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EL PROFETA AMÓS (PROFECÍA DE AMÓS)


PROFECÍA DE AMÓS, TAMBIÉN LLAMADO EL PROFETA DE JUSTICIA

El libro del profeta Amós

AMÓS, ESTUDIO BÍBLICO


Al igual que Isaías, Oseas y Miqueas, Amós profetizó durante los días de Uzías en Judá y en días de Jeroboam II, rey de Israel (versículo l). El fondo histórico de su profecía se encuentra en 2 Reyes 14:23-29; 15:1-7; II Crónicas 26:1-23. 

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Amós fue uno de los pastores de Tecoa, en Jucá, a seis millas al sur de Belén. Parece que toda esa área estaba dedicada al pastoreo de ovejas y ganado. Pero al igual que David, Amós no escapó de los ojos escrutadores del Señor, quien vio en él a un hombre de fe y valor y que sería obediente a su llamado.

Amós fue llamado a profetizar en Israel (las diez tribus), pero él también tenía un mensaje para Judá. El tiempo de su llamado fue fechado dos años antes del terremoto, que ocurrió durante el reinado de Uzías (Zacarías 14:5). El sitio principal de su ministerio fue Bet-el, la ciudad que albergó el altar del becerro de oro.

PROFECÍA DE AMÓS SOBRE EL JUICIO CONTRA LAS NACIONES VECINAS (AMÓS 1)


Dios le dio a Amós una visión de la condición de Israel en ese tiempo, y sin vacilación empezó a proferirles las palabras del Señor como lo había visto en la visión. Dijo que el Señor rugiría desde Sion, pronunciando Sus juicios sobre el pueblo de Israel (versículo 2). 


Dios frecuentemente dijo que rugiría su mensaje al pueblo (Oseas 11:10; Joel 3:16). Esto le llevaría a ellos la poderosa autoridad de su palabra y lo terrible de su juicio contra ellos.

El primer mensaje de Amós fue a las naciones vecinas que eran enemigas de Israel y Judá. Él le dijo a Damasco, capital de Siria, que por tres pecados, y por el cuatro, Dios no revocaría su castigo. Esta frase, con la cual empezaba cada mensaje, significó que no actuaría en juicio por la primera ofensa, sino solamente después de repetidas ofensas

Él castigaría a Damasco porque trillaron a Galaad (tribu de Rubén) con trillos de hierro (versículos 3-6). Siria finalmente sería destrozada e iría en cautiverio por saquear las tribus de Israel, al este del río Jordán (2 Reyes 8:7-15; 10:32, 33; Jeremías 12:14; 13:4 - 7).

El castigo de Dios contra Gaza de los filisteos, con quienes Israel tuvo muchos conflictos, sería un fuego que destruiría los palacios de Gaza. Él destruiría a los moradores de Asdod y Ascalón, ciudades filisteas (versículos 6-8).

Dios prometió un fuego en los muros de Tiro, que devoraría sus palacios, porque ellos entregaron el pueblo de Dios a Edom (versículos 9, 10). Esto parece ser una profecía de lo que Tiro haría al pueblo de Judá cuando Nabucodonosor conquistara a Jerusalén, y el castigo de Dios era la destrucción de Tiro por el rey babilonio (Ezequiel 26:1-8). Anteriormente Tiro tuvo un acuerdo de amistad con David y Salomón.

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Amós, así como Abdías (Abdías 10-15) y Ezequiel (Ezequiel 25:12, 13; 35:11-15), profetizaron la violencia de Edom contra el pueblo de Judá en los días de Nabucodonosor. Este rey destruiría a Jerusalén y llevaría a los judíos a Babilonia. Sin embargo, Dios los juzgaría por su crueldad contra Su pueblo (versículos 11, 12).

Dios también le dijo a Amós que él destruiría a los amonitas por sus guerras y crueldades contra las tribus de Gad, Rubén y la mitad de la tribu de Manasés, cuyo territorio al este del río Jordán estaba cerca de Amón (versículos 13-15). Ellos continuaron plagando a los israelitas durante muchos años (1 Samuel 11:1-11). Tanto Jeremías como Ezequiel profetizaron los juicios de Dios sobre ellos (Jeremías 49:1, 2; Ezequiel 21:28-32; 25:1-7).

PROFECÍA DE AMMÓS SOBRE EL JUICIO CONTRA ISRAEL, JUDÁ Y SUS VECINOS (AMÓS 2)


Tanto los amonitas como los moabitas eran descendientes de Lot (Génesis 19:33-38). Los moabitas, cuyo territorio estaba al este del Mar Muerto y cerca de Amón, dieron a los israelitas muchos problemas durante años (versículos 1-3). Dios también envió su juicio sobre ellos (2 Crónicas 20:1-29).

Dios castigó a todas las naciones que maltrataron a su pueblo, pero Él también castigó al pueblo de Judá e Israel por sus pecados. Él era paciente para con ellos y con las naciones paganas, pero después de repetidas ofensas, sus juicios fueron duros

Dios acusó al pueblo de Judá de haber menospreciado la ley y no guardar sus ordenanzas (versículos 4,5). Desde que Salomón había cambiado a su Señor por ídolos, había más de sus reyes que idolatraban a los ídolos que los que seguían al Señor (1 Reyes 11:1-13). 

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El pueblo había sido conducido hacia la idolatría por reyes idólatras y mentiras de falsos profetas. El castigo de Dios por sus muchos años de pecado fue el cautiverio de Babilonia, en cuyo tiempo el templo de Salomón fue destruido y la ciudad de Jerusalén dejada en las ruinas.

Las acusaciones de Dios contra Israel (las diez tribus) eran tantas, que se convirtieron en el tema de casi toda la profecía de Amós. Se convirtieron en idólatras poco después de la división del reino, cuando Jeroboam I había establecido la idolatría del becerro de oro en Bet-el y en Dan. 

Continuaron en su idolatría, a pesar de los ministerios de Elías y Eliseo, así como de los demás profetas que Dios les envió. Hicieron mercancías de los pobres, ofrecieron vino a los nazarenos haciendo que rompieran sus votos al Señor, y ordenaron a los profetas que dejaran de profetizar (Amós 7:10-13). En el momento de su castigo final, el cautiverio asirio, ellos no podrían librarse aún cuando tenían grandes guerreros experimentados en el arte de la guerra (versículos 6-16).

PRIMERA ACUSACIÓN DE AMÓS CONTRA ISRAEL (Capítulo 3)


En este pasaje, Amós acusó a toda la casa de Jacob (todo Israel) de pecar, desde los días que Dios a través de Moisés los guio fuera de Egipto. Sin duda alguna, su mayor pecado había sido el pecado contra los privilegios y la bendición. 

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Debido a la fe y fidelidad de Abraham, Dios había escogido a sus descendientes como su propia nación. Él había sido su guía, su protector y suplidor de toda necesidad durante siglos, pero ellos lo habían rechazado y olvidado para seguir los dioses y mal ejemplo de los paganos que los rodeaban

El pueblo de Israel no podían caminar con Dios mientras adoraban a ídolos. Aunque fueron castigados muchas veces por sus muchas iniquidades, su juicio sería más fuerte hasta que ellos, como nación, fueran destruidos (versículos 1-6).

Sin embargo, Dios nunca envió un juicio sobre su pueblo sin primeramente advertirles a través de sus profetas de los resultados de sus pecados (versículos 7 y 8). Él les advirtió muchas veces, dándoles suficiente tiempo y oportunidades para arrepentirse (2 Crónicas 36:15-21). 

Dios usó las naciones paganas, que no tenían la luz del conocimiento de Dios ni los privilegios que Israel había tenido, para castigarles por su infidelidad y desagradecimiento. Ellos serían destruidos finalmente por animales salvajes (versículos 9-12), y todo lo que atesoraban sería demolido (ver- sículos 13-15).

SEGUNDA ACUSACIÓN DE AMÓS CONTRA ISRAEL (Capítulo 4)


Quizás Amós se refirió al pueblo de Israel como “vacas” porque ellos oprimieron al pobre cuando vivían en lujo, sin ningún sentimiento humano, como el ganado. Él les dijo que el Señor los alejaría de sus lugares lujosos y placenteros, y ellos se irían como vacas a través de las brechas (versículos 1-3).

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Amós los reprobó por su insincera pretensión de culto a Jehová, practicando la idolatría ante el altar en Bet-el. Ellos ofrecieron sacrificios de alabanza con la levadura (doctrina falsa) de idolatría (Mateo 16:6, 11, 12). 

Los israelitas hipócritamente trajeron sus diezmos después de tres años, y públicamente proclamaron sus limosnas (Mateo 6:1-4). Esta era la clase de gente que su falsa religión había hecho de los hijos de Israel (ver- sículos 4, 5).

En el versículo 6, el profeta no se refirió al lavado apropiado de los dientes, sino al hecho de que Dios les había retenido la carne y el pan a través de la escasez y hambre. Dios había hecho que lloviera en algunas ciudades, e impedido que lloviera en otras. Cuando el pueblo dejaba las ciudades secas para irse a las que tenían agua, no se satisfacían. 

Los lugares sin lluvia eran secos y los que tenían lluvia tenían demasiado, causando moho. Cuando sus jardines, viñedos y árboles frutales aumentaron, las orugas los devoraron. Dios los castigó con pestilencia y guerra. Puso en cautiverio a sus caballos y dañó sus campamentos. Los trastornó como él había hecho a Sodoma y Gomorra. Sin embargo, no volvieron al Señor (versículos 7-11).

“Por tanto, de esta manera te haré a ti, oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel. Porque he aquí, el que forma los montes, y crea el viento, y anuncia al hombre su pensamiento; el que hace de las tinieblas mañana, y pasa sobre las alturas de la tierra; Jehová Dios de los ejércitos es su nombre” (Amós 4:12,13).

TERCERA ACUSACIÓN DE AMÓS CONTRA ISRAEL (Capítulo 5)


No es deseo de Dios que nadie perezca sino que todos se arrepientan (2 Pedrc 3:9). Aquí Amós expresó su profunda pena porque Israel no se había arrepentido, a pesar de su exhortación a través de los profetas, y sus muchos castigos (versículos 1-3). Parece que para el tiempo en que se fueran en cautiverio, ellos serían reducidos a aproximadamente el 10% de su antigua fuerza.

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Dios imploró a Israel a que lo buscaran y vivieran. Él les advirtió que no buscaran ayuda en Bet-el, lugar del becerro de oro, o Gilgal, que albergó a la imagen esculpida. Si ellos fracasaran en buscar al Señor, él les enviaría fuego para devorar la casa de José (las tribus de Efraín y Manasés que parecían ser las principales tribus de Israel). Su única esperanza estaba en el Señor, el Creador de todas las cosas, quien es omnipotente (que todo lo puede), omnipresente (está en todas partes), y omnisciente (que todo lo sabe).

El pueblo de Israel aborreció a los profetas que les reprendió por sus hechos viles en las puertas de la ciudad y les amonestó a vivir rectamente. Se enriquecían quitando lo de los pobres, y no permitían que se hiciera justicia en las puertas, que eran sitios públicos de reunión en donde se celebraban juicios. 

Dios no les permitiría vivir en sus casas de piedras o beber vino de sus viñedos. Todavía había tiempo para ellos reformarse y convertir lo malo en bueno, pero ellos no lo hicieron; ellos tenían que pagar las consecuencias (versículos 4-15).

El día del juicio de Jehová


Amós les dijo que las consecuencias de sus malos caminos y su obstinación en no arrepentirse sería el día del juicio de Jehová sobre ellos. Sería un día oscuro, cuando lamentarían con llanto en las calles como los que sepan endechar (Jeremías 9:17, 18). 

El pueblo pensaba que sus sacrificios (holocaustos), los cuales eran similares a los que ofrecían en años anteriores, les traerían liberación. Pero estos holocaustos fueron ofrecidos a los ídolos, que no tienen poder para ayudar. El pueblo tendría que ir al cautiverio en Asiria. No habría escape (versículos 16-27).

PROFECÍA DE AMÓS: AVISO DEL JUICIO (Amós Capítulo 6)


Amós profetizó durante los días de Jeroboam II en Israel, lo que parece ser el tiempo más próspero de su historia. Jeroboam II caminó en el camino de Jeroboam I, quien había iniciado a Israel en el camino de la idolatría. Pero Dios tuvo misericordia del pueblo, que en ese tiempo estaba siendo combatido por las tribus que lo rodeaban. 

Dios usó a Jeroboam para derrotar a sus enemigos y restituir la tierra que habían perdido, desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá. El recobró a Damasco y Hamat en la parte nordeste del territorio de Israel (2 Reyes 14:23-28). Jonás lo profetizó en el único escrito que tenemos de su profecía, excepto a Nínive (2 Reyes 14:25).

Después, el pueblo de Israel se sintió muy seguro y se pasaba el tiempo entre la complacencia y el ocio. Cayeron en todos los lujos y placeres de su prosperidad. Cualquier clase de problemas ellos lo desplazaban a un futuro muy distante, pero, por su complacencia, ayudaron a acercar los días del desastre, fracasando en prepararse para ello (ver- sículos 1-6).

Amós continuó ofreciéndoles la advertencia de Dios de que sobrevendría el desastre. Se acreditaban ellos mismos las victorias que Jeroboam había ganado. Ellos decían: “Vosotros que os alegráis en nada, que decís: ¿No hemos adquirido poder con nuestra fuerza?” Pero Dios dijo que Israel primero caería en cautiverio, antes que Judá. 

Israel había sido restituido desde Hamat hasta el mar de la llanura (Mediterráneo), pero Dios dijo que pronto estarían en duelo desde Hamat hasta el río del desierto, el río de Egipto al sur (versículos 7-14).

LAS PRIMERAS TRES VISIONES DEL PROFETA AMÓS (Capítulo 7)


Dios le dio a Amós una visión que lo convirtió en intercesor para el pueblo de Israel. El vio una plaga de langostas que dejarían la tierra destruida. El oró sinceramente para que Dios los perdonara, y Dios misericordiosamente les retiró la plaga. 

En otra visión, Amós vio la tierra que era quemada con fuego y de nuevo oró, y Dios retiró su sentencia del fuego. Él le dijo al pueblo lo que Dios le había demostrado, y de la misericordia al retener sus castigos. 

Amós de nuevo tuvo una visión del Señor con una plomada de albañil en Sus manos. Esto era una señal de que a pesar de la gran misericordia de Dios, la justicia finalmente debe ser ejecutada. Dios le da al pueblo todas las oportunidades posibles para arrepentirse, pero cuando continúa en pecado hasta que no haya remedio (lsaías 28:17), su sentencia le cae (versículos 1-9).

El lugar principal del ministerio de Amós parece haber sido Bet-el, la sede de idolatría de Israel. Amasías, el sacerdote de Bet-el, envió palabras a Jeroboam profetizadas por Amós en su contra y contra Israel, hasta que la tierra no pudiera soportar más todas sus palabras.

El falso sacerdote trató luego de hacer regresar a Amós a Judá, desde Bet-el. Él insinuó que Amós solamente profetizó por su alimento (vida) Pero Amasías se dio cuenta que no estaba tratando con un débil, sino con un hombre de gran valor y fe que Dios podía cuidar en cualquier situación

Amós audazmente le dijo a Amasías que Dios lo había llamado cuando pastoreaba para que profetizara a Israel, y que él, sí, obedecería a Dios. Dios luego le dio una fuerte profecía contra Amasías y su familia por su oposición a Amós (versículos 10-17).

LA CUARTA VISIÓN DEL PROFETA AMÓS (Capítulo 8)


Por una visión de un canastillo de fruta de verano, Dios demostró a Amós que había venido el fin para Israel y que él no podría ya tener más misericordia (versículos 1-3). Amós les dio el mensaje de Dios de reprensión por su trato deshonesto, en el que tomaban del pobre y necesitado para hacerse ricos.

Amós dijo que la destrucción del Señor caería sobre ellos. Sus vidas habían aparecido brillantes con la prosperidad, pero Dios haría que su sol cayera y que las tinieblas cubrieran la tierra. Sus fiestas se convertirían en lloro y sus cantares en lamentaciones. 

Durante muchos años Israel se olvidó de las leyes y ordenanzas de Dios y las advertencias de los profetas, pero estaban llegando los días en que tendrían hambre de las palabras de Dios mediante las cuales hallarían liberación (ver- sículos 4-14). Sería entonces demasiado tarde (Ezequiel 7:26; Míqueas 3:6, 7).

QUINTA VISIÓN DEL PROFETA AMÓS (Capítulo 9)


La última visión de Amós fue del Señor parado sobre el altar (de Bet-el), diciéndole que derribara el capitel y estremeciera las puertas. Amós ya le había dicho a Israel que no buscara ayuda en el altar de Bet-el o Gilgal, pues ésta última sería llevada en cautiverio y el altar de Bet-el sería desechado (Amós 5:5). Entonces, Dios le dijo que les cortara a todos por la cabeza. Él dijo que al postrero de ellos mataría a espada. Evidentemente se refería a los sacerdotes y profetas de Bet-el y a las imágenes de Gilgal.

El último mensaje de Dios por Amós fue que pronto la nación de Israel caería en cautiverio por Asiria, y que muchos de ellos serían asesinados. Él lo dijo muy claro a Amós, quien se lo dijo a Israel, que no habría escapatoria alguna a su cólera, excepto aquellos que en fe encontraran refugio en el nombre del Señor. Israel no podía escapar del juicio de Dios ni esconderse de su ira, pues él, quien es omnipotente y omnisciente, es también omnipresente.

Los versículos 2 y 3 parecen haberse sido tomados del inspirado Salmo de David (Salmo 139:7-12). Es hermoso vivir en la presencia de Dios para aquellos que lo han seguido, pero su presencia significa condenación para el impío.

El justo pago de Israel por sus pecados sería como las inundaciones de Egipto cuando el Nilo crecía. Dios no destruiría a quienes confiaran en él, pero los pecadores morirían. La muerte es la paga del pecado (Romanos 6:23). Dios siempre ha tenido un remanente de entre el pueblo de Israel, y él tenía un remanente cuando estaban en cautiverio y dispersados entre las naciones (versículos 1-10).

La profecía final de Amós de la caída del reino de Israel fue cumplida a los treinta años (2 Reyes 17:6, 7). Sin embargo, su última profecía fue sobre la venida de Cristo con la salvación para quienes tenían fe en todas las naciones - la iglesia del Nuevo Testamento. 

El Señor Jesucristo construyó su templo (Efesios 2:19-22), y ahora todos pueden encontrar la salvación en él (versículos 11, 12). Los versículos 13-15 parecen referirse al reino milenario de Cristo, cuando se restaure la vida en la tierra, tal como estaba antes de caer en pecado Adán y Eva.