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Prosigo a la meta: reflexión sobre Filipenses 3:13-14

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“Prosigo a la meta” expresa la determinación espiritual de Pablo en Filipenses 3:13-14. No está hablando de perseguir cualquier sueño personal ni de alcanzar éxito mediante fuerza de voluntad, sino de continuar avanzando hacia aquello para lo cual Cristo Jesús ya lo había alcanzado.

Pablo reconoce que todavía no ha llegado a la culminación de su carrera. No presume haber alcanzado la perfección, pero tampoco utiliza su condición presente como excusa para detenerse. Su vida permanece orientada hacia Jesucristo, hacia el conocimiento de Él y hacia la consumación del llamamiento de Dios.

El pasaje declara:

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).

Esta reflexión forma parte de nuestras Reflexiones Cristianas, donde encontrarás otros mensajes para meditar en la Palabra y aplicarla a situaciones concretas de la vida cristiana.

El contexto de “prosigo a la meta” en Filipenses 3

Para comprender la frase debemos comenzar antes del versículo 13. Pablo acaba de hacer un contraste entre aquello en lo que antes podía depositar su confianza y el incomparable valor de conocer a Jesucristo.

Habla de sus credenciales religiosas, su pertenencia a Israel, su formación como fariseo y su celo. Sin embargo, declara que aquello que había considerado ganancia lo estimó como pérdida por causa de Cristo.

Su deseo aparece con gran claridad en Filipenses 3:10:

“A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte”.

Por eso la meta de Pablo no debe transformarse en una expresión genérica para alcanzar objetivos personales. El contexto es profundamente cristocéntrico: conocer a Cristo, ser hallado en Él, participar de su vida y avanzar hacia la consumación de aquello para lo cual Cristo lo había alcanzado.

Pablo reconoce que todavía no ha llegado

Filipenses 3:12 contiene una confesión muy importante:

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo”.

Estas palabras ofrecen un equilibrio necesario para la vida cristiana. Pablo ha conocido a Cristo, ha servido, ha sufrido por el evangelio y ha experimentado grandes cosas, pero no se considera espiritualmente terminado.

La madurez cristiana no consiste en llegar a un punto donde pensamos que ya no necesitamos crecer. Cuanto más conocemos al Señor, más reconocemos cuánto necesitamos continuar siendo transformados.

Esto también nos libera del perfeccionismo. Admitir que todavía estamos creciendo no significa conformarnos con el pecado o la mediocridad. Significa reconocer con humildad que la obra de Dios en nosotros continúa.

Podemos agradecer lo que el Señor ha hecho sin imaginar que ya hemos llegado al final.

“Prosigo” porque primero Cristo me alcanzó

La última parte de Filipenses 3:12 es decisiva:

“Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”.

Pablo no presenta una carrera en la que trata de ganarse el amor o la aceptación de Cristo mediante suficientes esfuerzos.

Antes de que Pablo prosiga, Cristo ya lo ha alcanzado.

Esta verdad cambia completamente la manera de entender la perseverancia cristiana. No avanzamos para convencer a Jesús de que nos reciba. Avanzamos porque Él nos llamó, nos alcanzó y ha dado una nueva dirección a nuestra vida.

La gracia no produce pasividad. Produce una respuesta.

El creyente que comprende que pertenece a Cristo no dice: “Ya no importa cómo viva”. Dice: “Porque Cristo me alcanzó, quiero vivir respondiendo a su llamamiento”.

¿Qué significa “olvidando ciertamente lo que queda atrás”?

Pablo no está enseñando que debamos borrar nuestra memoria, negar nuestra historia o actuar como si nada de lo vivido tuviera importancia.

El contexto muestra que él mismo acaba de recordar detalladamente su pasado. Por tanto, “olvidar” no puede significar literalmente ser incapaz de recordarlo.

La imagen es la de alguien cuya atención ya no permanece dirigida hacia atrás. Pablo se niega a permitir que aquello que está detrás determine el movimiento que debe hacer hacia adelante.

Esto incluye especialmente aquello en lo que antes depositaba confianza. Sus credenciales religiosas ya no podían convertirse en el fundamento de su justicia delante de Dios. Su pasado tampoco podía sustituir la necesidad de seguir conociendo a Cristo.

Podemos aplicar este principio también a nuestras vidas. Hay errores de los que debemos arrepentirnos y aprender, heridas que necesitan ser tratadas y experiencias buenas que debemos agradecer. Pero ninguna etapa pasada debe ocupar el lugar de Cristo ni hacernos pensar que ya no necesitamos avanzar.

Los fracasos del pasado no tienen que detener tu caminar

Muchas personas leen Filipenses 3 pensando inmediatamente en sus errores, y existe una aplicación legítima cuando se hace a la luz del evangelio.

El pecado debe ser reconocido, no simplemente olvidado. Cuando hemos fallado, la respuesta bíblica es arrepentirnos, recibir el perdón de Dios y caminar nuevamente en obediencia.

El problema aparece cuando, después de habernos arrepentido, seguimos utilizando un fracaso pasado como argumento para creer que Cristo ya no puede trabajar en nuestra vida.

Pablo conocía bien la gravedad de su propia historia. Había perseguido a la iglesia. Sin embargo, la gracia de Cristo no solamente lo perdonó; también transformó completamente la dirección de su vida.

No tenemos que llamar bueno a nuestro pasado para dejar de vivir prisioneros de él. Podemos reconocer lo ocurrido y, al mismo tiempo, permitir que la gracia de Dios determine nuestra dirección presente.

Los logros del pasado tampoco deben detenernos

No solamente los fracasos pueden hacernos mirar atrás. También pueden hacerlo nuestros logros.

Una persona puede vivir recordando lo que hizo hace diez o veinte años y dejar de preguntarse cómo está caminando hoy con Dios.

Puede recordar antiguas experiencias de oración, años de servicio, conocimientos adquiridos o temporadas de mucho crecimiento y comenzar a vivir espiritualmente de recuerdos.

Pablo se niega a hacer eso.

Su experiencia pasada con Dios no reemplaza su deseo presente de conocer más a Cristo.

Una vida cristiana saludable sabe agradecer el camino recorrido sin construir una casa en él. El testimonio de ayer debe fortalecer nuestra fidelidad de hoy, no sustituirla.

“Extendiéndome a lo que está delante”

La siguiente expresión completa la imagen:

“Extendiéndome a lo que está delante”.

Pablo está orientado hacia adelante. Sin embargo, nuevamente debemos cuidar la aplicación: “lo que está delante” no significa cualquier sueño, ascenso, proyecto o éxito que una persona quiera imaginar para su futuro.

El pasaje habla de la carrera cristiana.

Lo que está delante es continuar conociendo a Cristo, madurando, permaneciendo fiel y avanzando hacia la culminación de la salvación que Dios ha obrado en nosotros.

Esta mirada hacia adelante no nos convierte en personas obsesionadas con el futuro. Nos ayuda a vivir correctamente el presente.

Hoy podemos obedecer.

Hoy podemos corregir una actitud.

Hoy podemos orar.

Hoy podemos servir.

Hoy podemos continuar caminando con Cristo.

La meta todavía está delante, pero la carrera se vive en la fidelidad de cada paso presente.

¿Cuál es la meta de Filipenses 3:14?

Pablo declara:

“Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

La meta no es obtener prosperidad, reconocimiento o realización personal. Tampoco se trata de descubrir una profesión específica que represente el “supremo llamamiento” individual de cada creyente.

El contexto vuelve a orientarnos hacia algo mayor.

En Filipenses 3:10-11 Pablo había hablado de conocer a Cristo y llegar a la resurrección de entre los muertos. Más adelante, en los versículos 20-21, recuerda que nuestra ciudadanía está en los cielos y que Jesucristo transformará nuestro cuerpo para hacerlo semejante al cuerpo de su gloria.

Por tanto, el movimiento de Filipenses 3 apunta hacia la culminación de nuestra esperanza en Cristo: conocerle plenamente, perseverar en Él y participar finalmente de la gloria de la resurrección.

La meta es profundamente cristiana porque está definida por Cristo, no por nuestras ambiciones.

El premio no significa que ganamos la salvación por nuestros esfuerzos

Hablar de carrera, meta y premio podría llevarnos a pensar que Pablo está enseñando una salvación conseguida mediante suficiente esfuerzo.

No es así.

En el mismo capítulo Pablo rechaza la confianza en su propia justicia y afirma que desea ser hallado en Cristo:

“No teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo” (Filipenses 3:9).

Su esfuerzo no sustituye la gracia.

La perseverancia es la respuesta de una vida que ha sido alcanzada por Cristo. Por eso podemos esforzarnos sin convertir nuestras obras en el fundamento de nuestra salvación.

Nuestra confianza permanece en Jesucristo.

Prosigo a la meta significa que no puedo vivir espiritualmente detenido

Existe una diferencia entre descansar y detener el crecimiento espiritual.

Necesitamos períodos de descanso. Tenemos límites físicos y emocionales, y reconocerlos no constituye falta de fe.

Pero también podemos caer en una comodidad donde dejamos de buscar a Dios, dejamos de corregir aquello que necesita cambiar y comenzamos a vivir como si ya hubiéramos alcanzado todo lo necesario.

Pablo confronta esa complacencia:

“No que lo haya alcanzado ya”.

Siempre habrá espacio para crecer en conocimiento de la Palabra, carácter, santidad, servicio, amor y dependencia de Dios.

Esto no debe producir ansiedad espiritual. Debe producir humildad y deseo.

No avanzamos porque Dios nunca está satisfecho con nosotros. Avanzamos porque Cristo es tan valioso que queremos seguir conociéndolo y viviendo para Él.

Cuando avanzar se vuelve difícil

La carrera cristiana también tiene temporadas de cansancio.

Hay momentos en los que continuar parece más difícil que comenzar. Algunas respuestas tardan, las cargas se acumulan y la perseverancia comienza a costarnos.

En esos momentos no necesitamos convertir “prosigo a la meta” en una orden para ignorar nuestros límites. Podemos descansar, pedir ayuda y reconocer que necesitamos ser fortalecidos.

Lo que no debemos hacer es permitir que el cansancio termine convirtiéndose en abandono de Cristo.

El sermón No retroceder desarrolla precisamente Hebreos 10:39 y la necesidad de permanecer en la fe cuando seguir adelante resulta costoso.

Hebreos utiliza también la imagen de la carrera y dirige nuestra atención hacia puestos los ojos en Jesús. Filipenses habla de extenderse hacia la meta; Hebreos nos recuerda dónde debe permanecer nuestra mirada mientras corremos.

Prosigo a la meta no significa competir con otros creyentes

La carrera cristiana no es una competencia para determinar quién parece más espiritual.

Compararnos continuamente puede producir orgullo cuando creemos estar avanzando más que otros, o desánimo cuando sentimos que otros han progresado más rápidamente.

Pablo no está mirando a los lados para calcular su valor mediante la carrera de otra persona.

Está mirando hacia la meta.

Cada creyente debe responder a Dios por su propia fidelidad y, al mismo tiempo, aprender a animar a otros en el camino.

La iglesia no necesita corredores que intenten derribarse mutuamente. Necesita creyentes capaces de fortalecerse, exhortarse y ayudarse a llegar firmes hasta el final.

Filipenses 3:16 nos enseña a vivir lo que ya hemos alcanzado

Después de hablar de la meta, Pablo añade:

“Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa” (Filipenses 3:16).

Esta frase evita otro error: pensar que avanzar significa vivir buscando constantemente algo novedoso.

El crecimiento también consiste en ser fieles a la verdad que ya hemos recibido.

Si sabemos que debemos perdonar, necesitamos practicarlo.

Si conocemos la importancia de la oración, necesitamos orar.

Si entendemos una verdad bíblica, necesitamos permitir que transforme nuestra conducta.

No existe verdadero progreso espiritual cuando acumulamos conocimientos mientras nuestra vida permanece sin cambios.

Prosigamos hacia aquello que todavía está delante, pero caminemos fielmente en aquello que Dios ya nos ha permitido comprender.

Una reflexión para quien siente que ha avanzado muy poco

Tal vez miras tu vida y piensas que deberías estar mucho más adelante.

Puedes reconocer áreas que todavía necesitan crecimiento sin despreciar la obra que Dios ya ha realizado.

Pablo mismo reconoce que no ha llegado.

Lo importante no es fingir perfección, sino mantener una dirección.

Pregunta no solamente cuánto te falta, sino hacia dónde estás caminando.

Si estás volviendo tu corazón hacia Cristo, arrepintiéndote cuando fallas, creciendo en obediencia y manteniendo tu fe en Él, continúa.

Estas prédicas para animar y fortalecer reúnen otros mensajes para momentos en los que necesitas recuperar fuerzas, perseverar y volver a enfocar tu caminar con Dios.

Conclusión: prosigo a la meta en Cristo Jesús

Prosigo a la meta no es una invitación a perseguir una versión más exitosa de nosotros mismos. Es una declaración de orientación espiritual: Cristo nos ha alcanzado y ahora nuestra vida debe continuar avanzando hacia Él.

Pablo no vive preso de sus antiguos méritos ni satisfecho con sus avances presentes. Reconoce que todavía no ha llegado y se extiende hacia aquello que está delante.

Nosotros también podemos caminar de esa manera.

Podemos aprender del pasado sin vivir atrapados en él. Podemos agradecer lo alcanzado sin volvernos complacientes. Podemos reconocer nuestras debilidades sin abandonar la carrera y continuar creciendo sin convertir la vida cristiana en una competencia.

La meta permanece delante.

La gracia de Cristo nos sostiene.

Y nuestra esperanza final no está en lo que podamos alcanzar por nosotros mismos, sino en Jesucristo, quien nos alcanzó primero y llevará su obra hasta su cumplimiento.

Para continuar con contenidos orientados a vivir la fe de manera práctica y fiel, puedes recorrer Vida Cristiana y Reflexiones.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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