibir la promesa. Debe arrepentirse de sus pecados en la siguiente manera: debe confesar sus pecados a Dios, debe pedir el perdón de sus pecados, debe prometer a Dios que hará Su voluntad (con Su ayuda), y debe rendirse totalmente a El.

Debe determinar en su mente que quiere recibir el Espíritu de Dios ese mismo día, no importa lo que Dios pueda requerir de El en el futuro. Después de que se arrepiente y hace este compromiso total, debe empezar a alabar Dios por haber oído y contestado su oración.

Entonces, el Espíritu entrará, tomará el dominio completo, y le inspirará a hablar en un idioma que El nunca ha aprendido. A veces, la imposición de manos después del arrepentimiento le ayuda a la persona que está orando para recibir el Bautismo del Espíritu Santo a enfocar su fe en un momento de tiempo y recibir el Espíritu. Esto era una práctica muy común en la iglesia primitiva, aunque no era un requisito previo para recibir el Espíritu.

No se debe enfatizar la expectativa y las alabanzas hasta que el la persona que está orando para recibir el Bautismo del Espíritu Santo se haya arrepentido, porque no importa cuánto le alabe a Dios, no puede recibir el Espíritu sin arrepentirse.

Recibir el Espíritu solo es tan difícil como la persona que está orando para recibirlo lo haga. Se requiere solamente el tiempo necesario para arrepentirse y rendirse completamente a Dios, y eso puede ser un momento no más.

Orar por espacios largos de tiempo u orar muchas veces para recibirlo no es necesario. Los que no reciben el Espíritu o no tienen la fe suficiente para recibirlo o no se han arrepentido completamente y no se han rendido cada área de sus vidas a Dios. Los 120 en el Día de Pentecostés tuvieron que esperar de siete a diez días por el primer derramamiento, pero desde esa fecha, todos se han gozado de la plena libertad de recibirlo.

Si se enseña a la gente cuán importante es recibir el bautismo del Espíritu, realmente cuán fácil es ser lleno del Espíritu, y cómo preparar sus corazones, ellas por lo general reciben el Espíritu fácilmente. Si se enseña la necesidad del bautismo del Espíritu, mucha gente será llenada.

Por otro lado, si se presenta la experiencia como una bendición optativa no más, la mayoría de la gente no la recibirá. Si se enseñan el arrepentimiento y la fe, la mayoría de las personas que están orando para recibir el Bautismo del Espíritu Santo lo recibirá en las aguas del bautismo o cuando se les impongan las manos después del arrepentimiento.

Los niños, los ancianos, los incultos, los educados, los pobres, y los ricos todos reciben el Espíritu. Muchos budistas y otros de trasfondos no cristianos reciben el Espíritu en su primera visita a una iglesia cristiana. Los relatos de Cornelio y de los Efesios muestran que una persona puede recibir el Espíritu al instante, en el momento que se arrepiente y cree.

La Obra del Espíritu


Cuando una persona es bautizada con el Espíritu, recibe el Espíritu de Cristo en su vida en un sentido permanente (Romanos 8:9; Efesios 3:16-17). Llega a ser una parte de la familia espiritual de Dios, y el Espíritu de Dios empieza a guiarle. La Biblia describe esto en varias maneras:

(1) Por el Espíritu nacemos en el reino de Dios (Juan 3:5);
(2) el Espíritu nos adopta en la familia de Dios (Romanos 8:15-16; Gálatas 4:5-6);
(3) el Espíritu nos bautiza en el cuerpo de Jesucristo (1 Corintios 12:13);
(4) el Espíritu nos santifica (1 Corintios 6:11; 1 Pedro 1:2);

(5) el Espíritu es el sello de nuestra salvación (Efesios 1:13); y

(6) el Espíritu es las arras (la prenda, la garantía, el pago inicial) de nuestra herencia (Efesios 1:14). En resumen, recibir el Espíritu es una parte de nuestra salvación. Por supuesto, como hablamos en el capítulo 4, no debemos separar de modo incisivo el bautismo del Espíritu del bautismo en agua puesto que ellos se juntan para completar el nuevo nacimiento y para traer todos los beneficios de salvación.

Además de ser parte de la salvación, el bautismo del Espíritu trae poder (2 Timoteo 1:7). Esto incluye: (1) el poder de dar testimonio y de ser un testimonio viviente que Cristo salva de los pecados (Hechos 1:8); (2) el poder de vencer sobre el pecado, de vivir honestamente, y de hacer morir las obras de la carne (Romanos 8:4, 13); y (3) el poder de la resurrección cuando Cristo venga para Su iglesia (Romanos 8:11).

El Espíritu trae el descanso y el refrigerio (Isaías 28:11-12; Hechos 3:19), y dominio propio (2 Timoteo 1:7). El Espíritu llega a ser un maestro, una guía a toda la verdad, y uno que ilumina la Palabra de Dios (Juan 14:26; 16:13).

También llega a ser nuestro intercesor y nuestro camino de acceso a Dios (Romanos 8:26-27; Efesios 2:18). Finalmente, el Espíritu obra en nuestras vidas para producir el fruto del Espíritu; a saber, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza (Gálatas 5:22-23; Romanos 5:5; 14:17).

Todos estas obras del Espíritu refuerzan la doctrina que recibir el Espíritu es esencial a la salvación. Sin todas aquellas obras del Espíritu que acabamos de mencionar, no podríamos vivir con éxito una vida cristiana victoriosa que le agrade a Dios. Alguien que trata de ser salvo sin recibir el Espíritu de Dios, está intentando ser salvo por sus propios esfuerzos, y está destinado a fracasar.

Conclusión

El bautismo del Espíritu Santo es la experiencia neotestamentaria con Dios que es básica y normal. Es el nacimiento del Espíritu. Dios ha prometido esta experiencia a todos los que creerán en El y ha mandado que todos reciban Su Espíritu.

Hoy mismo una persona puede recibir el Espíritu simplemente por arrepentirse de sus pecados, tener fe en Dios, y pedir a Dios que le dé este don. Una vez que recibe el Espíritu Santo, Dios le dará el poder de vencer sobre el pecado y de vivir una vida santa.

Si una persona deja que el Espíritu le llene continuamente (mandarle y guiarle), producirá el fruto del Espíritu y verdaderamente vivirá un vida como Cristo.

[1] Bloesch, II, 22.
[2] Anthony Hoekema, ¿Qué Del Hablar En Lenguas? (Grand Rapids: Eerdmans, 1966), pág. 114.
[3] Anthony Hoekema, El Bautismo del Espíritu Santo (Grand Rapids: Eerdmans, 1972), págs. 20-21.
[4] El Comentario del Púlpito, XVIII (Hechos), 251.
[5] Hoekema, El Bautismo del Espíritu Santo, págs. 36-37.
[6] El Comentario del Púlpito, XVIII (Hechos), 279; Bloesch, II, 12.
[7] Hoekema, El Bautismo Del Espíritu Santo, pág., 39.
[8] Bloesch, II, 18.
[9] Hoekema, ¿Qué Del Hablar En Lenguas?, pág. 73.
[10] Ibidem, pág. 77.