El apóstol Pablo declaró una de las verdades más conocidas acerca de la vida cristiana:
“Porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7).
Estas palabras suelen aplicarse a momentos en los que no sabemos qué ocurrirá, debemos tomar una decisión o atravesamos circunstancias que parecen contrarias a lo que esperamos. Esa aplicación puede ser útil, pero para comprender realmente qué significa andar por fe y no por vista necesitamos observar primero el contexto en el que Pablo escribió.
Pablo no estaba enseñando a los creyentes a ignorar la realidad, negar el sufrimiento ni actuar como si los hechos visibles no importaran. Al contrario, venía hablando de debilidad, aflicción, desgaste físico, muerte y de una esperanza eterna que todavía no podía contemplarse plenamente con los ojos.
Por eso caminar por fe significa vivir el presente a la luz de una realidad mayor: lo que vemos ahora es temporal, pero lo que Dios ha preparado en Cristo es eterno. La fe no niega lo visible; evita que lo visible se convierta en la medida definitiva de nuestra esperanza.
Este mensaje forma parte de un tema mucho más amplio. Si deseas estudiar qué es la fe, cómo nace, cómo crece y cómo se manifiesta, puedes consultar La fe en la Biblia: significado, tipos y cómo desarrollarla. Aquí nos concentraremos específicamente en la enseñanza de 2 Corintios 5:7.
El contexto de “por fe andamos, no por vista”
El pensamiento de Pablo no comienza realmente en 2 Corintios 5:7. Para entenderlo necesitamos retroceder hasta el final del capítulo anterior.
En 2 Corintios 4, Pablo describe la fragilidad de la vida y las dificultades que acompañaban su ministerio. Había experimentado aflicción, persecución, cansancio y peligro, pero esas circunstancias no conseguían destruir su esperanza. Por eso declara que, aunque el hombre exterior se desgasta, el interior puede renovarse de día en día.
Después establece un contraste decisivo entre lo temporal y lo eterno. En 2 Corintios 4:18 afirma que no fijamos nuestra mirada únicamente en las cosas que se ven, porque son temporales, sino en aquellas que no se ven, porque son eternas.
Entonces comienza el capítulo 5 hablando de nuestra “morada terrestre” y de aquello que Dios ha preparado más allá de nuestra condición mortal. Pablo está mirando hacia la consumación de la salvación, hacia la vida futura con Cristo y hacia el momento en que lo mortal será absorbido por la vida.
Dentro de ese recorrido aparecen sus palabras: “por fe andamos, no por vista”.
Esto significa que 2 Corintios 5:7 no es simplemente un eslogan para alcanzar objetivos personales. Es una declaración acerca de cómo vive un creyente mientras todavía espera la consumación de aquello que Dios ha prometido.
¿Qué significa andar por fe?
En la Biblia, “andar” se utiliza muchas veces para referirse a la manera de vivir. No habla solamente de desplazarnos físicamente, sino de conducta, orientación y manera de conducir nuestra existencia.
Por eso “andamos por fe” significa que nuestra vida está gobernada por la confianza en Dios. Tomamos en serio su Palabra, ordenamos nuestra conducta conforme a ella y vivimos convencidos de que aquello que Dios ha revelado es más firme que nuestras impresiones cambiantes.
La fe bíblica no es una capacidad para imaginar intensamente aquello que deseamos hasta conseguirlo. Tampoco significa convencernos de que determinado resultado ocurrirá simplemente porque queremos creerlo.
La fe responde a Dios.
Confiamos porque Dios es digno de confianza. Obedecemos porque Él ha hablado. Esperamos porque sus promesas son verdaderas. Perseveramos porque nuestra vida está en Cristo.
Por eso caminar por fe tiene un fundamento objetivo: el carácter de Dios, su Palabra y la obra de Jesucristo.
¿Qué significa “no por vista”?
“No por vista” no significa cerrar los ojos ante la realidad.
Pablo conocía perfectamente sus circunstancias. Sabía que había sido perseguido, golpeado y afligido. Sabía que su cuerpo se desgastaba y que la muerte era una realidad humana.
La fe nunca le exigió fingir que esas cosas no existían.
Lo que Pablo se negó a hacer fue permitir que las circunstancias visibles determinaran su conclusión final acerca de Dios y de su futuro.
Ahí está una de las enseñanzas más importantes del pasaje.
Podemos reconocer que existe una enfermedad y seguir confiando en Dios.
Podemos admitir que una situación económica es difícil y seguir obedeciendo.
Podemos reconocer que una puerta se cerró sin concluir que el Señor nos abandonó.
Podemos llorar una pérdida sin vivir como quienes no tienen esperanza.
Podemos atravesar un proceso que todavía no comprendemos sin fabricar explicaciones que Dios nunca nos dio.
La fe no niega los hechos; los coloca debajo de una verdad mayor: Dios sigue siendo Dios y nuestra esperanza final está en Él.
Caminar por fe no significa actuar irresponsablemente
En ocasiones se utiliza la expresión “voy por fe” para justificar decisiones que en realidad fueron tomadas sin sabiduría, consejo ni fundamento bíblico.
Una persona puede endeudarse irresponsablemente y llamarlo fe.
Otra puede ignorar una situación médica diciendo que está confiando en Dios.
Alguien puede comenzar un proyecto sin preparación y afirmar que el Señor tiene la obligación de hacerlo prosperar.
Otros pueden atribuir a Dios una promesa personal que Él nunca hizo.
Eso no es lo que enseña 2 Corintios 5:7.
La fe verdadera no necesita pelear contra la verdad. El mismo Dios que nos llama a confiar también nos llama a vivir con sabiduría, responsabilidad y dominio propio.
Podemos consultar a un médico y confiar en Dios.
Podemos estudiar una decisión cuidadosamente y confiar en Dios.
Podemos hacer un presupuesto y confiar en Dios.
Podemos pedir consejo y confiar en Dios.
Podemos reconocer riesgos reales y seguir caminando con el Señor.
La fe no comienza cuando dejamos de pensar. La fe comienza cuando, después de reconocer la realidad, decidimos que nuestra obediencia y esperanza estarán fundamentadas en Dios.
La vista contempla el presente; la fe recuerda que existe una realidad eterna
Segunda de Corintios 4:18 proporciona una de las claves para interpretar 5:7: las cosas visibles son temporales, mientras que las invisibles son eternas.
Esto no significa que las cosas visibles carezcan de importancia. Nuestra familia, nuestro cuerpo, nuestras responsabilidades y nuestras decisiones tienen consecuencias reales.
Lo que significa es que ninguna realidad temporal debe ocupar el lugar de la realidad eterna.
Una dificultad actual puede parecer enorme porque ocupa todo nuestro campo de visión. Cuando atravesamos dolor, incertidumbre o pérdida, aquello que ocurre hoy puede sentirse como si definiera toda nuestra historia.
La fe introduce otra perspectiva.
Este momento no es toda nuestra existencia.
Este cuerpo mortal no es nuestro estado final.
Este mundo presente no constituye la totalidad de la realidad.
La muerte no posee la última palabra.
Nuestra esperanza está en Jesucristo.
Pablo no soportaba sus sufrimientos porque le agradara sufrir. Podía perseverar porque entendía que el presente no era el capítulo final.
Esa misma verdad puede fortalecer a quienes atraviesan temporadas difíciles. El bosquejo La fe en medio de la prueba desarrolla de manera específica cómo la confianza en Dios puede mantenerse cuando las circunstancias someten nuestra fe a presión.
Nuestra esperanza no termina en esta vida
Segunda de Corintios 5 comienza mirando más allá de nuestra condición actual. Pablo utiliza la figura de una morada terrestre y habla de aquello que Dios ha preparado frente a la fragilidad y mortalidad presentes.
Su interés no es enseñarnos a despreciar el cuerpo ni a escapar de nuestras responsabilidades terrenales. Está afirmando que la muerte no puede frustrar el propósito redentor de Dios.
En 1 Corintios 15, Pablo desarrolla ampliamente la esperanza de la resurrección. Lo corruptible será vestido de incorrupción y lo mortal de inmortalidad. Segunda de Corintios 5 mira en la misma dirección cuando habla de que lo mortal sea absorbido por la vida.
Por eso caminar por fe también significa vivir conscientes de que nuestra existencia presente no es definitiva.
El creyente no necesita aferrarse desesperadamente a todo lo temporal como si fuera lo único que posee.
Puede servir sin necesitar reconocimiento permanente.
Puede dar sin convertir las posesiones en su seguridad.
Puede soportar pérdidas sin concluir que ha perdido todo.
Puede envejecer sabiendo que el deterioro físico no cancela su esperanza.
Puede enfrentar la muerte confiando en la promesa de vida que tenemos en Jesucristo.
Esto no elimina el dolor humano. Lo coloca dentro de una esperanza que el dolor no puede destruir.
Dios nos ha dado su Espíritu como garantía
En medio de esta enseñanza aparece una verdad profundamente pentecostal. Segunda de Corintios 5:5 declara que Dios nos ha dado “las arras del Espíritu”.
Las arras eran una garantía, un anticipo que confirmaba aquello que posteriormente sería completado. Pablo enseña que Dios mismo nos ha dado su Espíritu como garantía de la obra que llevará a su consumación.
El Espíritu Santo no es simplemente una emoción religiosa ni una experiencia aislada del pasado. Dios habita y obra en su pueblo por su Espíritu, fortaleciendo, transformando, guiando y confirmando nuestra pertenencia a Cristo.
Esto significa que caminamos por fe, pero no caminamos abandonados.
Todavía no vemos plenamente aquello que esperamos, pero tenemos la presencia y obra del Espíritu Santo.
Todavía esperamos la consumación de la redención, pero Dios ya está obrando en nosotros.
Todavía vivimos en un cuerpo sujeto a debilidad, pero hemos recibido el Espíritu que nos fortalece para servir y perseverar.
La fe cristiana, por tanto, no consiste en caminar solos por una oscuridad desconocida. Caminamos confiando en el Dios que se ha revelado, que nos ha salvado en Jesucristo y que nos ha dado su Espíritu como garantía.
Por fe tenemos buen ánimo aun cuando no controlamos el futuro
Después de hablar del Espíritu como garantía, Pablo declara que permanece confiado.
Esa confianza debe entenderse correctamente.
No es la seguridad de una persona que sabe exactamente cómo se desarrollarán todas sus circunstancias. Pablo no conocía cada acontecimiento futuro y había aprendido, precisamente a través del sufrimiento, que servir a Cristo podía conducirlo por caminos difíciles.
Su confianza provenía de otro lugar.
Sabía a quién pertenecía.
Sabía hacia dónde se dirigía.
Sabía que su vida presente no era toda la historia.
Sabía que Dios había preparado una esperanza más allá de la muerte.
Por eso el creyente puede tener buen ánimo sin necesitar controlar cada resultado.
Hay una enorme diferencia entre ambas cosas.
La falsa seguridad dice: “Sé que todo ocurrirá exactamente como deseo”.
La fe bíblica dice: “No conozco todo lo que ocurrirá, pero conozco al Señor en quien he confiado”.
Ese tipo de fe puede permanecer cuando cambian nuestros planes.
Andar por fe significa procurar agradar al Señor
Uno de los versículos más importantes para interpretar todo este pasaje es 2 Corintios 5:9. Después de hablar de esperanza, presencia, ausencia, fe y visión futura, Pablo expresa su propósito: procurar agradar al Señor.
Aquí descubrimos que caminar por fe no es solamente una manera de sentirnos seguros.
Es una manera de vivir.
La fe produce obediencia.
Si realmente confiamos en Jesucristo, esa confianza debe influir en nuestras decisiones, relaciones, prioridades, uso del tiempo, palabras y conducta.
Podemos hablar mucho acerca de tener fe y, sin embargo, resistir aquello que Dios ya nos mandó hacer. Pero una fe que nunca llega a la obediencia necesita ser examinada.
Caminar por fe significa perdonar porque Cristo nos llama a perdonar, aun cuando emocionalmente resulte difícil.
Significa decir la verdad aunque mentir parezca producir una ventaja inmediata.
Significa conservar la integridad aunque nadie nos esté observando.
Significa servir aun cuando no recibimos reconocimiento.
Significa permanecer fieles cuando obedecer tiene un costo.
Significa abandonar el pecado aunque nuestra carne quiera conservarlo.
La pregunta fundamental de la fe no es solamente: “¿Qué espero que Dios haga por mí?”. También es: “¿Cómo puedo agradar a Cristo mientras espero?”
La fe no es presunción: confiamos en lo que Dios ha revelado
Esta distinción es especialmente necesaria cuando hablamos de caminar por fe.
La fe confía en Dios.
La presunción intenta obligar a Dios a respaldar nuestras expectativas.
Una persona puede desear profundamente algo y aun así no tener una promesa bíblica de que lo recibirá.
Podemos orar por una oportunidad sin declarar que necesariamente será nuestra.
Podemos pedir sanidad creyendo en el poder de Dios sin afirmar que conocemos anticipadamente cómo responderá en cada caso.
Podemos presentar nuestros proyectos delante del Señor sin convertirlos automáticamente en “el propósito de Dios”.
Podemos anhelar una respuesta y, al mismo tiempo, permanecer sometidos a la voluntad divina.
Jesucristo nos mostró esta dependencia perfecta cuando, en Getsemaní, expresó su deseo delante del Padre y permaneció completamente sometido a la voluntad divina.
Por eso caminar por fe incluye humildad.
No utilizamos la fe para convertir nuestros deseos en decretos. Utilizamos nuestra fe para someternos confiadamente al Dios que conoce más de lo que nosotros conocemos.
Por fe damos el siguiente paso aunque no conozcamos todo el camino
Hay una aplicación legítima de 2 Corintios 5:7 para nuestras decisiones.
Muchas veces quisiéramos que Dios nos mostrara de una vez todo lo que ocurrirá durante los próximos años. Queremos conocer el resultado antes de obedecer.
Pero la vida cristiana normalmente no funciona así.
Dios nos ha dado en su Palabra principios claros para nuestra conducta y, en muchas situaciones, lo que necesitamos hacer primero no es conocer todo el futuro, sino obedecer aquello que ya está claro.
Si debemos perdonar, podemos comenzar por perdonar.
Si necesitamos abandonar un pecado, no necesitamos esperar una señal adicional.
Si debemos cumplir responsablemente una tarea, podemos comenzar hoy.
Si Dios ha abierto una oportunidad de servicio que está de acuerdo con su Palabra, podemos responder con oración y sabiduría.
Si todavía no sabemos qué decisión tomar, podemos esperar sin fingir una certeza que aún no tenemos.
Caminar por fe no significa correr delante de Dios. Algunas veces la fe avanza; otras veces la fe sabe esperar.
Lo importante es que ni el temor ni la impaciencia ocupen el lugar que corresponde a la dirección del Señor.
Cuando las circunstancias parecen contrarias, la fe no abandona a Dios
Algunos momentos de la vida resultan especialmente difíciles porque lo que vemos parece contradecir aquello que esperábamos.
Oramos y la respuesta tarda.
Servimos y los resultados parecen escasos.
Tomamos una decisión correcta y aun así experimentamos consecuencias dolorosas.
Hacemos el bien y recibimos una respuesta injusta.
En esos momentos necesitamos tener cuidado con una idea equivocada: que andar por fe significa creer que todas las circunstancias cambiarán rápidamente a nuestro favor.
Pablo demuestra lo contrario.
Él caminaba por fe y sufría.
Caminaba por fe y era perseguido.
Caminaba por fe y su cuerpo se desgastaba.
Caminaba por fe y sabía que algún día moriría.
Precisamente en ese contexto escribió: “por fe andamos, no por vista”.
La evidencia de la fe no es que nunca enfrentemos una realidad dolorosa. Muchas veces se descubre en que la realidad dolorosa no consigue separarnos de Cristo.
Podemos orar para que la situación cambie y seguir confiando si todavía no cambia.
Podemos pedir liberación y permanecer fieles durante el proceso.
Podemos esperar un resultado favorable sin convertir ese resultado en la condición para seguir amando a Dios.
Esa es una fe que ha aprendido a mirar más allá de lo inmediato.
Moisés se sostuvo como viendo al Invisible
Hebreos 11 ofrece una imagen que complementa muy bien la enseñanza de Pablo. Al hablar de Moisés, afirma que perseveró “como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27).
Ese versículo no pertenece al contexto inmediato de 2 Corintios 5:7, pero ilustra el mismo principio de una vida orientada por confianza en Dios.
Moisés podía ver el poder de Egipto.
Podía ver la ira del faraón.
Podía reconocer los riesgos.
Pero había una realidad que pesaba más que aquello que estaba delante de sus ojos: Dios había hablado.
La fe de Moisés no hizo que Egipto dejara de ser poderoso. Lo llevó a responder al Dios que era mayor que Egipto.
Ahí encontramos una aplicación para nosotros.
La situación que enfrentamos puede ser real.
El problema puede ser serio.
La incertidumbre puede existir.
Pero aquello que vemos no debe hacernos olvidar a Aquel a quien todavía no vemos plenamente y, sin embargo, conocemos por la fe.
Caminar por fe es vivir en comunión con Jesucristo
Pablo declaró en Gálatas 2:20 que la vida que ahora vivía en la carne la vivía “en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Esta verdad complementa 2 Corintios 5:7 porque nos recuerda que andar por fe no consiste solamente en mirar más allá de las circunstancias visibles, sino en vivir cada día dependiendo de Jesucristo.
En Vivir por fe se desarrolla con mayor profundidad esta dimensión de Gálatas 2:20: una vida centrada en Cristo, sostenida por la confianza en Él y no por la autosuficiencia humana.
Andar por fe no es desarrollar una fuerza psicológica independiente. Es vivir dependiendo de Cristo.
La fe tiene un objeto. No confiamos simplemente “en la fe”; confiamos en Jesucristo.
Él murió por nuestros pecados, resucitó y permanece digno de nuestra confianza. Cuanto más conocemos al Señor por medio de su Palabra y cultivamos comunión con Él, menos dependemos de nuestras emociones cambiantes para determinar si Dios sigue siendo fiel.
Las emociones pueden cambiar y las circunstancias pueden sorprendernos, pero Jesucristo permanece. Por eso la fe cristiana es relacional: caminamos confiando en Aquel que nos amó y se entregó por nosotros.
Cómo aprender a caminar por fe cada día
Caminar por fe no sucede únicamente durante grandes crisis. Se forma mediante una relación cotidiana con Dios.
La Palabra de Dios debe tener más autoridad que nuestras impresiones
Nuestra mente interpreta continuamente lo que ocurre. Algunas conclusiones son correctas y otras están condicionadas por temor, cansancio, experiencias anteriores o deseos personales.
La Escritura nos da un punto de referencia superior.
Por medio de ella aprendemos quién es Dios, qué ha prometido, qué espera de nosotros y cómo debemos interpretar la vida.
Esto no significa abrir la Biblia al azar esperando encontrar una frase que confirme lo que ya queremos hacer. Significa estudiar la Palabra con reverencia, respetar su contexto y permitir que corrija nuestra manera de pensar.
La fe crece cuando escuchamos la verdad de Dios y respondemos a ella.
La oración nos enseña a entregar aquello que no podemos controlar
Quien camina por fe ora.
La oración no es una técnica para obligar a Dios a producir el resultado que deseamos. Es comunión, dependencia, petición, intercesión, gratitud y sometimiento.
Podemos presentar delante del Señor nuestros temores y necesidades con sinceridad.
Podemos decir que no entendemos.
Podemos pedir dirección.
Podemos clamar por intervención.
Y también podemos reconocer que Dios continúa siendo sabio cuando nosotros no conocemos todavía la respuesta.
La oración transforma nuestra postura: dejamos de actuar como si todo dependiera exclusivamente de nosotros y volvemos a reconocer nuestra dependencia del Señor.
La obediencia convierte la fe en una manera de vivir
Hay momentos para esperar y otros para actuar.
Cuando la Palabra ya ha dejado clara nuestra responsabilidad, no debemos utilizar la búsqueda de una nueva señal como excusa para posponer la obediencia.
La fe se hace visible cuando actuamos conforme a aquello que creemos.
No para ganar el favor de Dios mediante méritos humanos, sino porque una confianza verdadera produce una respuesta.
El creyente que camina por fe procura que su forma de vivir corresponda con su confesión.
La perspectiva eterna impide que lo temporal ocupe todo nuestro corazón
Segunda de Corintios 4 y 5 nos obliga a mirar más allá de hoy.
Muchas preocupaciones adquieren proporciones enormes porque dejamos de contemplarlas desde la perspectiva de la eternidad.
Aquello que ahora parece imprescindible puede resultar secundario.
Aquello que hoy parece una pérdida absoluta puede no tener la última palabra.
Lo que el mundo considera éxito puede carecer de valor eterno.
Y aquello que parece pequeño ante los hombres puede ser precioso delante de Dios.
Caminar por fe significa aprender a preguntarnos no solamente qué produce beneficios inmediatos, sino qué tendrá valor cuando estemos delante de Jesucristo.
Una fe que vive consciente de que dará cuenta a Cristo
El pensamiento de Pablo en 2 Corintios 5 tampoco termina en el versículo 7.
Después de expresar su deseo de agradar al Señor, recuerda que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
Esto añade seriedad al mensaje.
La vida por fe no es una escapatoria espiritual de nuestras responsabilidades presentes. Todo lo contrario: saber que nuestra vida tiene una dimensión eterna nos llama a vivir ahora con mayor responsabilidad.
Nuestras decisiones importan.
Nuestra fidelidad importa.
Nuestra manera de tratar a otros importa.
Nuestro servicio importa.
Nuestra santidad importa.
Por eso “no por vista” nunca debe significar “no importa lo que haga en esta vida”.
Pablo está diciendo exactamente lo contrario. Como el futuro eterno es real, nuestra manera de vivir hoy debe estar orientada a agradar a Cristo.
Caminar por fe es un mensaje necesario para la iglesia
Una congregación necesita aprender a caminar por fe porque habrá momentos en los que no tendrá todas las respuestas.
Habrá oraciones que requieran perseverancia.
Habrá proyectos que necesiten paciencia y sabiduría.
Habrá creyentes atravesando duelo.
Habrá familias enfrentando decisiones difíciles.
Habrá ministros que sembrarán durante mucho tiempo antes de contemplar ciertos frutos.
Habrá situaciones en las que Dios actuará de una manera diferente de la que esperábamos.
En todos esos escenarios necesitamos una fe que no dependa exclusivamente de aquello que los ojos pueden comprobar hoy.
Por eso, si estás preparando otros mensajes relacionados con confianza, obediencia, oración, santidad o esperanza, puedes consultar nuestra guía de temas para predicar, donde este mismo pasaje forma parte de los temas destinados a desarrollar una fe bíblica y responsable.
También puedes continuar en Sermones cristianos sobre la fe, donde se reúnen predicaciones y enseñanzas acerca de distintos aspectos de la fe cristiana.
Conclusión: porque por fe andamos, no por vista
Andar por fe y no por vista no significa ignorar la realidad, rechazar la razón ni esperar que cada circunstancia termine de la manera que deseamos.
Pablo escribió estas palabras mientras contemplaba seriamente la aflicción, la fragilidad humana y la muerte.
Pero contemplaba también algo más.
Sabía que lo visible es temporal.
Sabía que Dios había preparado una esperanza eterna.
Sabía que había recibido el Espíritu como garantía.
Sabía que estar con Cristo era su esperanza final.
Y sabía que mientras permaneciera en esta vida debía procurar agradar al Señor.
Por eso podía caminar por fe.
Nosotros también podemos hacerlo.
Podemos mirar una situación difícil sin negar su gravedad y continuar confiando en Dios.
Podemos desconocer el resultado y seguir obedeciendo.
Podemos esperar sin inventar promesas.
Podemos avanzar cuando Dios ha mostrado el siguiente paso y detenernos cuando necesitamos esperar su dirección.
Podemos vivir conscientes de nuestras responsabilidades sin convertir lo temporal en nuestra esperanza definitiva.
La vista solamente puede mostrarnos lo que está delante de nosotros ahora. La fe nos permite vivir a la luz de lo que Dios ha revelado y de la eternidad que tenemos en Jesucristo.
Cuando no comprendas todo el camino, permanece cerca del Señor.
Cuando las circunstancias cambien, conserva tu confianza en su carácter.
Cuando no veas todavía el resultado, sigue haciendo aquello que sabes que agrada a Cristo.
Y cuando lo visible intente convencerte de que eso es todo lo que existe, recuerda las palabras del apóstol:
“Porque por fe andamos, no por vista”.
Esa no es una invitación a cerrar los ojos. Es un llamado a vivir con los ojos del corazón puestos en Jesucristo y con la esperanza orientada hacia lo eterno.
Si deseas continuar con otros mensajes completos para la iglesia, puedes visitar Sermones cristianos para predicar. Para recorrer las diferentes colecciones y formatos disponibles, también puedes consultar nuestros sermones escritos listos para predicar.