EL EJERCICIO O USO DE LOS DONES ESPIRITUALES

El uso de los dones espirituales. Biblia abierta en 1 Corintios

Es importante ejercer los dones del Espíritu de acuerdo con el propósito de Dios en concederlos. Se debe tomar en cuenta un número de otros asuntos que también son importantes al considerar su uso.

La disponibilidad de los dones espirituales


“A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: . . . porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (I Corintios 1:2, 5-7).

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En primer lugar, debemos comprender la disponibilidad de los dones espirituales. En términos sencillos, Dios los ha dado a la iglesia. La intención de Dios es que cada cuerpo local de creyentes los ejerza hasta la venida del Señor Jesucristo por Su novia.

Según I Corintios 1:2, Pablo escribió esta epístola no solo a la iglesia de Jesucristo en Corinto sino también “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro.” Estas palabras describen cada cuerpo local de creyentes sin considerar los límites de espacio o de tiempo. Además, el versículo siete afirma que los lectores deben poseer todos los dones espirituales hasta la segunda venida del Señor Jesús. Claramente la discusión de los dones espirituales en I Corintios 12 al 14 se aplica a todas las congregaciones cristianas desde los tiempos de los apóstoles hasta el fin de la presente época.

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Algunos creen que los dones espirituales se terminaron 


Algunas personas, como los protestantes tradicionales, creen que los dones sobrenaturales se acabaron en el tiempo de los apóstoles o un corto tiempo después. Los reformistas Martín Lutero y Juan Calvino mantenían este punto de vista. 

Otros, como los católicos Romanos, creen que siempre suceden los milagros pero generalmente no los esperan en el ambiente de una iglesia local. Aun los carismáticos típicamente no esperan que la iglesia entera experimente estos dones. Por ejemplo, en una conferencia internacional de los carismáticos que se llevó a cabo en el año 1991 en Brighton, Inglaterra, un sacerdote de la Iglesia Católica Romana argumentaba que la iglesia Católica Romana en su totalidad es carismática (caracterizada por los dones espirituales), aunque la gran mayoría de iglesias locales y sus miembros nunca experimentan los dones espirituales. Él razonaba de la siguiente manera: Algunas personas en la iglesia hablan en lenguas y ejercen otros dones sobrenaturales; la iglesia está unida como un solo cuerpo; entonces la iglesia es carismática. Él consideraba que esta situación era satisfactoria y ejemplar.

Uso u operación de los dones espirituales


En contraste a estos puntos de vista, I Corintios presenta cada cuerpo local de creyentes como lleno del Espíritu y experimentando los dones sobrenaturales. El propósito bíblico y la necesidad para los dones espirituales no se acabaron con la época apostólica, y no podemos restringir el propósito y la necesidad de ellos a ciertos lugares. Aunque la iglesia es universal, cada extensión local de la iglesia debería buscar y esperar la operación de los dones sobrenaturales mientras tanto que la iglesia esté en este mundo.

Cuando el Señor vuelva por Su iglesia, ya no habrá más propósito para los dones del Espíritu. No tendremos necesidad de milagros y sanidad porque en la resurrección recibiremos cuerpos glorificados e inmortales. No tendremos necesidad de la palabra de sabiduría ni de la palabra de ciencia porque en la eternidad poseeremos la plenitud de la sabiduría divina y del conocimiento divino. Sin embargo, por ahora necesitamos los dones del Espíritu

Toda persona llena del Espíritu Santo puede operar los dones espirituales


Cada persona que es llena con el Espíritu puede operar potencialmente cualquiera de los dones, porque vienen del Espíritu. No todo individuo operará cada don porque el Espíritu reparte “a cada uno en particular como él quiere” (I Corintios 12:11), pero cada congregación debe actualizar la potencialidad para los dones. Por ejemplo, no todos profetizarán ni hablarán en lenguas a la congregación entera, pero cada persona llena del Espíritu tiene la potencialidad de hacerlo. (Véase I Corintios 14:31.) Cada individuo debe estar dispuesto a usar cualquier manifestación que Dios escoja.

DESEANDO LOS DONES ESPIRITUALES


Los dones espirituales para usarlos en la edificación de la iglesia


“Procurad, pues, los dones mejores...… y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis” (I Corintios 12:31; 14:1).

Debemos desear y buscar activamente todos los dones del Espíritu. Aunque I Corintios 12:31 habla de “los dones mejores,” no identifica cuáles dones son los mejores. Alguien puede suponer que solo unos cuantos de los nueve dones son superiores y entonces desearlos, pero ¿Nos presentaría Dios una lista de nueve dones y entonces nos ordenaría a buscar solamente unos cuantos de ellos?

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¿Concedería el Espíritu algunos dones que no son deseables? En la única indicación que un don específico es mejor que el otro, I Corintios 14 describe la profecía como superior a las lenguas en las reuniones públicas. Subraya también el valor de las lenguas en la devoción privada y dice que las lenguas son iguales a la profecía en las reuniones públicas cuando hay una interpretación.

Procurad los mejores dones espirituales


Desde este punto, parece que el “mejor” don puede variar dependiendo de las circunstancias. El mejor don es el don más apropiado y más necesitado en su debido momento. Entonces desear los mejores dones es buscar los dones que son más importantes para nuestra iglesia en un momento específico y orar para que el Señor nos conceda aquellos dones de acuerdo con Su ciencia perfecta de nuestra situación.


Los cristianos deben ser sensibles a la dirección del Espíritu de Dios para que estén dispuestos para cualquier manifestación que Dios elija. No deben limitar su modo de pensar a lo que hayan experimentado u observado en el pasado, sino cada creyente debe estar dispuesto a la operación de “los mejores dones” para tal ocasión.

Como ejemplo, si la adoración en el culto general experimenta una pausa santa, en la cual el Espíritu desea comunicar con la congregación en una manera especial, cada miembro debe rendirse a Dios, dándose cuenta que, aunque Dios no usará a todos a la vez, Él quiere usar a alguien. Si una persona habla a la iglesia en lenguas, todos deben orar para la interpretación, anticipando que quizás Dios le usará.

En el proceso del consejo, puede ser que un pastor llegue a un estancamiento donde parece que no pueda haber ninguna solución. El debe orar y tener fe para una palabra de sabiduría o una palabra de ciencia. Talvez se levante un problema serio o alguna confusión en la congregación, pero se desconoce la causa. El pastor debe pedir a Dios para el discernimiento de espíritus.

A como se presenten las necesidades y a como Dios nos impresione, podemos creer y orar por unos dones específicos. A como nos rindamos al Espíritu, Dios obrará por medio de nosotros como Él vea necesario. Si Él decide no actuar en una forma milagrosa en un cierto momento, debemos seguir andando por la fe, dándonos cuenta que Dios conoce cosas que nosotros no conocemos y que Él hace planes más allá de nuestra comprensión. 


Dado que Dios tiene el conocimiento perfecto de la situación, tal vez Él elija no actuar como esperamos, debido a actitudes o circunstancias que no podemos ver. Puede ser que use a alguien más, o puede ser que obre en una manera totalmente diferente. En algunos casos una falta de fe o falta de rendimiento de nuestra parte puede impedir Su obra, y debemos aprender a ser más sensibles en el futuro.

LOS DONES ESPIRITUALES NO SON UNA SEÑAL DE MADUREZ ESPIRITUAL


“Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿Por qué os maravilláis de esto? ¿O por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” (Hechos 3:12).


Aunque deseamos los dones espirituales y debemos aprender a abrir nuestras vidas a ellos, debemos darnos cuenta que en sí mismo, el ejercicio de los dones espirituales no es necesariamente una señal de madurez espiritual. Este concepto sorprende a muchas personas porque ellos presumen equivocadamente que si Dios usa a una persona en una manera milagrosa entonces aquella persona debe ser extraordinariamente espiritual.

Sin embargo, los dones espirituales son verdaderamente dones: Ellos vienen libremente por la gracia de Dios. Como hemos visto, la palabra griega para “don” en I Corintios 12 es carisma, la cual está relacionada íntimamente a la palabra charis, la palabra que significa “gracia.” Por definición, un don no es algo que una persona ha comprado o ganado.

Así es con los dones espirituales. Una demostración impresionante de los dones espirituales debe recordarnos de cuán poderoso y lleno de gracia es nuestro Dios. No debemos enfocar nuestra atención en el individuo que recibe el don, concluyendo que es un gran profeta o la persona más espiritual en la iglesia. Por supuesto, es evidente de que tiene fe para el don y que ha aprendido a rendirse al Espíritu de Dios. Podemos apreciar su sensibilidad en esta área, pero puede ser que no tenga el mismo grado de fe y rendición en otras áreas de su vida. 

De acuerdo con el Señor Jesús, algunas personas tendrán la fe para profetizar, echar fuera demonios, y hacer obras maravillosas en Su nombre, sin embargo, debido a su desobediencia a la voluntad de Dios no entrarán en el reino de Dios. (Véase Mateo 7:21-27.) Entonces, es posible que alguien en la iglesia pueda recibir y ejercer un don espiritual mientras que a la vez esté creyendo una doctrina falsa o participando en una práctica pecaminosa.

En Hechos el capítulo 3, multitudes de gente se congregaban alrededor de Pedro y de Juan como resultado de la sanidad de un hombre minusválido. Pedro les dijo que no deberían pensar que este milagro ocurrió debido a su propio poder o santidad. Él dijo que Jesús había hecho el milagro. En otras palabras, el milagro no indicaba que Pedro y Juan fuesen más espirituales que alguien más. Ellos oraron en el nombre de Jesús, ejerciendo fe en Él, y Él hizo la obra.


Con respecto a las expresiones de adoración, se rige el mismo principio. Si alguien danza en el Espíritu o se cae postrado en el piso bajo el poder de Dios, no aprendemos nada acerca de su condición espiritual. A menudo las personas más espirituales adoran con más libertad. Al contrario, a veces las personas más carnales adoran libremente también, gozándose de la experiencia emocional, la atención prestada por otros o ambas cosas. A veces personas que son notoriamente inconstantes reciben bendiciones dramáticas en su adoración; quizás Dios les bendice tan grandemente porque esto es lo que ellos necesitan para permanecer en la iglesia o porque se requiere medidas extraordinarias para hacerlos acercarse a Dios. En tales casos, nosotros simplemente reconocemos la grandeza de la misericordia y gracia de Dios.

En pocas palabras, cuando vemos una notable manifestación espiritual reconocemos que el individuo se ha rendido a Dios en ese punto. Aquella persona ha aprendido a ser sensible al Espíritu, a rendirse a Su voluntad, a deshacerse de sus inhibiciones, a aceptar la Palabra de Dios, y tener fe en que Dios le va a bendecir. Estas cualidades son admirables, y cuando se aplican a todas las áreas de la vida, resultan en madurez espiritual.

Sin embargo, no podemos llegar a ninguna conclusión acerca de la vida o la doctrina del individuo. Puede ser que él sea o maduro o inmaduro espiritualmente. Un don espiritual o una manifestación espiritual no es una señal de madurez espiritual, ni es un sello de aprobación de la vida total de aquella persona. El don simplemente revela cuán grande es Dios.

Una comprensión de este principio nos guiará a un ejercicio más grande de los dones espirituales. Cuando la gente deja de enfocar en su falta de capacidad y de cualidades, y comienzan a enfocar en la gracia y el poder de Dios, se hace más fácil que ellos puedan tener fe para los dones espirituales. Además, quizás Dios limita o retiene algunos dones en ciertas situaciones a causa de gente que esta dispuesta a malentenderlos o exagerar su significado. Puesto que el Espíritu siempre exalta a Jesús, habrá más libertad y más manifestaciones del Espíritu cuando la gente no permita que los dones espirituales resulten en el orgullo, o en una aprobación de una doctrina falsa o una exaltación personal o un falso estilo de vida.

USO DE LOS DONES ESPIRITUALES: RENDIDOS AL ESPÌRITU


“Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros” (Hechos 3:16).

No apaguéis al Espíritu” (I Tesalonicenses 5:19).

La clave para el ejercicio de los dones espirituales es la fe


Según la explicación de Pedro acerca de la sanidad del hombre minusválido, la clave para el ejercicio de los dones espirituales es fe en Jesucristo. En su sentido más amplio, la fe significa confianza en el Señor y dependencia en Él. En vez de depender en nuestras capacidades, debemos depender de las capacidades de Dios. En vez de gloriarnos de nuestras cualidades o logros, debemos gloriarnos en la muerte, sepultura y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. En vez de desarrollar estrategias ingeniosas y complejas para logros espirituales, debemos apropiar la victoria que Jesús ya ganó para nosotros. En vez de confiar en nuestro propio trasfondo, conocimiento o experiencia, debemos confiar en la obra del Espíritu Santo, el Espíritu del Señor resucitado. En vez de apagar al Espíritu, debemos rendirnos al Espíritu.

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La humildad es importante en el uso de los dones espirituales


Para confiar en el Espíritu Santo se requiere humildad, quebrantamiento, y rendición completa. La humildad es vital en el ejercicio de todos los dones y habilidades espirituales. (Véase Romanos 12:3-6.) 

“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (I Pedro 5:5-6). 

“Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu” (Salmo 34:18). “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).

Humildad, quebrantamiento y rendición total en el uso de los dones espirituales


La humildad, el quebrantamiento, y la rendición total son importantes en todos los aspectos de la vida cristiana, pero estos atributos son particularmente vitales en permitir que el Espíritu de Dios obre por medio de nosotros. 

No debemos de ser orgullosos pero a la vez no debemos rechazarnos a nosotros mismos totalmente, sino debemos simplemente ser inconscientes del ego. Necesitamos un hambre por las cosas de Dios y un amor sincero por el reino de Dios. 

Debemos arrepentirnos del pecado y buscar la santidad, pidiendo que el Señor nos revele y que quite las impurezas secretas de nuestras vidas. Periódicamente debemos evaluar y purgar nuestros motivos. Debemos desarrollar un hábito de orar y una actitud continua de oración. La autodisciplina y la negación de sí mismo deben ser principios que nos guíen en nuestras vidas y el ayuno es una práctica muy importante en este sentido.

No podemos ganar favores de Dios por medio de esfuerzos espirituales, pero estas actitudes y disciplinas ayudarán a minimizar las influencias mundanas y maximizar las influencias piadosas. A como desechemos los deseos egoístas y las concupiscencias carnales, llegaremos a ser más sensibles y más abiertos a las cosas de Dios.

El aprender a caminar por fe y a rendirse al Espíritu, es un proceso. Crecemos en la gracia y el conocimiento (II Pedro 3:18). No es difícil permitir que Dios obre en nosotros, pero sí se requiere ajustes mentales, emocionales y espirituales. Tenemos que desechar el temor y la duda y dejar que el Espíritu fluya a través de nosotros

Los mismos principios obran tal como cuando recibimos en el principio el Espíritu Santo y hablamos en lenguas. El don del Espíritu Santo viene por gracia por medio de la fe, y después que la gente lo recibe ellos siempre reconocen cuán sencillo es recibirlo. Sin embargo, algunos oran muchas veces y por muchas horas antes de ser bautizados con el Espíritu Santo—no porque la experiencia en sí misma sea difícil de recibir sino porque ellos tienen que arrepentirse completamente; aprender a desechar su culpabilidad, su temor, y su duda; aceptar el don por medio de una fe activa y presente; y rendir sus mentes y cuerpos al dominio de Dios.

Cuando Dios primeramente empieza a usar a la gente en una cierta manera, muchas veces están nerviosos, recelosos, o temerosos—temerosos de lo desconocido, temerosos de ser rechazados, temerosos de estar fuera del orden. Cuando ellos vencen estos sentimientos y actúan por la fe, entonces el Espíritu fluye libremente por medio de ellos. Muchas veces ellos necesitan tan solo una pequeña confirmación o un poco de ánimo para rendirse completamente.

Ejemplos del uso de los dones espirituales


En los primeros años de mi matrimonio y mi ministerio, estuve dirigiendo un culto cuando alguien en la congregación habló en lenguas. Sentí que Dios daría la interpretación a mi esposa, entonces me acerqué a ella y puse mi mano sobre ella. Inmediatamente ella comenzó a dar la interpretación. Ella había sentido que Dios estuvo moviéndose sobre ella pero esta experiencia era nueva para ella, y ella estaba recelosa a responder. Mi acción le dio la confirmación que necesitaba.

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En otro culto, observé un incidente similar. Mientras Dios se movió en una manera especial, el director del culto se acercó a un ministro joven, dándose cuenta de que Dios quería hablarle a él, y puso sus manos en el hombro del joven ministro. Inmediatamente el joven comenzó a profetizar.

Cuando mi esposa y yo fundamos una iglesia en Austin, Texas, empezamos con cultos en nuestro hogar. Pronto comenzamos a compartir un edificio con otra congregación por dos cultos a la semana, pero seguíamos conduciendo reuniones de oración en nuestro hogar. Mientras que la congregación siempre era pequeña, comencé a enseñar acerca de los dones del Espíritu y a decirle a la gente que Dios quería que esos dones operaran en nuestro grupo. En una reunión de oración, mientras el Señor se movió fuertemente me di cuenta que Dios quería hablar por medio de la abuela de mi esposa. Aunque ella tenía más de setenta años y había sido criada en el movimiento Pentecostal, nunca antes había sido usada en esta manera, y estaba recelosa a rendirse.

Después del culto le dije, “Abuelita, tu siempre has asistido a iglesias donde habían muchas personas que sabían como responder a Dios, pero ahora eres parte de una iglesia joven en la cual la mayoría de la gente no ha tenido mucha experiencia. Tenemos necesidad de gente como tu que saben cómo responder a Dios. Entonces, la próxima vez que tu sientas lo que sentiste esta noche, sigue no más, y deja que Dios hable por medio de ti.” Un poco después, en otra reunión de oración, ella sí se rindió, hablando en lenguas al grupo, y siguió una interpretación.

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Es posible que una persona opere un cierto don una sola vez, pero típicamente la gente operará el mismo don repetidas veces. Una vez que venzan su recelo inicial, y que operen por la fe, y se rindan a Dios, será mucho más fácil que Dios les use otra vez en la misma manera. Sin embargo, no debemos permitirnos caer en una zanja ni como individuos o como iglesias. Si alguna vez hemos sido usados en una cierta manera, no debemos presumir automáticamente que la próxima vez Dios nos usará a nosotros en vez de alguien más. También, si Dios frecuentemente ha usado a otro miembro de la iglesia en una cierta manera, no debemos presumir que esa persona sea la única que Dios quiere usar en aquella manera. Al contrario, cada vez que Dios se mueve y cada vez que se presenta una necesidad, todos nosotros debemos buscar a Dios y ser sensibles a Su voluntad y a Su obra en aquel momento.

USO DE LOS DONES ESPIRITUALES: OPERANDO LOS DONES EN AMOR


Seguir el amor en el uso de los dones espirituales


“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy . . . Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis” (I Corintios 13:1-2; I Corintios 14:1).

La cosa más importante que podemos decir acerca de los dones espirituales es que debemos operarlos en amor. En medio de la discusión acerca de los dones espirituales en I Corintios 12 al 14, un capítulo entero—I Corintios 13—se dedica al tema del amor. Es uno de los pasajes más hermosos de las Escrituras, y muchas veces con razón es citado por sus enseñanzas acerca del amor en general. Sin embargo, no debemos olvidar que su aplicación más inmediata se encuentra en el contexto de los dones espirituales.


Este capítulo declara enfáticamente que los dones no tienen valor si no se operan en amor. No es la voluntad de Dios que alguien intente usar un don espiritual en una manera que sea tosca, destructiva, condenativa, manipulativa, intimidante, o perturbadora.

Tales manifestaciones o son completamente falsas o, por lo menos, se abusan de lo que Dios desea lograr. La única manera correcta de ejercer los dones espirituales es con un corazón lleno de amor por Dios y el uno por el otro. 

Ejemplos que violan el principio del amor en el uso de los dones espirituales


Aquí presentamos unos ejemplos que violan el principio de amor. En una iglesia que estaba en medio de un conflicto, una persona dio un mensaje público alegando que un cierto individuo descontento trataría de matar a miembros de la familia del pastor. En otro caso, un pastor aprendió que una familia en su iglesia estaba contemplando una acción la cual el desaprobó. Les dijo que Dios le había hablado acerca del asunto y dejó de entender que si ellos actuaban contrario al deseo del pastor entonces la muerte quizás visitaría la familia. En una tercera situación, un miembro de una iglesia comenzó a dar profecías privadas de juicio a otros en la iglesia, diciendo a una persona enferma que ese individuo pronto moriría pero no ofreció ninguna razón constructiva del por qué Dios le reveló tal información.

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En cada caso, hubo un uso alegado de un don espiritual, pero no con el propósito de la edificación, exhortación, o consuelo y no como una expresión de amor por los demás. Aun si algunas de las declaraciones contenían un elemento de la verdad, no se hicieron en una manera redentora o constructiva con respeto y amor por los involucrados. Al contrario, esas acciones solo dañaron a individuos o a congregaciones.

EL USO DE LOS DONES ESPIRITUALES ESTAN SUJETOS AL CONTROL DEL RECEPTOR


Uso de los dones espirituales: Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas... decentemente y con orden


Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos, . . . pero hágase todo decentemente y con orden” (I Corintios 14:32-33; I Corintios 14:40).


Los dones del Espíritu están sujetos al control del usuario. Cuando Dios da dones, Él no pisotea la voluntad humana. Retendremos el derecho de elegir el uso de los dones de Dios impropiamente, y Él espera que los usemos apropiadamente. Esta verdad es para todas las bendiciones de Dios, incluyendo la vida misma, la salud, las posesiones materiales, las finanzas, los talentos, las habilidades, los ministerios, las posiciones de liderazgo, y los dones sobrenaturales.

Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas, porque Dios respeta la personalidad y voluntad humana en el ejercicio de los dones espirituales


Algunas personas suponen que por el hecho de que los dones del Espíritu son sobrenaturales los receptores tienen poco o nada de control sobre ellos. Ellos piensan que Dios ejerce tanto control sobre los receptores que ellos actúan casi inconscientemente, en un estado de transe o de robots. Pero Dios siempre respeta la personalidad y la voluntad humana, porque Él nos creó a Su imagen como seres morales, inteligentes y racionales, con el poder de elegir. En todas las manifestaciones, los receptores deben rendirse a Dios, pero Dios siempre les permitirá retener un cierto grado de control. Como consecuencia inevitable de esta libertad de escoger, siempre existe la potencialidad para el mal uso o el abuso.

Por ejemplo, en el Antiguo Testamento Dios le dio a Moisés el poder de sacar agua de una peña para Israel. En una ocasión Dios le dijo a Moisés que hablara a la peña. En cambio, Moisés, enojado por la rebelión de Israel, golpeó la peña. Puesto que Moisés desobedeció a Dios en este asunto, Dios no le permitió entrar a la tierra prometida. (Véase Números 20:7-12.)

Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas, porque Dios obra por medio de los espíritus humanos y el ser humano ejerce control sobre su propio espíritu


Debido a la posibilidad del mal uso, I Corintios 14:32 dice, “Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.” Los seres humanos no pueden controlar ni dictaminar al Espíritu de Dios, pero el Espíritu obra por medio de los espíritus humanos, y los seres humanos sí ejercen control sobre sus propios espíritus. 

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Dios retiene el control final sobre la concesión de los dones espirituales, pero Él les da a los seres humanos mucha libertad en cuanto a su uso. Aunque no podemos determinar quiénes recibirán qué dones, y aunque no debemos intentar forzar a que ciertos dones operen cuándo, dónde y cómo deseemos, tenemos una responsabilidad personal de usar los dones tal como Dios lo ha propuesto—para Su gloria, para la edificación del cuerpo, y con amor para todos los involucrados.

El hablar en lenguas es un buen ejemplo. Hablamos en lenguas como el Espíritu nos dé que hablemos (Hechos 2:4), y no por un aprendizaje humano ni ninguna imitación de sonidos. Cuando alguien primeramente recibe el Espíritu Santo, hablará en lenguas como señal inicial, y en la mayoría de los casos, seguirá hablando en lenguas de vez en vez en su vida privada devocional. A como crezca en el Señor, puede aprender a rendirse a Dios y orar fervientemente para que hable en lenguas más a menudo. Aunque el hablar siempre viene de Dios, el individuo puede crear condiciones conducentes al hablar en lenguas, entonces tiene una responsabilidad de ejercer este don en una manera apropiada.

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En mi caso personal, no hablo en lenguas cada vez que oro, pero cuando estoy en una profunda oración intercesora, a menudo comienzo a hablar en lenguas sin tenerlo en mente. En casi cualquier lugar y en cualquier momento podría orar fervientemente hasta hablar en lenguas, y podría orar en voz tan alta como quisiera, sin embargo, en circunstancias normales no me sería apropiado arrodillarme en el pasillo de un supermercado, en el centro de una carretera, o en una aula de un colegio público y orar hasta hablar en voz alta en lenguas. En tal caso, el Espíritu y no la carne o el diablo me darían el poder de hablar en lenguas, más el tiempo y el lugar no serían apropiados. En vez de glorificar al Señor, de atraer a los pecadores a Él, y de edificar a los creyentes, tal uso sería un obstáculo, una distracción, y un reproche.

Debemos hacer un uso apropiado de los dones espirituales


Algunos dicen que Dios detendría cualquier mal uso de un don. Hay quienes citan algunos abusos como evidencia de que todas las llamadas manifestaciones espirituales son falsas, y algunos citan los abusos para urgir que no debamos buscar ninguna manifestación sobrenatural. Pero el antídoto al mal uso y al abuso no es el desuso sino el uso apropiado. Además, tales personas simplemente no comprenden como opera Dios. Él responde a la fe donde quiera que la halle, Él cumple su Palabra a todos los que la invocan, y cuando Él concede un don, Él también concede la autoridad y la responsabilidad de usar aquel don.

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Jesús enseñaba, “No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos” (Mateo 7:6). En este versículo el Señor enseña que algunos usos de bendiciones santas y de dones espirituales no son provechosos sino son inapropiados, o dañinos. Pablo escribió de la nación de Israel, “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Romanos 11:29). Aunque Israel como nación no cumplió el propósito de Dios, Dios seguía obrando en su medio para dirigirles de nuevo a Su plan.

En esta manera una persona puede tener fe para un milagro genuino de Dios para después usar mal aquel milagro para promocionarse a sí mismo, para aprobar doctrina falsa, buscar fama mundana, o para obtener beneficios materiales. Un ejemplo sería la sanidad de Naamán de la lepra por medio del ministerio de Eliseo. Eliseo rehusó la oferta de pago de parte de Naamán, pero más tarde el criado de Eliseo, Giezi, aceptó dinero y vestimentas de Naamán y entonces incurrió en el juicio divino. (Véase II Reyes 5.)

No debemos culpar a Dios por aquellos abusos y la conclusión resultante. El propósito de Dios en conceder un milagro siempre es bueno. En cada caso Él obra por gracia, responde a la fe, cumple Su Palabra, y suple las necesidades genuinas. 

Somos responsables de uso de los dones espirituales de acuerdo a las pautas que Dios nos ha dado


Es nuestra responsabilidad usar estos dones de acuerdo a las pautas que Él nos ha dado. También es nuestra responsabilidad juzgar todas las manifestaciones para ver si son de Dios y, aunque sean de Dios, para ver si se usan de una manera apropiada. (Véase I Corintios 14:29, 37; I Juan 4:1.) Los cristianos maduros pueden reconocer un mover genuino de Dios. También pueden reconocer una manifestación genuina sin aceptar una interpretación incorrecta o un mal uso de ello. Por ejemplo, pueden reconocer una sanidad divina pero rechazar un reclamo hecho por la persona quien oró por la sanidad de una autoridad extra-bíblica.

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Algunas manifestaciones son carnales, demoníacas, o falsas. A veces una obra espiritual genuina se usa en una manera no apropiada. Por ejemplo, supongamos que Dios concede una palabra de ciencia a un pastor acerca de un serio pecado en la iglesia que él dirige. El propósito de Dios es el de proteger al pastor y a la iglesia y salvar al pecador. Dependiendo de las circunstancias, el mejor uso de este conocimiento puede ser que el pastor le aconseje en privado al pecador, actuar discretamente para minimizar el daño, avisar confidencialmente a otro individuo que haya sido afectado, o simplemente orar y mantener cuidado hasta un tiempo después. Sin embargo, si el pastor anuncia el pecado secreto a la congregación entera, probablemente usaría mal la palabra de ciencia, porque esta acción probablemente haría daño a todos los involucrados sin lograr el propósito de Dios.

Algunos dicen que cuando sienten el Espíritu deberían actuar sin restricciones, porque cualquier pauta apagaría al Espíritu. En oposición a este punto de vista, bajo inspiración divina, Pablo escribió, “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore” (I Corintios 14:37-38).

Los que son verdaderamente espirituales reconocerán la necesidad para pautas bíblicas, no porque no confíen en el Espíritu, sino porque no confían en la carne. En vez de depender únicamente en sentimientos subjetivos y en impresiones, son guiados principalmente por los principios objetivos y las instrucciones de la Palabra de Dios, dándose cuenta que el Espíritu quien se mueve sobre ellos ya ha establecido pautas universales para gobernar Sus dones. Pensar de otro modo sería una muestra de ignorancia.

USO DE LOS DONES ESPIRITUALES, PERO HÁGASE TODO DECENTEMENTE Y EN ORDEN


Hágase todo decentemente y en orden en el uso de los dones espirituales


Podemos resumir una buena parte de nuestra discusión en lo siguiente: “Pero hágase todo decentemente y con orden” (I Corintios 14:40). En cada ejercicio de un don espiritual debemos apoyar la unidad de la iglesia y al liderazgo espiritual. En cada culto de adoración debemos buscar el beneficio máximo para todos los que estén presentes, creyentes e inconversos, todos iguales.

Supongamos que alguien capta la atención de todos en un culto público por hablar fuertemente en lenguas. Típicamente el pastor o el líder de adoración se detendrá para permitir la operación de lenguas e interpretación. Pero ¿Qué pasa si el líder sigue con el orden del culto? o ¿hace una transición deliberada a otra parte del culto? La congregación debe seguir su dirección. Ellos no estarían apagando al Espíritu; estarían haciendo todo decentemente y en orden.

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Hay varias explicaciones posibles de esta situación, pero no importa cuál de ellas sea la correcta, la iglesia siempre debe seguir la dirección del líder espiritual porque Dios le ha dado la responsabilidad de dirigir el culto. En primer lugar, puede ser que el individuo que habló en lenguas simplemente hubiese estado recibiendo una bendición; puede ser que esa obra particular del Espíritu habría sido destinada para la persona que hablaba. Sin embargo, el líder percibió la dirección del Señor para la congregación entera y actuó de acuerdo a ello.

En segundo lugar, puede ser que el individuo fue llevado por un sentimiento incorrecto, un celo excesivo, la carnalidad, o aun una influencia demoníaca. En tal caso, el líder tenía la responsabilidad de proteger a la congregación, y todos en la congregación tenían una responsabilidad de cooperar con el líder.

En tercer lugar, es posible que el líder no captara la dirección del Espíritu. Sin embargo, en tal caso un individuo haría más daño que bien en tratar de forzar el culto en contra de lo que el líder está haciendo. Esto ocasionaría una división y confusión.

Uso de los dones espirituales, pero hágase todo decentemente y en orden, cooperando y promoviendo la unidad


Más probable, la persona que ocupa el liderazgo espiritual hará la decisión correcta, pero aunque no la haga, la mejor manera de tratar con la situación es de cooperar y de promover la unidad. Dios fácilmente puede lograr Su propósito en alguna manera o puede moverse sobre el líder más tarde, y un error momentáneo no debe causar ningún daño duradero. Sin embargo, el daño causado por una conducta indecente o fuera de orden, es muchas veces permanente.

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En resumen, cada congregación y cada cristiano deben buscar fervientemente los dones del Espíritu. A la vez, todos nosotros debemos aprender a ejercer los dones de acuerdo a los principios bíblicoscon amor, decentemente, y en el orden divino.