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LOS DIEZ LEPROSOS, REFLEXIÓN, EXPLICACIÓN


Por: Rigoberto Gómez

LOS DIEZ LEPROSOS, REFLEXIÓN (ESTUDIO BÍBLICO), EXPLICACIÓN

Los diez leprosos

Lucas 17:12-13 "Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

Los diez leprosos: La lepra representa el pecado


Actualmente la lepra es conocida como la enfermedad de Hansen, una enfermedad crónica de la piel causada por un vacilo llamado Mycobacterium leprae. También esta infección afecta los nervios periféricos o los ojos.


Este vacilo, mycobacterium leprae, provoca lesiones cutáneas y nódulos, pérdida de la sensibilidad en la piel, afecta manos, pies, ojos.

La lepra representa el pecado del hombre


Desde el punto de vista teológico, la lepra representa el pecado del hombre. La lepra aislaba y marginaba a quien padecía la enfermedad, lo separaba de la sociedad, tenía que ir clamando ¡Inmundo, inmundo! para que todos supieran que eran leprosos:

"Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará:¡Inmundo! ¡Inmundo!" Levíticos 13:45

Estos diez leprosos tenían que vivir fuera de la ciudad, como mandaban las escrituras, por lo tanto, tenían que vivir lejos de su familia, amigos, esposa e hijos, si los tenían. La lepra era algo que contaminaba, los señalaba, aislaba; pues cualquiera que tocara a estos diez leprosos sería inmundo.

Levíticos 13:3 "Y el sacerdote mirará la llaga en la piel del cuerpo; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciera la llaga más profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote le reconocerá, y le declarará inmundo"

Como podemos ver en el versículo anterior, el leproso era considerado inmundo, por lo tanto, los diez leprosos eran considerados inmundos.

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"Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada" Levíticos 13:46

La lepra separaba de Dios, del templo, a quien la padecía. Era considerada como una consecuencia de pecados cometidos.

Ejemplos de lepra causada por el pecado:


1) María, la hermana de Moisés, cuando murmuró contra él:

" Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa" (Números 12:10)

2) Giezi, criado del profeta Eliseo, quedó leproso cuando codició el dinero que Naamán había llevado para el profeta. 

"...¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivare, viñas, ovejas, bueyes, siervos y siervas? Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre. Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve" (2 Reyes 5:26-27)

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3) Dios hirió con lepra al rey Uzías por ofrecer incienso, lo cual solamente los sacerdotes podían hacer

"Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová tu Dios" (2 Crónicas 26:18)

"Así el rey Uzías fue leproso hasta el día de su muerte, y habitó leproso en una casa apartada, por lo cual fue excluido de la casa de Jehová..." (2 Crónicas 26:21)

Jesús dijo: No he venido a llamar a justos sino a pecadores


Jesús dijo: "No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento", y no es que hayan justos, sino que hay quienes se justifican a sí mismos. Es necesario reconocer que todos tenemos la lepra del pecado. 

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Hay algunos que se justifican a sí mismos y no reconocen que son pecadores y necesitan arrepentirse de sus pecados. Las personas moralistas muchas veces dicen que hay otros que necesitan más de la palabra de Dios, como los borrachos, los drogadictos, los adúlteros, entre otros; pero que ellos no son ni mal hablados, ni adúlteros, son personas educadas que no le hacen mal a nadie; sin embargo, todos necesitamos reconocer nuestra condición de pecadores y proceder al arrepentimiento. 

Recordemos que Jesús a los que confiaban en sí mismos como justos les dijo una parábola sobre el fariseo y el publicano. El fariseo daba gracias a Dios diciendo "te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros... ni aún como este publicano" (Lucas 18:9-11)

Por otro lado, "...el publicado, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador" (Lucas 18:13)

Jesús dijo que el publicano "...descendió a su casa justificado antes que el otro" (Lucas 18:14), es decir, antes que el fariseo. La razón es porque el publicano reconoció que era pecador, mientras que el fariseo se justificaba a sí mismo; pero el Señor Jesucristo no vino a llamar a justos, a los que se justifican a sí mismos, sino a pecadores (los que reconocen su pecado) al arrepentimiento. 

La Biblia dice que "no hay justo" (Romanos 3:10), y que "por cuanto todos pecaron...están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23), "porque la paga del pecado es muerto"; sin embargo la buena noticia es que "...la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23)

Al igual que limpió a los diez leprosos, Jesucristo quiere limpiarnos de la lepra del pecado


En cierta ocasión, cuando a Jesús se le presentó un hombre lleno de lepra, "se postró con el rostro en tierra y le rogó diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme". Jesús, extendiendo la mano, "le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él" (Lucas 5:12-13)


Este hombre se postro y pidió ser limpio de la lepra. El problema no era si Jesús quería o no quería, pues lo más importante fue la fe y el reconocimiento de la necesidad de ser limpio. Lo mismo sucede con la lepra del pecado, Dios quiere limpiarnos, pero debemos reconocer que somos pecadores y necesitamos ser limpios del pecado. 

La Biblia dice que "él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados" (Efesios 2:1), estas mismas palabras que se les dijo a los efesios, es para nosotros hoy, Dios quiere darnos vida, no importa cuáles hayan sido nuestros delitos y pecados, pues él puede limpiarnos de todo pecado. 

LOS DIEZ LEPROSOS SALIERON AL ENCUENTRO CON JESÚS


Necesitamos un encuentro con Dios, como lo tuvieron los diez leprosos


Los diez leprosos tuvieron que escuchar de Jesús, pues la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17). En algún momento escucharon que Jesús hacía sanidades y milagros, por lo tanto, nació fe en ellos y lo buscaron para clamar por misericordia. 

La esposa de Naamán, el Sirio, escuchó de una muchacha israelita que había sido llevada cautiva, que había un profeta en Israel por medio del cual Naamán podía ser sano. Al escuchar Naamán estas palabras, nació fe en su corazón y con ello la esperanza de ser sano de la lepra que padecía. 

Es necesario escuchar las maravillas de Dios para que la fe se active. Es necesario que hablemos lo que Dios ha hecho en nosotros y con otras personas para que los que aun no han tenido ese encuentro con Dios puedan tener la fe de que algo sucederá cuando tengan un encuentro personal con Jesucristo. 

Muchas veces la necesidades en tiempos difíciles nos empujan a buscar a Dios, igual que los diez leprosos


La condición de los diez leprosos los empujó a buscar a Jesucristo, la condición de Naamán lo llevó a la tierra de Israel en busca del profeta Eliseo; la mujer del flujo de sangre, después de doce años de buscar una cura para su mal y no encontrarla, la empujó a abrirse paso entre la multitud y tener un encuentro cercano con Jesucristo a tal punto que logró tocar su manto con fe. 

Hay momentos en los cuales podemos sentir que solo Dios puede hacer algo por nosotros, el psicólogo ya no puede ayudarnos, ni tampoco el centro de rehabilitación, o el consejero matrimonial, ni tampoco el grupo de alcohólicos anónimos para dejar ese vicio. Hay momento en que los amigos no pueden hacer nada, ni un abogado, incluso hay momentos en que los médicos tampoco pueden hacer nada con nosotros. 

Situaciones como las mencionadas anteriormente nos llevan a buscar a Dios porque sabemos que es nuestra única esperanza. La necesidad nos empuja a buscar a Dios, pero no debería ser solamente por una necesidad de ese tipo sino también una necesidad espiritual, la necesidad de limpiar nuestra alma del pecado. 

Así como los diez leprosos buscaron a Jesús por sanidad, también es bueno sentir la necesidad de conocer a Dios


Zaqueo es uno de los hombres que buscó a Dios "porque procuraba ver quién era Jesús" (Lucas 19:3), es decir, quería conocer a Jesús, tener un encuentro con él para conocerlo personalmente. El resultado de esta búsqueda lo explica mejor las palabras de Jesús al decir: 

"Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.. Hoy ha venido la salvación a esta casa" (Lucas 19: 5,9)

Muchas quizás podrían buscar por curiosidad al Señor Jesucristo, pero lo cierto es que si tienes un verdadero encuentro con él y de verdad deseas conocerlo, este encuentro cambiará tu vida para siempre, pues el "vino a buscar y salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10)

LOS DIEZ LEPROSOS SE PARARON DE LEJOS, LA LEPRA DEL PECADO NOS SEPARA DE DIOS


Los diez leprosos, reflexión sobre el pecado de la lepra que nos separa de Dios


El hombre perdió la comunión con Dios en el huerto del Edén, el pecado lo separó de Dios. Satanás adquirió un derecho legal sobre el hombre a causa del pecado, y por esto, la escritura dice que "el que practica el pecado es del diablo" (1 Juan 3:8).

Sabemos que por los pecados se hacían sacrificios de animales para obtener el perdón, porque "casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión" (Hebreos 9:23)

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La escritura dice que "la sangre de los toros y de los machos cabríos no pueden quitar los pecados" (Hebreos 10:4), por lo tanto, la Biblia dice que "por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo"

Nuestro Dios, participó de carne y sangre por medio de Jesucristo, de quien Juan dijo "este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29), y aunque Juan 3:8 dice que el que practica el pecado del diablo, también dice que "para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo"

Dios nos rescató de nuestra vana manera de vivir, nos compró, "no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación (1 Pedro1:18-19), por tal razón, Juan en Apocalipsis 1:5-6 dice:

"...Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén" 

LOS DIEZ LEPROSOS ALZARON LA VOZ


Los diez leprosos clamaron por misericordia sin importarles la condición en la cual estaban


Los diez leprosos alzaron la voz clamando por misericordia. Su condición de leprosos, su condición de inmundos no impidió que alzaran su voz y clamaran. La condición de pecadores, si nosotros reconocemos nuestro pecado, o nuestra condición delante de Dios, no impide que clamemos por su misericordia. 

A Zaqueo nada le impidió conocer a Jesús o tener ese encuentro con él. Ni por ser publicano o un hombre pecador, o su posición ante la sociedad de aquellos días. Muchos hoy en día sienten que por sus pecados cometidos no pueden acercarse más a Dios. 

Hay personas que piensan que sus pecados son tan grandes que no pueden aspirar a tener un encuentro con Jesucristo, piensan que Dios jamás escucharía su clamor, pero la escritura dice que un corazón contrito y humillado no desprecia nuestro Dios (Salmo 51:17)

Cuando realmente queremos algo de Dios clamamos con todo nuestro corazón. El ciego Bartimeo, ni aun cuando le reprendían diciendo que callase, nunca dejó de clamar. Es necesario que busquemos la misericordia del Señor, no importa cuál fue nuestro pecado, si reconocemos que hemos pecado y nos arrepentimos y buscamos la presencia de Dios, encontraremos la bendición del perdón de Dios. 

LOS DIEZ LEPROSOS OBEDECIERON A DIOS


Cuando obedecemos, al igual que lo hicieron los diez leprosos, Dios hace cosas grandes


Jesucristo les dijo a los diez leprosos "Id, mostraos a los sacerdotes" (Lucas 17:14). Esto quizás les pareció un poco extraño, ya que los mismos sacerdotes los habían declarado inmundos y ahora Jesús les dice que se presenten en esa condición a los sacerdotes. 

Quizás los diez leprosos pensaron que Jesucristo primero los sanaría de la lepra y posteriormente podrían presentarse ante los sacerdotes; sin embargo, a veces Dios actúa de una manera diferente a la que nosotros hemos pensado que lo haría.

(También puedes visitar la sección de Estudios y predicas evangelísticas)

Igual que los diez leprosos, Naamán recibió sanidad cuando decidió obedecer al profeta Eliseo


Naamán pensó acerca del profeta Eliseo: "Saldrá el luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová, y alzará su mano y tocará el lugar y sanará la lepra" (2 Reyes 5:11), pero Eliseo ni salió, ni tampoco fue a invocar el nombre de Jehová, ni lo tocó, simplemente lo envió a lavarse siete veces en el Jordán (2 Reyes 5:10).

No es como nosotros pensamos que Dios va a actuar. Dios tiene su propia forma de actuar con cada uno de nosotros. Jesús a algunos los tocó y fueron sanos inmediatamente, pero a los diez leprosos los envió donde los sacerdotes sin haberlos sanado. 

Lo maravilloso de esta escritura es que los diez leprosos "mientras iban, fueron limpiados" (Lucas 17:14), es decir, al obedecer, el milagro, la sanidad vino en el camino. Muchas veces primero queremos los milagros, la sanidad, la solución al problema o conflicto que estamos atravesando, o que Dios provea algo que hemos pedido, pero es necesario obedecer primero porque Dios no siempre actúa de la forma que pensamos, muchas veces quiere ver primero nuestra obediencia a su palabra

Hay personas que dicen a Dios que si le conceden su petición, o si les sana o hace algún milagro, entonces le van a servir; sin embargo, es necesario obedecer primero, no ponerle condiciones a Dios. Dios quizás a unos les haga el milagro primero, pero a otros les requiere primero obedecer. 

Es necesario obedecer a Dios, estamos esperando nuestro milagro, pero hasta que empecemos a obedecer lo vamos a ver en el camino de la mano de Dios obedeciendo su palabra. 

DIOS TENÍA UNA EXPECTATIVA DE LOS DIEZ LEPROSOS


AL igual que con los diez leprosos, Dios tiene una expectativa de nosotros


Dios limpió a los diez leprosos, pero solamente uno volvió a Jesucristo dando gloria a Dios. La pregunta para este hombre que volvió fue "Y los nueve, ¿Dónde están? (Lucas 17:17). Jesús esperaba que los diez volvieran dando la gloria a Dios. 

A cuántos el Señor ha hecho milagros y hoy en día no le están dando la gloria a Dios, simplemente recibieron la bendición de Dios y se olvidaron de darle la gloria a él, se olvidaron de lo que Dios hizo por ellos. 

De los diez leprosos, uno era samaritano, y este último fue el que volvió. Judíos y samaritanos no se tratan entre sí, aun con todo obedeció yendo al sacerdote, pero en el camino al ver que fue limpiado, volvió a dar la gloria a Dios y dar gracias. Necesitamos demostrar nuestro agradecimiento a Dios, dando gloria y acercándonos más a él 

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DE LOS DIEZ LEPROSOS, EL SAMARITANO TUVO UN ENCUENTRO MÁS CERCANO A JESÚS


Dios quiere que nos acerquemos a él. Los diez leprosos se pararon de lejos para alzar su voz y pedir misericordia, pero cuando uno de ellos fue sanado, volvió dando gloria a Dios y se postró a sus pies, es decir, tuvo un encuentro más de cerca con Jesús. 

Necesitamos acercarnos más a Dios. Al samaritano se le dijo "tu fe te ha salvado" (Lucas 17:19), los otros nueve leprosos fueron limpiados, pero no se les dijo sobre la salvación. ¿De qué sirve si recibimos sanidad o milagros pero nuestra alma se pierde? Necesitamos acercarnos más a Dios y recibir la salvación.