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Uso de los dones espirituales: estudio bíblico sobre amor, orden y edificación

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Introducción: los dones espirituales deben usarse conforme al propósito de Dios

Los dones espirituales no fueron dados para confusión, orgullo, espectáculo religioso ni competencia dentro de la iglesia. Fueron concedidos por Dios para edificar el cuerpo de Cristo, fortalecer a los creyentes, confirmar la obra del evangelio y glorificar al Señor. Por eso, no basta con saber cuáles son los dones espirituales; también es necesario aprender el uso de estos dones según la Biblia.

El apóstol Pablo dedicó una sección amplia de 1 Corintios a este tema. En los capítulos 12 al 14, enseña sobre la diversidad de dones, la unidad del cuerpo, la supremacía del amor, el uso correcto de la profecía, las lenguas, la interpretación y el orden dentro de la congregación. Esto demuestra que una iglesia puede tener manifestaciones espirituales y, al mismo tiempo, necesitar corrección, madurez y dirección bíblica.

Los dones espirituales son buenos porque vienen de Dios. El problema nunca está en lo que Dios concede, sino en el uso equivocado que el ser humano puede hacer de aquello que recibió. Por eso, la Escritura no nos manda a apagar la obra del Espíritu, sino a ejercerla con amor, discernimiento, humildad, reverencia y orden.

Dentro de Estudios bíblicos, este tema pertenece de forma directa a Neumatología, porque trata sobre la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente y en la iglesia. Para comprender mejor la base doctrinal de este estudio, también puedes leer El Espíritu Santo en la Biblia, donde se explica su obra, sus dones, su fruto y su manifestación en el pueblo de Dios.

Además, este artículo se complementa con cuáles son los dones del Espíritu Santo, Los 9 dones del Espíritu Santo, los dones ministeriales y los dones de servicio en Romanos 12.

El propósito de este estudio no es apagar el deseo por los dones, sino orientarlo correctamente. La iglesia necesita los dones espirituales, pero también necesita carácter, amor, orden y sujeción a la Palabra. Una iglesia llena del Espíritu no es una iglesia desordenada, sino una iglesia donde Dios obra con poder y donde los creyentes responden con reverencia, humildad y obediencia.

La disponibilidad de los dones espirituales en la iglesia

Pablo escribió a la iglesia de Corinto diciendo que habían sido enriquecidos en Cristo “en toda palabra y en toda ciencia”, de tal manera que nada les faltaba “en ningún don”, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo (1 Corintios 1:5-7). Esta declaración es importante porque muestra que los dones espirituales pertenecen a la vida de la iglesia mientras espera la venida del Señor.

Los dones no fueron presentados como una experiencia aislada para unos pocos creyentes, ni como algo reservado únicamente para una etapa inicial de la iglesia. Pablo escribe a una congregación local, pero sus enseñanzas tienen aplicación para las iglesias que invocan el nombre del Señor. Los dones espirituales siguen siendo necesarios porque la iglesia todavía necesita edificación, dirección, discernimiento, sanidad, exhortación, consolación, fortaleza y poder para testificar.

Mientras la iglesia esté en este mundo, enfrentará necesidades que no pueden resolverse solamente con capacidad humana. Habrá momentos donde se necesite sabiduría espiritual, revelación, discernimiento, fe, sanidad, milagros, profecía, lenguas e interpretación. Habrá creyentes que necesiten consuelo, congregaciones que necesiten dirección, enfermos que necesiten oración, pecadores que necesiten escuchar el evangelio y líderes que necesiten sensibilidad para guiar al pueblo de Dios.

Por eso, la iglesia no debe vivir como si los dones espirituales fueran un recuerdo del pasado. El Espíritu Santo sigue obrando, capacitando, guiando, repartiendo y manifestando su poder conforme a la voluntad de Dios. El creyente no debe acercarse a este tema con temor carnal, incredulidad o indiferencia, sino con reverencia bíblica y hambre espiritual.

Sin embargo, creer en la disponibilidad de los dones no significa aceptar cualquier manifestación sin discernimiento. La misma Biblia que nos llama a procurar los dones espirituales también nos manda a hacer todo decentemente y con orden. La disponibilidad de los dones debe ir acompañada de responsabilidad espiritual.

Por qué la iglesia necesita los dones espirituales

La iglesia necesita los dones espirituales porque Cristo no dejó a su pueblo dependiendo únicamente de métodos, organización, conocimiento humano o recursos naturales. La iglesia debe predicar, enseñar, servir, organizarse y trabajar con diligencia, pero todo eso debe estar acompañado por la obra viva del Espíritu Santo.

En 1 Corintios 12:7, Pablo dice: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”. Esta frase resume el propósito de los dones. Son manifestaciones del Espíritu, no exhibiciones humanas; son dadas para provecho, no para vanidad personal.

Los dones ayudan a la iglesia de muchas maneras. Por medio de ellos, Dios puede revelar dirección en un momento difícil, fortalecer la fe en medio de una imposibilidad, sanar al enfermo, consolar al afligido, corregir una situación peligrosa, confirmar la predicación, edificar al cuerpo y despertar sensibilidad espiritual en la congregación.

Una iglesia que ignora los dones puede caer en dependencia excesiva de lo humano. Puede tener programas, reuniones, recursos y estructura, pero poca sensibilidad a la dirección de Dios. También puede volverse fría ante lo sobrenatural y perder expectativa de la intervención divina.

Pero una iglesia que busca los dones sin madurez también puede caer en desorden, emocionalismo, manipulación o falta de discernimiento. Por eso, el equilibrio bíblico es necesario: anhelar la obra del Espíritu y, al mismo tiempo, someter toda manifestación a la Palabra de Dios.

Los dones espirituales son necesarios, pero deben cumplir el propósito por el cual fueron dados: edificar, fortalecer, servir y glorificar a Jesucristo.

Procurad los dones espirituales

Pablo escribió: “Procurad, pues, los dones mejores” (1 Corintios 12:31), y luego dijo: “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis” (1 Corintios 14:1). Estas palabras muestran que el creyente no debe tener una actitud pasiva ante los dones. Debe desear la obra de Dios, buscarla con oración y estar disponible para ser usado por el Señor.

Procurar los dones no significa exigirle a Dios una manifestación según nuestro gusto. Tampoco significa elegir un don por orgullo, curiosidad o deseo de reconocimiento. Significa presentarnos delante de Dios con humildad y decir: “Señor, usa mi vida como tú quieras para edificar a tu iglesia”.

Cuando Pablo habla de “los mejores dones”, no necesariamente está diciendo que algunos dones sean siempre superiores a otros en todo contexto. En 1 Corintios 14 explica que la profecía es más útil que las lenguas no interpretadas en la reunión pública, porque edifica a la congregación. Pero si las lenguas son interpretadas, también edifican. Esto enseña que el mejor don en una situación determinada es aquel que responde mejor a la necesidad del momento y edifica al cuerpo de Cristo.

Si una congregación necesita dirección, Dios puede manifestar palabra de sabiduría. Si hay enfermedad, puede obrar por medio de dones de sanidades. Y si hay confusión espiritual, puede manifestar discernimiento de espíritus. Si la iglesia necesita exhortación, puede hablar por profecía. Si hay un mensaje en lenguas, debe haber interpretación para que todos sean edificados.

Por eso, el creyente debe vivir sensible al Espíritu Santo. No debe limitarse a lo que ha visto antes ni pensar que Dios solo usa a ciertas personas. Cada creyente lleno del Espíritu debe estar disponible para lo que Dios quiera hacer.

Los dones espirituales deben buscarse con humildad

El deseo por los dones debe estar acompañado de humildad. Romanos 12:3 dice que nadie debe tener más alto concepto de sí que el que debe tener, sino pensar de sí con cordura. Este principio es fundamental para toda manifestación espiritual.

El orgullo puede deformar el uso de los dones. Una persona puede comenzar buscando edificación, pero terminar buscando atención. Puede recibir una manifestación de Dios y luego pensar que eso la hace superior a otros. Puede ser usada en un momento y después asumir que siempre debe ser usada de la misma manera. Y puede tomar algo que Dios dio por gracia y convertirlo en motivo de exaltación personal.

La humildad nos recuerda que todo don viene de Dios. Nadie tiene derecho a gloriarse en lo que recibió por gracia. Pablo preguntó: “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Corintios 4:7). Si todo viene del Señor, entonces toda gloria pertenece al Señor.

La humildad también permite recibir corrección. Una persona orgullosa se ofende cuando se le pide orden, cuidado o evaluación. Pero una persona humilde entiende que la iglesia debe ser protegida, que los dones deben ser administrados con responsabilidad y que nadie está por encima de la Palabra.

El creyente humilde no usa los dones para imponerse, sino para servir. No busca dominar, sino edificar. No busca protagonismo, sino que Cristo sea glorificado.

Los dones espirituales no son señal automática de madurez espiritual

Uno de los errores más comunes es pensar que una persona usada en un don espiritual necesariamente es más madura, más santa o más correcta en todo. La Biblia no enseña eso. Los dones son manifestaciones de la gracia de Dios, no certificados automáticos de madurez espiritual.

La iglesia de Corinto tenía dones espirituales, pero también tenía divisiones, inmadurez, orgullo y desorden. Pablo no les dijo que sus dones eran falsos por causa de sus problemas, pero sí los corrigió profundamente. Esto muestra que una persona o una congregación puede tener manifestaciones espirituales y, al mismo tiempo, necesitar crecimiento en carácter, amor, doctrina y orden.

En Hechos 3, después de la sanidad del hombre cojo, Pedro dijo: “¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” (Hechos 3:12). Pedro entendía que el milagro no debía dirigir la atención hacia él ni hacia Juan. El poder venía del nombre de Jesucristo.

Este principio es muy importante. Cuando Dios usa a una persona, debemos glorificar a Dios, no idolatrar al instrumento. La persona pudo haber mostrado fe y sensibilidad al Espíritu en ese momento, pero eso no significa que toda su vida, doctrina o conducta queden aprobadas automáticamente.

Jesús advirtió que algunos dirían: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”; pero serían rechazados por vivir en maldad (Mateo 7:22-23). Esto muestra que las manifestaciones espirituales no sustituyen la obediencia.

Los dones revelan la gracia y el poder de Dios. La madurez se ve en una vida transformada, obediente, humilde, santa, amorosa y fiel a la Palabra.

Dones espirituales y fruto del Espíritu

Los dones espirituales deben estar acompañados por el fruto del Espíritu. Gálatas 5:22-23 menciona amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe o fidelidad, mansedumbre y templanza. Estas virtudes muestran el carácter de Cristo formándose en el creyente.

Los dones capacitan para servir; el fruto muestra madurez espiritual. Los dones pueden manifestarse en momentos específicos; el fruto debe verse en la vida diaria. Y los dones edifican a otros cuando son usados correctamente; el fruto protege el corazón del creyente para que no use mal aquello que Dios le ha dado.

Sin amor, los dones pierden su propósito. Sin paciencia, el que exhorta puede herir. Y sin mansedumbre, el que corrige puede destruir. Sin dominio propio, una manifestación puede salirse del orden. Sin bondad, el conocimiento puede volverse duro. Y sin humildad, el servicio puede convertirse en competencia.

Por eso, Pablo coloca 1 Corintios 13 entre su enseñanza sobre los dones y su enseñanza sobre el orden congregacional. El mensaje es claro: los dones espirituales deben funcionar en el ambiente del amor.

Una iglesia saludable no desprecia los dones ni descuida el fruto. Necesita poder y carácter, manifestación y madurez, sensibilidad espiritual y obediencia bíblica. Puedes profundizar en el fruto del Espíritu Santo para estudiar las virtudes que deben acompañar toda vida llena del Espíritu.

La fe en el uso de los dones espirituales

La fe es esencial en el uso de los dones espirituales. Pedro explicó la sanidad del hombre cojo diciendo: “Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre” (Hechos 3:16). La fe no estaba puesta en Pedro, ni en Juan, ni en una fórmula humana, sino en el nombre de Jesucristo.

El creyente no debe depender de su capacidad, experiencia o fuerza emocional. Debe depender del Señor. Los dones espirituales no operan por manipulación, técnica o presión humana. Operan conforme a la voluntad de Dios, por la obra del Espíritu y en respuesta a una vida rendida.

La fe permite actuar cuando Dios dirige. A veces el creyente siente temor, inseguridad o duda. Puede preguntarse: “¿Y si me equivoco? ¿Y si no es Dios? ¿Y si otros me rechazan?”. Por eso se necesita fe, pero no una fe imprudente. La fe verdadera actúa con obediencia y humildad, no con presunción.

También es importante entender que Dios puede obrar de maneras diferentes. No siempre hará lo que esperamos ni en el momento que imaginamos. Puede usar a otra persona, puede responder de otra manera o puede llevarnos a esperar. La fe no manipula a Dios; confía en Él.

Un creyente sensible al Espíritu debe aprender a orar, esperar, obedecer, discernir y actuar cuando Dios dirige. Si Dios decide manifestarse por medio de un don, debemos darle gloria. Si decide obrar de otra manera, seguimos confiando en su sabiduría.

Rendidos al Espíritu Santo

El uso correcto de los dones requiere rendición al Espíritu Santo. Pablo escribió: “No apaguéis al Espíritu” (1 Tesalonicenses 5:19). Apagar al Espíritu puede ocurrir cuando se rechaza la obra de Dios por temor, incredulidad, tradición, frialdad o resistencia interior.

Rendirse al Espíritu no significa perder el juicio, entrar en descontrol o actuar sin responsabilidad. Significa someter la voluntad, el corazón, la mente y el cuerpo a la dirección de Dios. El Espíritu Santo no destruye la personalidad humana; la santifica y la usa.

La rendición al Espíritu implica humildad. Debemos reconocer que no podemos producir los dones por nosotros mismos. También implica quebrantamiento, porque el orgullo, la dureza, la carnalidad y la autosuficiencia estorban la sensibilidad espiritual.

El creyente que desea ser usado por Dios debe cultivar una vida de oración, obediencia, santidad, meditación en la Palabra y comunión con el Señor. No se trata de ganar dones por esfuerzo humano, sino de vivir disponible para Dios.

La rendición también exige vencer el temor. Muchas veces, cuando Dios empieza a tratar con una persona para usarla, aparece el nerviosismo. Esto puede ocurrir con una palabra de exhortación, una profecía, una interpretación, una carga de oración o una dirección espiritual. El creyente debe aprender a responder con fe, pero también con sabiduría y sujeción al orden de la iglesia.

Los dones espirituales deben usarse en amor

Pablo escribió: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe” (1 Corintios 13:1). También dijo que si tuviera profecía, entendiera misterios, tuviera ciencia y fe para trasladar montes, pero no tuviera amor, nada sería.

Estas palabras son fuertes. Pablo no minimiza los dones; muestra que sin amor pierden su valor espiritual. Un don usado sin amor puede producir ruido, daño, manipulación y confusión.

El amor busca edificar. No usa una manifestación espiritual para humillar, controlar o infundir temor carnal. No se aprovecha del dolor de las personas. Tampoco convierte la profecía en amenaza. No usa una palabra de ciencia para avergonzar innecesariamente. No usa la autoridad espiritual para manipular decisiones personales.

El amor también cuida la forma en que se ministra. Puede haber una verdad que necesita decirse, pero debe decirse con sabiduría. Puede haber una corrección necesaria, pero debe hacerse con mansedumbre. Y puede haber una advertencia seria, pero debe comunicarse con propósito redentor.

Un supuesto uso de los dones que destruye, manipula, intimida, confunde o exalta al instrumento humano debe ser examinado cuidadosamente. Dios puede hablar con firmeza, pero su propósito siempre es santo, justo y redentor.

El amor no apaga la verdad; la expresa correctamente. La verdad sin amor puede herir innecesariamente. El amor sin verdad puede permitir el error. Los dones deben funcionar con ambos: verdad y amor.

Los dones espirituales deben edificar a la iglesia

La edificación es uno de los principios más repetidos en 1 Corintios 14. Pablo enseña que todo debe hacerse para edificación. Esto significa que cada manifestación debe contribuir al fortalecimiento espiritual del cuerpo de Cristo.

La pregunta que debe acompañar el uso de los dones no es: “¿Esto impresionará a la gente?”, sino: “¿Esto edifica?”. No es: “¿Esto demuestra que soy usado?”, sino: “¿Esto ayuda al cuerpo de Cristo?”. No es: “¿Esto llama la atención?”, sino: “¿Esto glorifica al Señor?”.

La profecía debe edificar, exhortar y consolar. Las lenguas en la reunión pública deben ser interpretadas para que la iglesia reciba edificación. La palabra de sabiduría debe traer dirección útil. La palabra de ciencia debe tener propósito espiritual. El discernimiento debe proteger, no crear sospecha carnal. Los dones de sanidades y milagros deben glorificar a Dios y fortalecer la fe.

Cuando una manifestación no edifica, debe evaluarse. Puede ser que sea una expresión personal que no corresponde al momento congregacional. Puede ser que haya emoción humana. También puede ser que el creyente necesite instrucción. Puede ser que la manifestación sea genuina, pero usada de forma inapropiada.

La edificación protege a la iglesia de convertir los dones en espectáculo. Todo lo que Dios da debe servir para construir, no para distraer.

Los dones espirituales están sujetos al orden bíblico

Pablo escribió: “Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:32-33). Luego concluye: “Hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40).

Esto enseña que el uso de los dones no anula la responsabilidad humana. Dios no convierte al creyente en un instrumento inconsciente, sin control, sin discernimiento y sin responsabilidad. El Espíritu Santo obra por medio de personas, pero las personas deben sujetarse a la Palabra.

Decir “no pude controlarme” no siempre es una señal de espiritualidad. Pablo enseña que los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas. Quien recibe una manifestación debe ejercerla conforme al orden de Dios.

El orden no apaga al Espíritu. El orden protege la edificación. Una congregación puede ser sensible a Dios y, al mismo tiempo, respetar la dirección espiritual del culto. Puede haber libertad, pero no desorden. Puede haber manifestación, pero no confusión. Y puede haber poder, pero también reverencia.

Cuando una iglesia entiende esto, evita dos extremos. No cae en rigidez que bloquea toda manifestación, pero tampoco permite un descontrol que dañe a los creyentes o confunda a los visitantes.

La responsabilidad del creyente en el uso de los dones

Cada creyente es responsable de la manera en que responde a la obra de Dios. Los dones vienen del Espíritu, pero deben administrarse con madurez. Pedro escribió: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10).

Un administrador no es dueño absoluto de lo que recibió. Debe usarlo conforme al propósito del dueño. Así también, el creyente no puede usar los dones espirituales como quiera. Debe hacerlo conforme a la voluntad de Dios revelada en la Escritura.

Esto implica cuidar el motivo. ¿Busco edificar o ser visto? ¿Quiero servir o controlar? ¿Estoy actuando en amor o en enojo? ¿Estoy sujeto a la Palabra o a mi impresión personal? Y ¿Estoy contribuyendo a la unidad o provocando confusión?

También implica cuidar el momento. No toda carga espiritual debe expresarse públicamente. Hay cosas que deben orarse en privado, comunicarse con prudencia o consultarse con liderazgo maduro. Una palabra correcta en el momento incorrecto puede causar daño.

Además, implica cuidar la forma. La manera en que se ministra importa. Una palabra puede venir con verdad, pero si se comunica con dureza, orgullo o falta de sabiduría, puede perder su efecto edificante.

El creyente espiritual no solo pregunta: “¿Dios me dio algo?”. También pregunta: “¿Cómo debo administrarlo para que Cristo sea glorificado y la iglesia edificada?”.

El papel del liderazgo espiritual en el uso de los dones

El liderazgo espiritual tiene una responsabilidad importante en el uso de los dones dentro de la congregación. Los pastores y líderes no deben apagar la obra de Dios, pero tampoco deben permitir confusión, manipulación o desorden.

Pablo no dejó a la iglesia de Corinto sin instrucciones. Dio pautas claras. Esto muestra que el liderazgo debe enseñar sobre los dones, corregir abusos, animar la manifestación genuina y proteger a la iglesia.

El líder espiritual debe discernir el ambiente del culto. Puede percibir cuándo una manifestación debe darse espacio, cuándo debe esperarse, cuándo debe ser ordenada o cuándo debe corregirse. Esto requiere oración, madurez y sensibilidad al Espíritu.

La congregación debe cooperar con el orden espiritual. Si una persona siente una carga, pero el culto sigue otra dirección bajo el liderazgo, debe actuar con humildad. Dios no es autor de confusión. La unidad de la iglesia no debe romperse por impulsos individuales.

Esto no significa que el líder nunca pueda equivocarse. Todos los seres humanos necesitan crecer. Pero la manera de corregir una situación no es imponerse públicamente, crear división o forzar una manifestación. Dios puede guiar, corregir y abrir espacio en su tiempo.

El liderazgo sano no controla carnalmente los dones, pero los administra con responsabilidad. La congregación sana no apaga al Espíritu, pero camina en sujeción, unidad y amor.

Cómo evaluar una manifestación espiritual

La Biblia manda a examinar. Juan escribió: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1). Pablo enseñó que las profecías deben ser juzgadas (1 Corintios 14:29). Evaluar no es apagar al Espíritu; es obedecer la Palabra.

Una manifestación espiritual debe evaluarse con criterios bíblicos:

Debe concordar con la Escritura. Ninguna manifestación verdadera contradice la Palabra de Dios.

Debe glorificar a Jesucristo. El Espíritu Santo exalta al Señor, no al instrumento humano.

Debe edificar. Una manifestación que solo causa confusión, miedo carnal o división debe examinarse cuidadosamente.

Debe operar en amor. El tono, el propósito y el fruto deben reflejar el carácter de Cristo.

Debe respetar el orden. Dios no es Dios de confusión, sino de paz.

Debe producir fruto espiritual. La obra genuina de Dios conduce a reverencia, fe, arrepentimiento, consuelo, obediencia y edificación.

Debe poder ser examinada. Una persona que se niega a toda evaluación y exige aceptación absoluta está actuando peligrosamente.

La evaluación debe hacerse con sabiduría. No todo error significa maldad. A veces una persona sincera necesita enseñanza. A veces hubo emoción mezclada con una carga genuina. Y a veces una manifestación fue de Dios, pero se comunicó de manera inmadura. La iglesia necesita discernimiento, no sospecha carnal; corrección, no humillación; verdad, no dureza.

El uso de las lenguas en la congregación

El tema de las lenguas requiere cuidado, porque la Biblia muestra varios usos. En el libro de los Hechos, hablar en lenguas aparece como señal visible de la recepción del Espíritu Santo. En 1 Corintios 14, Pablo también trata el uso de lenguas en la vida devocional y en la reunión congregacional.

Cuando las lenguas se usan en oración personal, edifican al creyente. Pablo dice: “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica” (1 Corintios 14:4). Esta dimensión tiene valor en la comunión personal con Dios.

Pero cuando una lengua se da públicamente como mensaje para la congregación, debe haber interpretación. Sin interpretación, la iglesia no recibe edificación colectiva. Por eso Pablo enseña que si no hay intérprete, el creyente debe callar en la congregación y hablar para sí mismo y para Dios (1 Corintios 14:28).

Esto no significa prohibir las lenguas. Pablo dijo: “No impidáis el hablar lenguas” (1 Corintios 14:39). Pero también dijo que todo debe hacerse decentemente y con orden. La libertad espiritual no elimina la responsabilidad.

Una iglesia bíblica debe creer en las lenguas, permitir la obra del Espíritu y enseñar su uso correcto. No debe burlarse de lo que Dios da, pero tampoco debe permitir desorden que impida la edificación.

Para profundizar en este tema, se puede estudiar Los 9 dones del Espíritu Santo, especialmente las secciones sobre diversos géneros de lenguas e interpretación de lenguas.

El uso de la profecía en la iglesia

La profecía tiene un lugar importante en la edificación del cuerpo. Pablo dijo que el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación (1 Corintios 14:3). También enseñó que la profecía debe ser evaluada.

La profecía no debe usarse para manipular decisiones personales, controlar vidas, amenazar sin propósito redentor ni sustituir la dirección bíblica. Una palabra profética genuina no reemplaza la Escritura, no se coloca por encima del consejo sabio y no convierte al mensajero en autoridad absoluta.

Cuando Dios habla, lo hace con propósito. Puede exhortar, consolar, advertir, confirmar o llamar al arrepentimiento. Pero aun una palabra firme debe expresarse con reverencia, humildad y amor.

La iglesia debe evitar dos errores. El primero es rechazar toda profecía por miedo al abuso. El segundo es aceptar toda profecía sin discernimiento. Pablo corrige ambos extremos: “No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:20-21).

La profecía verdadera no compite con la Palabra; se somete a ella. No exalta al profeta; glorifica a Dios. No produce dependencia enfermiza; edifica al creyente y lo dirige hacia obediencia al Señor.

Palabra de sabiduría, palabra de ciencia y discernimiento: uso responsable

Los dones de revelación requieren especial cuidado porque pueden tratar asuntos sensibles. Una palabra de sabiduría puede orientar una decisión difícil. Una palabra de ciencia puede revelar algo oculto. El discernimiento de espíritus puede identificar la fuente de una manifestación o influencia espiritual.

Estos dones deben usarse con prudencia. Si Dios revela algo, no siempre significa que debe anunciarse públicamente. A veces debe llevarse a oración. A veces debe tratarse en privado. Y a veces debe compartirse con liderazgo espiritual. A veces debe esperarse el momento correcto.

Por ejemplo, si Dios revela una situación de pecado para proteger a la iglesia y restaurar a una persona, el propósito no es avergonzar públicamente sin necesidad. El propósito es redentor: salvar, corregir, proteger y restaurar.

La palabra de ciencia no debe convertirse en curiosidad espiritual. El discernimiento de espíritus no debe confundirse con sospecha constante. La palabra de sabiduría no debe usarse para imponer opiniones personales como si fueran mandatos divinos.

Estos dones son valiosos cuando se ejercen con amor, humildad y sujeción a la Palabra. Usados correctamente, pueden proteger a la iglesia, traer claridad y guiar en momentos difíciles. Usados sin madurez, pueden causar temor, daño o confusión.

Sanidades, milagros y fe: uso con reverencia

Los dones de sanidades, milagros y fe manifiestan el poder de Dios en situaciones donde la capacidad humana no basta. La iglesia debe orar por los enfermos, creer en la intervención divina y dar gloria a Dios cuando Él obra.

Pero también debe evitar abusos. La sanidad divina no debe usarse para levantar fama personal. Los milagros no deben convertirse en espectáculo. El don de fe no debe confundirse con presunción. La oración por los enfermos debe hacerse con amor, compasión y reverencia.

Creer en sanidades no significa negar la medicina ni culpar al enfermo por su condición. Tampoco significa prometer lo que Dios no ha dicho. El creyente debe orar con fe y reconocer la soberanía del Señor.

Cuando Dios sana, toda gloria pertenece a Jesucristo. El instrumento humano no debe ocupar el centro. Pedro lo dejó claro después de la sanidad del cojo: no fue por poder ni piedad humana, sino por el nombre del Señor.

Los dones de poder deben llevar a adoración, fe, gratitud y testimonio. Si producen orgullo, negocio, manipulación o culto a la personalidad, se han desviado del propósito bíblico.

Errores comunes en el uso de los dones espirituales

Hay errores que la iglesia debe evitar para mantener un uso sano de los dones espirituales.

Un primer error es usar los dones sin amor. Esto puede manifestarse en palabras duras, amenazas, manipulación, humillación pública o actitudes de superioridad.

Un segundo error es confundir manifestación con madurez. Que alguien sea usado por Dios no significa que todo en su vida esté aprobado. Debe haber fruto, doctrina sana y obediencia.

Un tercer error es rechazar toda corrección. Una persona verdaderamente espiritual debe reconocer los mandamientos del Señor y aceptar el orden bíblico.

Un cuarto error es usar los dones para controlar personas. Ningún don fue dado para dominar la conciencia de otros. Cristo es el Señor de la iglesia.

Un quinto error es convertir los dones en espectáculo. Cuando la atención se centra más en el instrumento que en Dios, algo se ha desviado.

Un sexto error es apagar toda manifestación por temor al abuso. El abuso no se corrige con incredulidad, sino con enseñanza bíblica y uso correcto.

Un séptimo error es separar los dones de la santidad. Dios quiere usar vasos rendidos, no personas que busquen poder sin obediencia.

La corrección bíblica no es abandonar los dones, sino usarlos conforme al propósito de Dios.

Principios bíblicos para usar correctamente los dones espirituales

Para resumir la enseñanza bíblica, los dones espirituales deben ejercerse bajo principios claros.

Primero, dependencia de Dios. Los dones no se producen por fuerza humana. Debemos depender del Espíritu Santo.

Segundo, amor. Todo don debe buscar el bien espiritual de otros.

Tercero, edificación. La manifestación debe fortalecer al cuerpo de Cristo.

Cuarto, orden. Dios no es Dios de confusión, sino de paz.

Quinto, sujeción a la Palabra. Ningún don verdadero contradice la Escritura.

Sexto, humildad. El instrumento humano no debe robar la gloria de Dios.

Séptimo, discernimiento. No todo lo que parece espiritual debe aceptarse sin examen.

Octavo, responsabilidad. El creyente debe administrar correctamente lo que Dios le concede.

Noveno, unidad. Los dones no deben dividir la iglesia, sino fortalecerla.

Décimo, fruto espiritual. El carácter de Cristo debe acompañar toda manifestación.

Estos principios protegen la vida espiritual de la iglesia. Donde hay dones sin principios, puede haber confusión. Donde hay principios sin apertura al Espíritu, puede haber frialdad. La iglesia necesita ambas cosas: apertura a la obra de Dios y fidelidad al orden bíblico.

Cómo cultivar una iglesia sensible al Espíritu y firme en la Palabra

Una iglesia saludable debe enseñar sobre los dones espirituales con claridad. Si no se enseña, la congregación puede caer en ignorancia, temor o desorden. Pablo no quiso que los hermanos ignoraran acerca de los dones espirituales.

Para cultivar una iglesia sensible al Espíritu y firme en la Palabra, es necesario predicar y enseñar sobre el Espíritu Santo, los dones, el fruto, la santidad, el orden y la edificación. También es necesario crear un ambiente de oración, adoración, reverencia y fe.

La iglesia debe animar a los creyentes a buscar a Dios, pero también debe formar carácter. Debe dar lugar a la manifestación espiritual, pero enseñar cómo responder correctamente. Debe permitir que Dios use a los creyentes, pero cuidar la congregación con discernimiento pastoral.

Los nuevos creyentes necesitan instrucción. Las personas que han sido usadas en dones necesitan seguir creciendo. Los líderes necesitan sensibilidad y valentía para permitir lo genuino y corregir lo dañino. La congregación necesita aprender a no idolatrar instrumentos, sino glorificar a Dios.

Una iglesia sensible al Espíritu no vive en desorden. Una iglesia firme en la Palabra no tiene por qué ser fría. El equilibrio bíblico permite una vida congregacional donde hay poder, verdad, amor, orden y edificación.

Relación entre el uso de los dones y otros estudios sobre el Espíritu Santo

El uso de los dones espirituales debe entenderse dentro de una enseñanza más amplia sobre la obra del Espíritu Santo. No es un tema aislado. Se relaciona con la llenura del Espíritu, el bautismo del Espíritu Santo, el fruto del Espíritu, los dones de 1 Corintios 12, los dones de servicio de Romanos 12 y los dones ministeriales de Efesios 4.

Para comprender la base general de este tema, conviene estudiar El Espíritu Santo en la Biblia. Y para conocer la lista y clasificación de las manifestaciones espirituales, puedes leer Los 9 dones del Espíritu Santo.

Para una visión más amplia de todas las listas bíblicas, es útil estudiar cuáles son los dones del Espíritu Santo. Para entender las funciones prácticas dentro del cuerpo, puedes leer los dones de servicio en Romanos 12. Y para estudiar los ministerios dados por Cristo a la iglesia, puedes revisar los dones ministeriales.

Estos estudios ayudan a ver que Dios obra de manera amplia. Él manifiesta poder, forma carácter, capacita para servir, llama ministros, distribuye funciones y edifica a su iglesia para que crezca en amor y verdad.

Conclusión: usemos los dones espirituales con amor, orden y humildad

Los dones espirituales siguen siendo necesarios para la iglesia. Dios los concede para edificación, dirección, consuelo, sanidad, fortalecimiento, discernimiento y testimonio. La iglesia no debe ignorarlos, rechazarlos ni tratarlos con ligereza. Debe procurarlos con fe, humildad y reverencia.

Pero los dones deben usarse conforme a la Palabra de Dios. No son señal automática de madurez espiritual, no deben usarse para manipular, no deben producir confusión y no deben separar al creyente del fruto del Espíritu. Todo don debe ejercerse con amor, orden, humildad, discernimiento y deseo sincero de edificar al cuerpo de Cristo.

El Espíritu Santo sigue obrando en la iglesia. Por eso, cada creyente debe vivir rendido a Dios, dispuesto a ser usado y sujeto al orden bíblico. La iglesia debe ser sensible al mover del Espíritu, pero también firme en la verdad.

Si deseas profundizar más en este tema, puedes continuar con El Espíritu Santo en la Biblia, cuáles son los dones del Espíritu Santo, Los 9 dones del Espíritu Santo, los dones ministeriales, los dones de servicio en Romanos 12 y el fruto del Espíritu Santo. Estos estudios fortalecen la comprensión de Neumatología dentro de Estudios bíblicos cristianos y ayudan a ver cómo Dios capacita, forma y edifica a su pueblo.

Preguntas frecuentes sobre el uso de los dones espirituales

¿Cómo deben usarse los dones espirituales según la Biblia?

Los dones espirituales deben usarse con amor, orden, humildad, discernimiento y sujeción a la Palabra de Dios. Pablo enseña que todo debe hacerse para edificación y que Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Por eso, una manifestación espiritual no debe buscar protagonismo, manipular a otros ni causar desorden. El propósito de los dones es edificar el cuerpo de Cristo, glorificar al Señor y servir a los creyentes conforme a la voluntad de Dios.

¿Los dones espirituales son señal de madurez espiritual?

No necesariamente. Los dones son manifestaciones de la gracia de Dios, no certificados automáticos de madurez espiritual. La iglesia de Corinto tenía dones, pero también necesitaba corrección, amor y orden. La madurez se reconoce por una vida obediente, humilde, santa y llena del fruto del Espíritu. Dios puede usar a una persona en un momento específico, pero eso no significa que toda su vida, doctrina o conducta queden aprobadas automáticamente. Por eso, los dones deben ir acompañados de carácter cristiano.

¿Qué significa que todo debe hacerse decentemente y con orden?

Significa que las manifestaciones espirituales deben ejercerse de manera que edifiquen a la iglesia y no produzcan confusión. El orden no apaga al Espíritu; protege el propósito de Dios. En una reunión congregacional, los dones deben funcionar bajo principios bíblicos, con respeto al liderazgo espiritual y con atención al bien de todos los presentes. La libertad espiritual no significa descontrol. Dios obra con poder, pero también con paz, reverencia y edificación.

¿Se deben evaluar las profecías y manifestaciones espirituales?

Sí. La Biblia enseña que las profecías deben ser juzgadas y que los espíritus deben ser probados. Evaluar una manifestación no significa rechazar la obra de Dios, sino obedecer la Escritura. Toda manifestación debe concordar con la Palabra, glorificar a Jesucristo, producir edificación, operar en amor y respetar el orden bíblico. La iglesia necesita discernimiento para recibir lo que viene de Dios, corregir lo inmaduro y rechazar lo falso.

¿Cuál es el papel del amor en el uso de los dones espirituales?

El amor es indispensable. Pablo enseña en 1 Corintios 13 que aun las lenguas, la profecía, la ciencia y la fe extraordinaria pierden valor si no hay amor. El amor evita que los dones se usen para humillar, manipular, intimidar o buscar reconocimiento personal. Un don usado en amor busca edificar, consolar, fortalecer y servir. Por eso, el amor no es un complemento opcional, sino el ambiente correcto para toda manifestación espiritual.

¿Qué hacer si hay abuso o desorden en el uso de los dones?

El abuso no debe llevar a rechazar los dones, sino a corregir su uso con enseñanza bíblica. Pablo no apagó los dones en Corinto; los ordenó. La iglesia debe enseñar sobre amor, edificación, discernimiento y orden. Los líderes deben proteger a la congregación y corregir con sabiduría. Los creyentes deben actuar con humildad y aceptar instrucción. El propósito no es apagar la obra del Espíritu, sino permitir que los dones funcionen conforme al propósito de Dios.

Rigoberto Gómez López

Rigoberto Gómez López es editor y webmaster de Estudios Pentecostales. Ha servido como líder, maestro de escuela bíblica, pastor y maestro de instituto bíblico en el ámbito pentecostal apostólico. Es bautizado en el nombre de Jesucristo desde enero de 2001 y escribe recursos bíblicos, sermones y estudios cristianos para edificación de la iglesia.

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